Si en Inglaterra se arbitra mejor es por algo
En Inglaterra se arbitra mejor. Eso lo admiten generalmente los árbitros españoles, pero en seguida te dicen que también los jugadores se portan mejor. Y también es verdad. Allí se mantiene un cierto respeto por determinados códigos deportivos (no simular, por ejemplo) que en otros sitios hace tiempo que se perdieron. Por desgracia, la cada vez mayor presencia de forasteros en la liga inglesa, muy positiva en otros aspectos, está aventando aquellas viejas virtudes. Pero todavía es un fútbol superior en lo tocante a nobleza de juego y a sencillez en el arbitraje.
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Y es porque allí se toman el fútbol en serio. Se lo toman en serio incluso los árbitros y quienes les dirigen. El sábado pasado, Dermot Gallagher tuvo un error garrafal en el Leeds-Manchester: sólo mostró tarjeta amarilla a Robbie Keane por una clara agresión a David Beckham, al que derribó al suelo de un golpe en la cara. Bueno, pues el árbitro ha sido descendido inmediatamente a Segunda División. Una decisión drástica que avala el rigor con que se protege allí el fútbol y el arbitraje. Allí no se disimulan los errores: se corrigen. Ese es el espíritu que yo envidio.
Aquí Rafa-dont-fuck-me se inventa un penalti y expulsión y no pasa nada. Aquí López Nieto pita un falso penalti ¡de espaldas a la jugada! y se le honra con la Supercopa. Aquí Prados García simula que le ha pegado Ceballos y se le tapa. Aquí cada semana el comité de turno levanta tarjetas porque entiende que los árbitros de turno las han enseñado sin fundamento y da lo mismo. Aquí Villar y Sánchez Arminio creen que proteger el arbitraje es proteger a los árbitros contra viento y marea, cuando en realidad proteger el arbitraje es exigirles y separar a los malos de los buenos.




