Raúl, con la gorra

El peor enemigo del Madrid es él mismo. Cuando se deja en el vestuario la partitura como le sucedió en la final del maldito 6-M, muestra sin pudor las peligrosas deficiencias que arrastra por culpa del bajón de forma que sufren tres de sus cuatro megacracks: Figo, Zidane y Roberto Carlos. El discurso futbolístico de este alicaído tridente está afónico desde hace dos meses y las consecuencias a la vista están.
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Pero en tiempos de dudas y de traumatismos centenarios, no hay nada como cerrarse al espíritu indomable del último gran depredador que sobrevive en el fútbol europeo: Raúl. El único que en estas últimas semanas ha seguido fiel a su filosofía de vida: siempre ambicioso, hiperconcentrado, buscando el gol obsesivamente, arengando a sus compañeros de viaje y, en suma, tirando del carro en las duras, donde sólo lo hacen los titanes.
De hecho, Raúl abrió anoche la lata en el partido de la resaca más pesada que le haya provocado al Madrid Copa alguna. El madrileño puso firma al servicio de la causa y activó con rabia la Operación Reconquista. Su gol, ya es curioso, es el número 100 del Madrid en lo que va de temporada. Este chico sí que sabe celebrar un Centenario. Don Alfredo, reconózcalo. Raúl también puede jugar en este Madrid con la gorra. Que nadie descarte que el próximo sábado sea el que silencie de nuevo el Camp Nou.



