Kiko de España

El 30 de junio me voy, cuelgo las botas y me dedico a otra cosa". Curro Romero, el artista de Camas, cogió a todos con el paso cambiado el día que decidió retirarse y Kiko Narváez, el mago de Jerez, también. Curro se cortó la coleta en La Algaba, Kiko en Almendralejo. Dos genios. Kiko Narváez no es persona de lanzar caballos de papel al aire y ayer nos lo confirmaba con todas sus letras, por muy duras que suenen puestas una tras otra. Es su vida, y tiene la inmensa suerte de disponer de ella.
Pero el jugador del Extremadura quiere puntualizar, para que no existan malos entendidos: "Esto no quiere decir que me vaya porque me encuentre mal en Almendralejo o porque físicamente no pueda. Nada de eso: siempre le estaré agradecido a Juanito (presidente del Extremadura) y a su familia por haberme llamado y por hacerme sentir como un miembro más de su gente. Lo mismo digo de Almendralejo; aquí me he sentido como uno más, todos los del pueblo se han volcado conmigo y su trato no ha podido ser más exquisito".
El jugador jerezano dejó claro también que su anuncio de colgar las botas a final de temporada no quiere decir que se deje llevar cuesta abajo hasta final de campaña: "Aunque no hace falta que lo diga, hasta el final de temporada seguiré dando hasta la última gota de sudor por este club, al que siempre le tendré una infinita simpatía por lo que ha hecho por mí".
Noticias relacionadas
Kiko sigue despejando más dudas, las de su estado físico: "Me encuentro muy bien, físicamente de diez puntos, que le pregunten, si no, a los futbolistas del Racing de Santander, del Leganés o del Eibar, que han tenido oportunidad de intentar pararme. La razón de mi adiós el 30 de junio no es física, sino de sensaciones. A partir del verano haré otras cosas, me dedicaré a comentar partidos, a escribir, a estar con mi familia, incluso a jugar algún partido de futbito, pero nunca más de forma profesional. En este sentido soy un privilegiado que puede dejar su trabajo porque simplemente no se divierte y dedicarse a otra cosa".
El fútbol perderá entonces a uno de esos jugadores de pellizco que de vez en cuando se posan sobre el césped para dibujar pases imposibles. Como los de Curro.



