Una juventud marcada por la guerra
La situación política internacional marcó la vida de Kubala hasta que por fin pudo fichar por el Barcelona. Incluso jugó para tres selecciones nacionales: Hungría, Checoslovaquia y España.

Hasta que en 1950 se enfundó por fin la camiseta del Barcelona, la vida de Kubala había estado marcada por las dificultades, la mayor parte de ellas por culpa de la situación política europea, la II Guerra Mundial, y la división del Viejo Continente en dos bloques con que se saldó el conflico bélico.
Ladislav Kubala nació en Budapest (Hungría), el 10 de junio de 1927 en el seno de una humilde familia de origen eslovaco. Aficionado al fútbol desde su infancia, de su práctica en la calle pasó a fichar con 11 años por el modesto Ganz, de la Tercera división húngara. Solamente tardó seis años en cumplir el primero de sus sueños: debutar con uno de los grandes, el Ferencvaros, el equipo en el que había jugado su padre.
Casi al mismo tiempo, la selección de Hungría reclamó a Kubala, y con ella se estrenó ante Austria. Pero la vida del prometedor futbolista iba a cambiar a los 18 años. Laszlo (en húngaro) pasó a llamarse Ladislav (en eslovaco), toda vez que decidió fichar por el Bratislava, trasladándose así al país de origen de sus padres. Allí, Kubala estrenó de nuevo internacionalidad, jugando con Checoslovaquia, curiosamente de nuevo ante la selección austriaca.
Con el Bratislava, Kubala ganó la Liga en su primera temporada, y en 1947 se casó con Anna, hermana de su entrenador, Fernando Daucik. El técnico, con el que años más tarde coincidiría en el Barcelona, se iba a convertir en una pieza fundamental de los acontecimientos que iban a marcar el futuro del futbolista.
A través del Telón de Acero
El primer desastre para el delantero se produjo en 1947, cuando decidió regresar al Ferencvaros, que había cambiado su nombre por el de Vasas de Budapest. A su llegada a Hungría, Ladislao Kubala tardó poco en darse cuenta de que la atmósfera política en la capital era casi irrespirable. La falta de libertad desde que el Partido Comunista había conquistado el poder le llevó a tomar la determinación de la huída, a acumular el coraje suficiente para cruzar el temido Telón de Acero.
Kubala se despidió de su madre sin informarle de sus intenciones. Acompañado por cuatro compañeros de equipo, se embarcó en un peligroso viaje en un camión con matrícula soviética. Tras cruzar la frontera de Austria, en Viena consiguió un pasaporte falso y un visado que le permitieron alcanzar Italia.
Económicamente, su situación en el país transalpino se volvió casi insostenible. Varios clubes italianos intentaron contratarlos, entre ellos el Pro Patria, el Inter y el Torino. Pero la Federación Húngara, a instancias del Vasas, le acusó de ser un delincuente y un estafador, y la FIFA le suspendió por un año. Una sanción que paradójicamente, le salvó la vida. Consciente de su valía, el Torino, entonces uno de los mejores equipos del mundo, invitó a Kubala a una gira europea, a la que el futbolista no asistió: el avión de regreso de la escuadra turinesa sufrió un terrible accidente. El futbolista majiar estuvo a punto de hacer aquel viaje.
Del Hungaria al Barcelona
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Su condición de exiliado convirtió en crítica su vida en Italia. Su mujer y su hija se habían unido a él, así como su cuñado. Y fue éste quien tuvo la idea. Dado que eran varios los futbolistas refugiados de la Europa del Este en la misma situación, Fernando Daucik fundó el Hungaria, un equipo formado por húngaros, rusos, búlgaros y checoslovacos, que se dedico a hacer partidos de exhibición.
En 1950, el Hungaria realizó una gira por España. Una de sus citas fue en Barcelona, contra el Español. Kubala cuajó un partido memorable, y Samitier, director técnico del Barça, estuvo allí para verlo. Semanas después firmaba un contrato con el club azulgrana. La leyenda de Ladislao acababa de ver la luz.



