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La conversación de autobús que salvó miles de vidas

Martin Landray y Jeremy Farrar tuvieron una charla el 9 de marzo de 2020 en la que ambos pensaban que antes o después la COVID-19 haría acto de presencia en Reino Unido.

La conversación de autobús que salvó miles de vidas
Hannah McKay
Actualizado a

Cuando la pandemia comenzaba a propagarse por numerosos rincones del planeta, se llevó a cabo un estudio clínico llamado Recovery. En él, se probaron medicamentos ya existentes en pacientes infectados para comprobar si tenían algún tipo de efecto de cara a acabar con el patógeno.

Ahora, un reportaje de la BBC muestra cómo nació esta investigación. Su origen es sorprendente: se originó en el autobús número 18 en Londres, donde dos pasajeros entablaron una conversación el 9 de marzo de 2020 que resultó en el estudio y sirvió para salvar cientos de miles de vidas.

Llegada a Reino Unido

Martin Landray, médico y diseñador de ensayos de fármacos a gran escala, y Jeremy Farrar, director de uno de los mayores organismos de financiación médica del mundo, eran los interlocutores. Ambos pensaban que antes o después la COVID-19 haría acto de presencia en Reino Unido.

"Lo que acordamos en ese viaje en autobús fue que el tsunami llegaría en un par de semanas y teníamos que tener un ensayo en funcionamiento en dos semanas. Nueve días después, se inscribió al primer paciente, y el año que pasó ha sido extraordinario", afirmó Landray.

Las claves

El éxito del estudio se basó en cuatro claves: la rapidez de su puesta en marcha, cubría un amplio espectro, los pacientes fueron asignados al azar y por último destacaba que era muy simple.

Raha West, médico de la UCI en Buckinghamshire, dirigió el análisis: "Las salas estaban abarrotadas, los médicos estaban abrumados con pacientes enfermos. Para que un ensayo clínico funcione, este no puede interferir con la atención médica".

Eficacia de los fármacos

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Asimismo, uno de los primeros desafíos fue decidir qué medicinas iban a utilizarse. En caso de que un paciente quisiera participar, los fármacos eran seleccionados por su médico en función del historial del enfermo. Posteriormente, un programa informático decidiría cuáles se deberían administrar. 

Entre los medicamentos que se emplearon y que ayudaron a evitar una gran cantidad de muertes destacan la dexametasona o el tocilizumab. Por su parte, otros como la hidroxicloroquina, la combinación de lopinavir/ritonavir o la azitromicina demostraron poca utilidad para combatir el patógeno.

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