Una batalla clave en el laberinto francés
En un momento trascendental para el baloncesto europeo, Francia se convierte en una pieza fundamental pero inestable en un complejo tablero de juego.


Francia es el quinto país más poblado de Europa, y París es una de las capitales del mundo: la sexta ciudad, si se abarca toda su área metropolitana, por PIB (producto interior bruto). Y es tierra de baloncesto, como España o Italia en el lado occidental de un mapa que en esta época está mucho menos inclinado hacia oriente de lo que lo estuvo en los tiempos de las antiguas URSS y Yugoslavia. Tiene historia y tradición para ser carne de Euroliga, pero también tiene las coordenadas exactas de lo que busca la NBA para su nuevo proyecto en Europa: un gran mercado sin explotar del todo, mucha población a la que le gusta el baloncesto pero todavía no lo sabe. Ahora, además, puede que ambos caminos, el de la Euroliga y el de NBA y FIBA, acaben siendo el mismo en Europa. Pero eso sería (es) material para otros artículos.
Francia, además, es la nueva cuna en ebullición, la gran fábrica actual de talento: es Victor Wembanyama pero es mucho más. y Francia es, también, un punto crítico en la geopolítica del baloncesto continental, con varias chinchetas que están a punto de saltar por los aires en su mapa competitivo. O no. De hecho, ahora mismo hay una opción que es remota pero real: cuatro equipos franceses en la Euroliga. Hasta 2021 solo había uno, el ASVEL Villeurbanne, un clásico de nueva generación en un suburbio de Lyon que regresó en 2019 después de pasar por la Eurocup. De hecho en la temporada 2018-19, y aunque ahora suene extraño, no había equipos franceses en la máxima competición europea.
En los seis años que lleva de vuelta en el máximo nivel, no ha conseguido estar en el playoff de cuartos y ha sido sostenidamente uno de los peores equipos de la competición. Con la Euroliga en fase regular de formato liga (todos contra todos), un cambio que llegó en 2016, solo el Alba Berlín (que el pasado verano saltó del barco en dirección a la Basketball Champions League de la FIBA) ha sido peor: 28,1% de victorias el equipo de la capital de Alemania, 30% el de la de Francia. Dos mercados gigantescos, brutalmente estratégicos, y dos equipos que nunca han dado la siguiente zancada. En Lyon, para colmo, han vivido el último año encastillados en un desencuentro que ha saltado directamente al terreno del desafío: es el único equipo que no ha cumplido con el nuevo suelo de gasto que ha introducido el plan de regulación y sostenibilidad financiera que busca el equilibrio en inversión y gasto que resulta tan esquivo en una liga-mosaico en la que hay países diversos, diferentes culturas… y realidades salariales y tributarias totalmente opuestas. Así que, porque no hay manera de que aporte entre sus jugadores el dinero que falta por poner, no va a participar en el reparto del que van a pagar los que se han pasado por arriba, por exceso (Panathinaikos, Olympiacos, Hapoel y Efes): casi cinco millones de euros que serán para quince equipos. Los que cumplen, todos menos los cuatro que se pasan y el que no llega, un ASVEL que tendrá que pagar 25.000 euros de multa y, mientras siga sin poner sus finanzas al día, no podrá inscribir jugadores ni entrenadores.
Los cantos de sirena de la NBA
A partir de una situación así, con sensación de abandono o de tener ya la cabeza en otro sitio, se ha estado filtrando durante meses que el plan del ASVEL era saltar a la Basketball Champions League, la competición de la FIBA, para buscar desde ese trampolín un lugar en la nueva competición de la NBA. Tony Parker, el propietario, esta muy arriba en los rankings de los mejores jugadores no estadounidenses de la historia de la NBA, así que la conexión siempre ha sido obvia, con el que fuera mítico base de los Spurs como interlocutor y traductor de sensibilidades entre los dos lados del Atlántico. En Estados Unidos se ha incluido a Lyon en la liga de ciudades estratégicas para la nueva competición. Como, claro, a París. Y a Madrid, Barcelona, Londres, Manchester, Milán, Roma, Múnich, Berlín, Atenas y Estambul.
La Euroliga tampoco ha demostrado demasiado interés por retener a un equipo de bajo tono competitivo y cada vez más problemático en lo disciplinario, que parecía tener un plan de futuro que iba en otra dirección. En el último board, de hecho, hubo aviso: o daba explicaciones clara de qué iba a hacer o podría ser apartado: si no decidía ya, el resto de equipos con licencia fija decidirían por él. A diferencia de Fenerbahçe y Real Madrid, por el que el interés era y es tan grande como lógico, a nadie parecía quitarle demasiado el sueño lo que fuera a pasar con el ASVEL.
En el primer retorno de contactos entre la NBA y los posibles inversores en la nueva competición, el único de los actuales equipos de Euroliga que hizo una propuesta fue el propio ASVEL, aparentemente convencido de que esa fiesta era la suya. Fue, algo inevitablemente en los nuevo volúmenes que quiere manejar ese proyecto, con un nuevo inversor detrás, pero por mucho menos de los al menos 500 millones que la NBA quiere sacar de cada franquicia. Lo que se ha filtrado es una propuesta inicial de unos 100, de hecho. Pero el que caso haberla, la ha habido.
Chus Bueno, mientras, tendió en la prensa francesa una mano en sintonía con el nuevo talante, nuevos aires, con los que está cambiando desde su llegada como CEO una geometría que se estaba poniendo muy peligrosa para una Euroliga que ahora ha vuelto a coger los mangos de unas cuantas sartenes. El nuevo jefe tendió una mano al ASVEL… pero apretó la otra en un puño: “Está en una situación muy delicada, en lo deportivo y fuera de las pistas. Se lo he dicho a Tony Parker muchas veces: los otros equipos pueden forzar la venta de su participación en la competición y tendrían que irse. No me gustaría que se acabara así, pero si los clubes se cansan de esperar… Tony corre el riesgo de perder mucho dinero. Si quisiera convertirse en franquicia de Euroliga después, tendría que pagar entre 50 y 80 millones. Si lo hace ahora y hay acuerdo con la NBA, también se beneficiaría de ello si está dentro de nuestro entorno. No sé qué gana no firmando la continuidad. Si pudiera hacerlo hoy mismo, debería, pero respetaré la decisión que tome”.
Ahora, por lo que parece y en la semana en la que ser retomarán oficialmente en Ginebra (algo impensable hace seis meses) las conversaciones entre Euroliga, NBA y FIBA para caminar juntas, se está escenificando otro viraje, uno que también ha parecido durante meses como mínimo improbable. El Fenerbahçe se ha comprometido a firmar su renovación por otros diez años con la Euroliga y el Real Madrid esté en ello… aunque todavía revisando documentación y apurando plazos. Por si acaso no se sabe qué. Así que de los tres díscolos quedaba en la duda más seria el que menos miradas atrapa, un ASVEL que parecía en la puerta (cuando dices que te vas a ir, ya te has ido ¿no?) pero que parece, sin embargo, también a punto de regresar al redil y seguir, sumarse al nuevo proyecto de la competición actual y esperar ahí, junto a los demás, ese acuerdo con la NBA que debería empezar a barajarse en estos días, jornadas de trueno con, mientras no cambien las cosas, octubre de 2027 todavía como posible fecha de convivencia de dos competiciones de voluntad hegemónica y llamadas, si acaban coexistiendo así, a canibalizarse.
Fue Eurohoops el primer medio que confirmó ese cambio de viento del ASVEL, la petición de continuar en la Euroliga con otro asunto curioso: Tony Parker dejaría los despachos y se convertiría, a partir de la próxima temporada, en el entrenador del equipo. Lo que está por ver es cuánta de la tierra quemada se puede recuperar, porque en el board, entre el resto de propietarios, hay unos cuantos que ya han puesto la cruz al equipo de Lyon… y a un Parker que tuvo un papel relevante, y público, en Europe NEXT, el evento masivo (y muy lujoso) que la NBA organizó en Londres en enero para empezar a tirar la caña a posibles inversores. Así que no hay nada decidido, y desde luego el ASVEL no ha cumplido todavía con un paso esencial: la firma del nuevo contrato de diez años desde el que, en principio, los equipos con licencia pasarán a ser franquicias permanentes. El club tiene ahora la prisa que le ha faltado los últimos meses, el resto de accionistas podrá aceptar o no, porque ya pasó el plazo para firmar, que se cerraba el 15 de enero. Todo está en el aire, como siempre… pero a la vez de otra manera.
Paris, el mercado más deseado
Si el ASVEL no siguiera, el Paris Basketball sería uno de los que podría hacerse con una plaza que garantizaría una continuidad que ahora está en el aire: entró en 2024 como campeón de la Eurocup y renovó en 2025 porque se metió en el playoff de cuartos, pero ahora no lo ha logrado y depende de una wildcard que seguramente recibirá de una manera u otra. O esa es la intención de una Euroliga que, como la NBA, sabe que la capital es un punto crucial en la batalla, un mercado por el que merece la pena pelear. La NBA, mientras, no ha mirado al equipo actual para entrar en París: su objetivo siempre ha sido implicar al Paris Saint Germain, el gigante del fútbol, y a su fuente inagotable de ingresos, el dinero qatarí (Qatar Sports Investments, QSI).
Por ahora, el PSG ha escuchado y ha mostrado interés… siempre y cuando no haya que poner dinero. En general esa ha sido, hasta el momento, la postura de los grandes clubes de fútbol, una de las patas en las que tienen que trabajar la NBA y la FIBA para avanzar hacia unos números que parecen ahora mismo poco realistas: la liga estadounidense pretende obtener, para sus treinta franquicias del otro lado del Atlántico (las que tienen que dar el OK definitivo) 5.000 millones de dólares. Eso implica que hay que, generar 10.000 porque la liga estadounidense sería, en la hoja de ruta actual, propietaria del 50% del nuevo proyecto. el resto será de los nuevos equipos con plaza fija, los que paguen para comprar franquicias.
El Paris Basketball, otro factor importante, controla los dos pabellones importantes de la ciudad, el Adidas Arena (en el que juega) y el Accor Arena, el antiguo Bercy. También pendiente de una wildcard acabará el Mónaco, que llegó también vía Eurocup, en su caso en 2021, pero ha agotado ya las bazas para continuar por esa razón. Después de un año dantesco en lo económico, en el que la desaparición ha sobrevolado el Principado y ha obligado a la intervención de la Casa Grimaldi, el actual subcampeón ha sobrevivido y ha empezado a trabajar en la llegada de nuevos inversores, una opción que parece cada vez más real y que ha abierto la puerta a la continuidad: la Euroliga, si el nuevo marco económico es sólido, vería con buenos ojos que siga un equipo que en lo deportivo ha tenido un rendimiento altísimo en las últimas temporadas. Mónaco, además, no es París,... pero no es precisamente un sitio donde falte el dinero.
Hace unas semanas que el equipo, al menos, evitó la bancarrota y la declaración de insolvencia y ha conseguido trasladar la resolución del caso hasta el 12 de junio gracias a la citada intervención estatal, que ha dado el empujón (con gestos y dinero) que hacía falta en el momento crítico. En marzo los jugadores empezaron a cobrar las cantidades que tenían atrasadas y también se cumplió con las deudas contraídas con la Liga Francesa (LNB), la Federación y la agencia tributaria. La cuestión ahora es que se confirme la entrada de los nuevos inversores.
La cuarta vía que ha surgido es el sorprendente JL Bourg: el modesto equipo de Bourg-en-Bresse, una pequeña localidad a unos 70 kilómetros de Lyon (y del ASVEL), está a una victoria de ganar una plaza para la Euroliga a través de la Eurocup. El camino que recorrieron antes el Mónaco y el Paris Basketball, que ganó en la final de 2024, precisamente, a un Bourg que tenía en sus filas a un Zaccharie Risacher que fue número 1 del draft solo unas semanas después. Ahora ha eliminado al Cedevita y al Turk Telekom Ankara aunque perdió el primer partido en su pista. Se apuntó el segundo en Turquía y el tercero de vuelta en Francia, y se metió en una final en la que el Besiktas, en su caso con la mente claramente puesta en la Euroliga, era favorito y tenía factor cancha a favor.
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Pero el Bourg ganó el primer partido (60-72) y tiene dos bazas para ser campeón, la primera en su pequeño pabellón con capacidad para poco más de 3.500 aficionados. Con una victoria más tendrá plaza en Euroliga… aunque es probable que no la use. Si renuncia, el citado tamaño de su casa es uno de los problemas más importantes, se abriría otra wildcard que podría quedarse en Francia o apuntar en otra dirección. Así que la opción de los cuatro franceses existe... pero no es la más probable en una situación en la que todos los equipos implicados tienen camino por delante hasta saber qué pasará con su futuro en unas competiciones europeas que tampoco saben qué forma acabarán teniendo a tan solo un par de años vista pero que sí tienen, en todos los casos, una certeza: cuentan con Francia.
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