Ciclismo | Dopaje

"Pillamos tramposos por el bien del ciclista limpio"

Bernardo Sánchez es inspector antidopaje de la UCI

<b>TRABAJO. </b>Bernardo Sánchez posa antes de que acabe una etapa de la pasada Challenge de Mallorca.
J.A.Ezquerro
Diario AS
Actualizado a

Bernardo Sánchez (Albacete, 44 años) es un inspector antidopaje de la Unión Ciclista Internacional (UCI), a los que se conoce coloquialmente, y con mala uva, como vampiros: "No estoy muy de acuerdo con ese calificativo, aunque se trate de algo anecdótico. Los ciclistas saben que todo lo que hacemos, lo hacemos por ellos. Los tramposos que ganan les están quitando los premios a otros. El que corre limpio no tiene ningún problema, así que los esfuerzos por acabar con el dopaje son por su bien".

¿Cómo se convierte alguien en agente de la UCI? "Por afición a la bicicleta. Siempre me ha gustado darle al pedal, luego pasé a los jurados técnicos, las personas del mundillo ya te conocen y al final terminas efectuando controles, pero no puedes vivir sólo de esto. Yo trabajo como funcionario, lo de inspector lo considero más como un hobby que, además, me quita bastante tiempo, porque debo viajar y permanecer muchos días lejos de mi familia".

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Bernardo asegura que la mejor manera para cazar a un dopado se produce fuera de competición: "Si ha tomado algún producto prohibido, así es como se le coge más fácilmente, con un test sorpresa. Durante las carreras, realizamos análisis de orina. Fuera de competición, los hacemos de sangre. En total, unos 5.000 al año". Preguntado por las quejas de algunos corredores, que les acusan de falta de tacto (a Van Impe le buscaron el día del entierro de su hijo) y de efectuar los controles de cualquier forma, Sánchez lo explica: "Se dan unos pocos casos anormales, pero son excepcionales. Un análisis debe cumplir unas medidas higiénicas mínimas, aparte de que procedemos junto a un médico y un enfermero titulado. Tomamos nota, vigilamos que el ciclista permanezca visible en todo momento y precintamos los frascos para su perfecta conservación. No he presenciado trapicheos ni conozco a nadie que haya actuado mal en un test adrede. Después, lo que pase en el laboratorio, ya no es cosa nuestra".

Pese a que el aficionado puede percibir de los agentes antidopaje una imagen de enemigos del pelotón, Bernardo considera buena la relación: "El trato con los ciclistas es cordial. No existen fricciones, ya que intentamos hacer nuestro trabajo de la manera más efectiva posible. Y, como digo, por su bien".

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