Suenan las alarmas
Guti marcó a pase de Zidane y salvó a un flojísimo Madrid. Catanha vio puerta y el Celta vivió de esa renta

Se anunciaba un partido de alta tensión y la cosa no fue para tanto. El Real Madrid y el Celta se la jugaron al centrocampismo, al control del balón y a no hacerse daño. Ni vocación atacante ni riesgos gratuitos.
Dos goles en acciones aisladas, en dos calambrazos, y excesivas precauciones en la zona de creación, por donde rondó la pelota en exceso, para bostezo del graderío. El empate resultó merecido, justificado en la incapacidad manifiesta de los atacantes madridistas para inventar algo ingenioso que destruyera a la zaga céltica. Por esta ceguera en el área de los Figo, Raúl y después Morientes y Munitis, en el club blanco se encienden las alarmas porque esta Liga se escapa.
El Real Madrid se rompió muy pronto por donde más frágil es: en el juego aéreo. Una vez más, las marcas blandas de Macca, Hierro y hasta de Pavón permitieron al Celta rematar incluso por tres veces un córner lanzado por Mostovoi. Casillas se debió sentir arrollado viendo a dos jugadores célticos pateando a gol en sus propias narices, con Catanha resolviendo en última instancia. El reloj no marcaba diez minutos de juego y los blancos ya estaban con el marcador en contra. Un mal síntoma y otra vez la cuesta arriba en un partido de Liga.
Al Celta le tocó la bonoloto con este fallo colectivo del Madrid. Se encontró con un partido a su gusto. Ahora le correspondía juntar las líneas y esperar. Mostovoi, renqueante por un inoportuno ataque matinal de lumbalgia, cedió el título de zar a Karpin para cuando el balón cayera del lado céltico. Y atrás, Giovanella, Berizzo y Juanfran se encargaron de meter el partido en un cenagal. Cada arranque de Figo o Zidane encontraba un tapón en cualquiera de los bruscos defensores vigueses. El Madrid no conseguía encontrar el ritmo y hubo a quien se le fue la concentración para todo el encuentro, como fue el caso del portugués.
En esta situaciones de apuro el talento siempre encuentra soluciones. Por eso Zidane fue capaz de manejar a sus compañeros con maestría para no desfallecer. Tiró del equipo una y otra vez, hasta rubricar su matrimonio con el balón con una asistencia divina a Guti. El ariete ocasional al fin desempolvó su olfato goleador para establecer el empate de elegante vaselina.
Faltaban veinte minutos para el descanso. Y fueron lo mejor de este anunciado partidazo. El Madrid encontró el juego por la banda de Roberto Carlos y una dinámica más coherente en el pase y la llegada. Figo, que seguía viendo en Juanfran a su peor pesadilla, consiguió salir de un regate y disparar al larguero en su mejor aportación al encuentro. El Celta aguantó con la cara muy alta. Desarrollando un buen fútbol de coordinación y disciplina táctica, aunque con mucha menos pólvora de la esperada. Catanha marcó el primer gol de la noche y desapareció.
El Madrid regresó del vestuario con plomo en las medias. Era un fútbol previsible, de ida y vuelta por el cordón medular, sin perforaciones ni presencia en el área de Cavallero. Tampoco era un mal juego, hay que decirlo, pero sin chispa no se podía derribar a un Celta extraordinario en su eje defensivo central y muy inteligente en las orientaciones de balón, sobre todo por parte de Karpin.
Del Bosque intentó inyectar sangre con Munitis. No encontró más que precipitación y enredo. Una vez más la espectacularidad llegó en botas de Zidane. Creó con dos toques una pared maravillosa con Macca y después con Raúl, que éste desperdició para enfado del francés. El 7, un jugador siempre definitorio, atraviesa momentos preocupantes. No se le ve. Le falta reacción.
El Celta se replegó al mismo ritmo que el reloj agotaba el tiempo. Víctor Fernández dio por bueno el empate justo cuando vio a Zidane enfilar el camino del banquillo, en una sustitución por Morientes que puso en pie de guerra al Bernabéu. El francés era el único hombre capaz de meter miedo a los vigueses y Del Bosque lo mandó a la ducha. La expulsión en el minuto 90 de Makelele dictaba sentencia. Morientes significó la impotencia del Madrid en dos remates desesperados y no hubo más.
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El detalle: Tan mal como en la 47-48
Este arranque del Madrid es igual de malo que el de la temporada 1947-48. En nueve partidos de Liga sólo ha ganado 2, ha empatado 4 y ha perdido 3. En aquella temporada, el Madrid terminó en el puesto 11.



