El mundo aún no gana a EE.UU.
Uno de los dos equipos de Estados Unidos que desafiaba a los jugadores extranjeros en el nuevo All-Star de la NBA acabó ganando. Interesante concepto. Edwards, MVP.


Quién iba a decir, viendo el desarrollo de los últimos años, que el evento que iba a salvar el fin de semana del All-Star iba a ser el del domingo. Ante tanto bandazo, alguno iba a ser a favor. Hemos pasado del clásico Este contra Oeste a las puntuaciones del Elam Ending, el protagonismo de los capitanes y un sinfín de desplantes de los jugadores a un formato histórico hasta, finalmente, parar en un nuevo concepto para esta edición, celebrada en Los Ángeles. Dos equipos compuestos por hombres de Estados Unidos y uno con extranjeros en un torneo a cuatro cuartos. Parecía una idea hecha de retales. A veces son ésas las que más juego dan. Y así ha sido. Después de un viernes -reto de jóvenes- al que nadie echa cuentas y un sábado -noche de concursos- altamente decepcionante, el domingo en el Inuit Dome dio la gran sorpresa.
La NBA, de todas formas, debe cuidar el concepto y darle un par de vueltas a aspectos que se deben arreglar. Se planteó esta posibilidad agarrándose al valor global de la Liga, bien expandida por el planeta, donde los máximos exponentes son personas no nacidas en EE.UU. Con esa premisa se buscó más contexto. Esta semana se están disputando en Italia (Milán-Cortina) los Juegos de Invierno, una cita que siempre expone el buen trabajo a nivel deportivo que ejecuta el país americano. Como caída del cielo, la idea de unir ambas historias se le presentó a Adam Silver y su equipo hace más de un año. Y la NBA la recibió con los brazos abiertos. ¿Por qué? Tras un cuarto de siglo las retransmisiones del torneo de baloncesto más importante del mundo han regresado a NBC, la principal cadena de televisión allí, y ésa es además la tenedora de los derechos de los Juegos Olímpicos. Se ha bailado a su son y ahí hay un impedimento: las dos noches principales empezaron a las 14:00 horas de L.A. y en la grada se notó esta singular planificación. Despachar un All-Star a las bravas nunca es de recibo. No fue lo único a reparar.
Norman Powell sentó un precedente extraño para el concepto que se ha implantado. Las elecciones de titulares y suplentes se hacen en base a los criterios de siempre, las conferencias Este y Oeste y los votos de público, jugadores, prensa y entrenadores. Para cuadrar a los elegidos con la procedencia la Liga se reserva una o varias elecciones a dedo en base a lo hecho durante la temporada. Al tener que ajustar se anunció que Karl Towns iba a ser internacional, por haber jugado con República Dominicana, y Powell permanecería como estadounidense a pesar de debutar con Jamaica. Pero cayeron enfermos varios participantes y Norman, ahora en los Heat, pasó a ser jamaicano en un suspiro. Se agradecería un criterio más homogéneo a este respecto.
Otra de las historias que no son pasajeras aquí es la de Kawhi Leonard. Por mucho que el comisionado exprese ante la prensa que la investigación por los cobros bajo manga del alero en los Clippers, es un capítulo que no se ha cerrado. Es una firma externa la que debe poner luz sobre el tema. El jugador ha sido protagonista absoluto. Pero en los extradeportivo, por eso, y también dentro del parqué. Porque le habían dejado fuera del evento, ni titular ni suplente, promediando 27,7 puntos en regular season y una línea de porcentajes de tiro más que buena: 50/40/94. Ante la presión social se acabó cediendo. Se sospecha que todo en Kawhi desemboca en Aspiration y el posible fraude que se investiga. En el hogar de los Clippers, el Dome de Inglewood, menos mal que apareció: no fue nombrado como mejor jugador de la noche porque su equipo cedió -y por mucho- la final, pero qué derroche de talento.
Anthony Edwards fue el que se mandó sobre los demás. El alero de los Wolves siempre sabe verle el lado competitivo a estas cosas, es muy canchero y lo demuestra con boca y hechos. Elevó el tono en los tres minipartidos que disputó con el Equipo de las Estrellas y se llevó a casa el trofeo en honor a Kobe Bryant. Pero conviene reparar en un par de frases que dejó al acabar. Primero, mencionó el brío de Wembanyama, cómo marcó la pauta de interés este domingo y que, textualmente, se decidieron a competir contra él. Es decir, los jugadores y no el formato será siempre la vía al éxito. Segundo, redundó en que hombres como Jokic o Doncic no aspiran a grandes actuaciones en la cita, y eso que Luka estaba lesionado; de nuevo, será lo que ellos quieran.
Lo preceptivo es explicar en qué consiste el All-Star a partir de ahora. Ocho jugadores en cada equipo. Tres conjuntos. Se enfrentan entre sí a modo de triangular en minipartidos de 12 minutos, la duración de un cuarto a nivel oficial en esta Liga. Los dos equipos con mejor balance de victorias acceden al último cuarto, la final, para disputar el triunfo completo. En caso de empate en la tabla clasificatoria, decide el diferencial de puntos o, como segunda opción en prioridad, la cantidad que se haya acumulado. Pero esos encuentros a doce minutos pueden acabar igualados, y de hecho pasó, por lo que una prórroga con cinco puntos más como objetivo salva la situación. El caso es agitar el líquido hasta que se dé con un cóctel apetecible para el espectador, que a menudo ya trata este fin de semana con la mirada inquisitorial de la nostalgia.
Efectivamente Wembanyama salió como un bisonte. Por contra, Doncic arrastra una lesión muscular que le obligó a no forzar; Jokic siguió su estela. Ambos disputaron sólo cinco minutos en el primer duelo, nada en el segundo, y el serbio lanzó una única vez a canasta. En el Resto del Mundo ya faltaban Giannis y Shai, dos fueras de serie en la NBA de nuestros días. Wemby, con 14 tantos, no evitó la primera derrota. Edwards, autor de 13 y el triple que forzó la prórroga, se apuntó una. Scottie Barnes, el protagonista que encestó la decisiva para el Equipo de las Estrellas, que sumaba un triunfo (32-32 + 5-3). Repitieron los de ‘Ant’ en el enfrentamiento entre americanos. Los veteranos, el Equipo de las Barras, defendió con fuerza y llegó vivo a un cierre en el que un pase a la esquina de LeBron James a De’Aaron Fox sirvió a éste para colocar el 42-40 con un triple sobre la bocina y su primer triunfo. El tercer envite, Stripes contra World. Momento Kawhi. 31 puntos, 15 de ellos seguidos, con seis triples y 11/13 en tiros, para gritar al mundo que aún hay gasolina en ese tanque. Un tiro a tres segundos de acabar permitió un 48-45 que, por ende, eliminaba de la contienda a los extranjeros. Amplia decepción, sobre todo en un Wemby que embistió como el que más. El mundo aún no gana a EE.UU.
La pena del nuevo formato para el All-Star fue que no se le diera una final digna. Como si el objetivo hubiera sido cargarse a los no estadounidenses y, a partir de ahí, bajar el pistón. 26 puntos de diferencia hubo en el cuarto definitivo, el fin de fiesta, en el que Estrellas y Barras, qué americanada, midieron fuerzas. Edwards lideró como hace en Minnesota y a él fueron a parar los dos trofeos, el colectivo y el individual. Maxey abrió el gran parcial al comienzo y los compañeros percutieron hasta que el agujero de los veteranos, LeBron a la cabeza, se hizo harto profundo. Es uno de los pocos lunares que en lo deportivo dejó este domingo. En las oficinas de Nueva York se pueden dar por contentos; la lista de máculas era innumerable en el pasado lustro, incluso década. Al menos se engancha de nuevo al aficionado. Todo acompaña.
Anthony Edwards during NBA All-Star 2026:
— NBA (@NBA) February 16, 2026
🌟 32 PTS
🌟 8 REB
🌟 26 MIN
🌟 USA Stars championship
... and the @Kia All-Star MVP! pic.twitter.com/7gFyUajppK
Que el aficionado valore si le ha gustado el cambio o no. Así debe ser siempre, aunque el esfuerzo de los jugadores sea el que marque la diferencia. Porque la NBA no ceja en su empeño de cambiar y buscar otras fórmulas que funcionen. Como reza aquella frase que se atribuye a Groucho Marx: “Éstos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”. Pero las ideas no son infinitas. El All-Star, de momento, sobrevive.
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