Primera División | Real Madrid 2-Valladolid 2

Sin tensión

Hierro quedó en evidencia en los dos goles del Valladolid encabezando un partido sin continuidad y chispa del Madrid

<b>EL PRIMERO DEL VALLADOLID</b>. Tote estuvo toda la noche muy incisivo y volvió loca a la defensa del Real Madrid.
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Había una promesa en el aire y el Madrid no ha sido capaz de cumplirla. Querían ganar los cuatro partidos en casa y no pudo ser. El Valladolid ha dado un doloroso empujón al Zidaneteam hacia la realidad, después de tres partidos en la gloria. La Liga es muy cruel con quien se duerme en los laureles. No vale apretar mucho durante un ratito y dejarse llevar. Los de Pucela han cercenado la escalada blanca apoyados en dos cantadas de la defensa madridista, pero también desarrollando ese nivel medio del fútbol español capaz de convertir a un modesto en héroe por un día.

En cinco minutos el partido se presentó enloquecido. El Real Madrid se volcó inmisericorde sobre el Valladolid para abrir la lata en cuanto Figo tiró de la anilla. Arrancó el portugés por la banda y puso la pelota suavecita en el segundo palo, donde Zidane marcó de cabeza sin incomodidades. El francés confirmaba así su estado del bienestar en los últimos encuentros, afianzado por la escolta de Makelele.

El Valladolid recibió un golpe seco, pero quizás no pensaba que dos minutos después caería un regalo del cielo. Karanka entró duro a Sales en la banda y la defensa madridista al completo se quedó quieta pensando en que el colegiado había pitado falta. Como si hubieran escuchado el silbato de Téllez Sánchez. Nada de nada. Tote recogió el balón y de fue a portería para dejar el gol en los pies de Fernando. La confusión de Hierro, el más parado, fue impropia de su categoría, pero el empate estaba en el marcador sin excusas.

El Madrid creció en coraje. A la calidad añadió furia. Y llegaron momentos de vendaval en ataque. Ni siquiera las contras muy bien conducidas por Tote equilibraban el partido. La pelota rondaba tanto a Ricardo que llegó el segundo en una mágica combinación de Munitis y Raúl, definió la palanca del candidato al Balón de Oro. El cántabro está ganándose un puesto entre las estrellas aportando ratonerías, lo suyo, tanto como un generoso esfuerzo. Es un albañil entre ingenieros y hace falta para derribar muros.

El Valladolid tuvo mérito. No se rindió. Mantuvo el tipo, la compostura táctica y el buen estilo. Eso le costó sufrir en defensa. El Madrid es un martillo de mitad hacia adelante. Disfrutó de seis ocasiones en zona de área, con Raúl y Munitis como actores principales. Una descarga de munición sin puntería, dejando cierto sabor agridulce en la afición. Efectivamente, esta frivolidad de no ajusticiar a tiempo le pasaría factura después al equipo blanco.

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El Valladolid consiguió llegar al descanso con mínimas heridas. Y volvió muy fuerte. Con gran frescura de ideas y de juego. A la vez, el Madrid acusó la desaparición en escena de sus cracks. Figo cayó a un plano gris, Raúl se sintió atado y Zidane se adornó más en el pase corto que en la asistencia letal. El partido pasó a manos de los fajadores y eso era muy mala señal para los blancos, pues para una pelea cuerpo a cuerpo mostraban extrema flojera.

Y se vio venir el empate desde mediada la segunda parte. El Valladolid movió la pelota con tremeda facilidad burlando los dispositivos de seguridad madridistas. El trabajo de Makelele, Karanka y Salgado no era suficiente, pues Lozano, sales y Fernando, con Tote en gigante, estaban dispuestos a dejar en evidencia al Madrid. Ocurrió casi al final. Caminero tomó las riendas y castigó aún más la fragilidad defensiva blanca. Llegó el mexicano Blanco y aprovechando que Hierro abandonó la barrera increiblemente, estableció un empate con sabor a derrota.

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