La hora de la verdad, otra vez
Abril tiene que ser un mes decisivo para el baloncesto europeo: la Euroliga estudia su nuevo formato y la NBA ha cerrado la primera ronda de contactos con inversores.


Seguramente cualquiera que siga con un mínimo de interés todo lo que se mueve en el, verdaderamente convulso, presente del baloncesto europeo, y el que tenga preocupación o esperanza por su futuro (hay tantos vasos medio vacíos como medio llenos y muchas miradas diferentes: ese es parte del problema), habrá escuchado varias veces en los últimos meses que vienen semanas decisivas. Pero es que es así: vienen semanas decisivas. Abril es un mes bisagra, el siguiente capítulo de una historia que avanza hacia su desenlace, posiblemente ahora de verdad en marchas rápidas.
En un lado del tablero, la NBA cerró el 31 de marzo, el martes, los plazos para que los inversores interesados presentaran sus primeras ofertas, todavía no vinculantes. Así que ahora empieza a manejar un escenario mucho más real, tangible. En el otro, la Euroliga tiene que decidir este mes cuál es su formato para el próximo curso, un asunto en el que influye, inevitablemente, un nuevo escenario en el que los contactos entre ambas partes, con una relación renovada, permiten reabrir la puerta a un proyecto común. Algo que parecía ya improbable, casi casi imposible, hace poco más de dos meses.
La figura de Chus Bueno entra en escena
Pero el 30 de enero Chus Bueno irrumpió como nuevo CEO de la Euroliga en sustitución de un Paulius Motiejunas que había quemado los puentes de la relación con NBA y FIBA en la defensa de la postura que habían tenido sus clubes, los trece propietarios de la Euroliga, con respecto al conflicto con FIBA, un asunto de más de un cuarto de siglo, y la aparición en escena de una NBA que viró hacia la asociación con la Federación Internacional cuando en 2024 recibió por respuesta un no a una oferta en la que, desde una posición de teórica ventaja, ofreció su expertís y visión de negocio a cambio de quedarse con un 51% de la Euroliga y controlar así, de facto, la competición.
Bueno, con pasado en las oficinas de la NBA en Europa, ha trabajado directamente con el comisionado Adam Silver y su mano derecha, y miembro del board de FIBA, Mark Tatum. En ese punto comenzó un deshielo que había parecido improbable mientras los equipos que no habían firmado su renovación con la Euroliga (por orden de trascendencia: Real Madrid, Fenerbahçe y ASVEL Lyon) volvían de nuevo la vista hasta su competición actual aunque todavía sin firma y, por lo tanto, sin renovación oficial por otros diez años. Bueno acaba de asegurar, en todo caso, que cree que Real Madrid y Fenerbahçe sellarán, pronto, ese compromiso.
En las últimas semanas, la Euroliga ha afianzado su posición con una visión más ambiciosa y ese proyecto que ha puesto en marcha un Chus Bueno que quiere revalorizar y redimensionar la competición con franquicias. en lugar de las tradicionales licencias, que aumenten un valor que la firma de servicios financieros JB Capital sitúa en más de 3.200 millones de euros. La competición mira al futuro con la mano tendida hacia un entorno NBA/FIBA con el que el contacto vuelve a ser fluido y habitual y con el que se retomarán las negociaciones de forma inminente para buscar esa vía común que parecía extraviada. Bueno cambió el discurso de la Euroliga nada más llegar; Silver y Tatum también lo hicieron, en febrero y el marco del All Star. Reconocieron que la relación personal con el nuevo CEO de la Euroliga era un factor muy importante y reabrieron una puerta que Silver atravesó de lleno después del último board de la NBA: “Para el bien del baloncesto europeo, lo mejor sería que nos uniéramos a la Euroliga. Y que ideáramos un enfoque sistemático para el crecimiento del baloncesto en toda Europa. Esto implica complementar las ligas nacionales, trabajar conjuntamente con Euroliga y FIBA”.
Nuevos formatos, nuevos inversores
En el cambio de año, el comisionado ni citaba directamente a la máxima competición europea en sus intervenciones. Así que estamos, desde luego, ante un nuevo escenario que debería conducir, si triunfa la buena voluntad (y tal vez la necesidad empresarial) de todas las partes, a un nuevo mundo. La NBA mantiene octubre de 2027, aunque va realmente contrarreloj, como fecha de inicio de su Liga en Europa. La Euroliga, mientras, fija para el 14 de abril un board trascendental en el que debería quedar claro su formato de la próxima temporada. Las opciones básicas son la ampliación a 22 equipos con dos Conferencias y, por lo tanto, un calendario un poco menos cargado que el de esta temporada, muy criticado por entrenadores y jugadores; o mantener por segundo curso consecutivo la liga de 20 y todos contra todos.
Esta opción, que parecía desterrada, recupera fuerza. Tal vez porque la Euroliga se puede tomar esa próxima temporada, 2026-27, como un año de transición hacia lo que sería la nueva competición, todavía sin forma ni estructura ni protagonistas definitivos, a partir de la 2027-28. También, en lo que ahora mismo es más tangible, porque la ampliación parece más compleja ante los conflictos geopolíticos que afectan a Europa y Oriente Medio, con los equipos rusos todavía en el congelador (eso no cambiará salvo viraje brusco) y dudas sobre el futuro de otros: el Mónaco atraviesa una situación económica crítica y el ASVEL parecía decidido a saltar al entorno Champions como forma de sumarse al impulso NBA. La Euroliga, mientras, trabaja para convertir a más equipos en socios y en un sistema de franquicias por el que los nuevos tendrían que poner un canon de entrada de entre 40 y 80 millones de euros. Esa sería la condición para equipos como Valencia Basket, Estrella Roja, Partizán, Dubai Basketball…
Los trece, los propietarios con licencia fija, darían al salto al franquiciado sin poner esa cantidad. Al menos los que sigan interesados en el proyecto, que son la mayoría del lote que forman los once fundadores (Real Madrid, Barcelona, Baskonia, Maccabi, Zalgiris, Efes, Olimpia Milán, Fenerbahçe, Olympiacos, Panathinaikos y el ahora sancionado CSKA de Moscú) y los dos que se sumaron después, ASVEL Villeurbanne y Bayern de Múnich.
La NBA, mientras tanto, ha aprobado la expansión (o la puesta en marcha del proceso que debería acaba en ella) de 30 a 32 franquicias. Entrarán, si no hay un cambio ahora mismo inimaginable, equipos en Seattle (el regreso de los históricos Supersonics) y Las Vegas. La idea de la liga es que cada uno de estos nuevos proyectos pague una cantidad que se debería mover en torno a los 10.000 millones de dólares. En ningún caso bajará de 7.000, ya un pico más que la medida usada en anteriores expansiones para establecer ese pago, el valor medio de las franquicias (ahora en torno a los 5.500 millones). Sportico publicó hace unos días que la Liga quería sacar unos 20.000 millones de esos dos nuevos proyectos, su expansión interna y la llegada a Europa. Del primero se extraerían unos 15.000 y del Viejo Continente los otros 5.000. Ese dinero no toca la parte de los jugadores y el reparto de ganancias, va íntegro a los 30 propietarios actuales: más de 650 millones para cada uno si se cumplen esas previsiones.
La NBA, como hizo con la WNBA hasta que esta inyectó nuevo capital en 2022, controlará el 50% de su nueva competición, y el resto será para los nuevos equipos. Así que se tendría que generar el doble, 10.000 millones, para trasladar 5.000 a Estados Unidos. Silver, en un planteamiento que sembró algunas dudas en Europa, habló en enero de un proceso de inversión pensado para el largo plazo, en ningún caso para que quienes irrumpan en la nueva competición ganen dinero por la vía rápida. Para la expansión americana, el salto a 32 equipos, la NBA trabaja con el banco de inversión PJT Partners. Para el proyecto europeo, lleva tiempo de la mano de JPMorgan y el Raine Group. El plan deportivo, en su formato ideal, tendría 16 equipos, doce con licencia fija (franquicias) y cuatro que llegarían por vía deportiva a través de la competición de FIBA, la Basketball Champions League, y de un torneo entre los ganadores de las Ligas nacionales.
La NBA valora el primer impulso
Joe Vardon ha dado voz en The Athletic a la visión de la NBA tras cerrar el 31 de marzo esa primera tanda de contactos con posibles inversores, todavía sin ofertas vinculantes. El periodista transmite el optimismo que le hace llegar la Liga desde sus oficinas en Nueva York por “el nivel de interés y las cantidades de dinero que se están manejando” en lo que respecta al nuevo proyecto. Sin una definición clara, asegura que hay inversores (de una bolsa de unos 120 en total) que pueden llegar a los 1.000 millones por alguno de los proyectos principales (Londres es la joya de la corona) y otros dispuestos a acercarse a los 500. Otras fuentes, no relacionadas con la NBA, hablan de un primer impulso menos fuerte y de que el total de esta primera inercia no superaría los 2.000 millones. Muy por debajo, en caso de ser así, de las expectativas de la NBA.
“Hemos recibido un interés importante de un rango amplio de equipos e inversores para hacerse con las franquicias fijas de la nueva competición europea. Ese nivel de compromiso inicial y de las ofertas económicas reflejan la confianza en nuestro modelo y el enorme potencial que todavía se puede explotar en el baloncesto europeo”, aseguró a Vardon el vicecomisionado Tatum, que también avanza qué vendrá ahora: una revisión de esas ofertas iniciales para elegir las más adecuadas e ir cerrando acuerdos concretos por equipos ya definidos. Ahí llegarán unos tratos definitivos (por ahora se habla de un interés inicial en hacer negocio) por cantidades que pueden incluir la inversión en infraestructura porque uno de los caballos de batalla para todos, la NBA y la Euroliga, es la modernización y adecuación a los nuevos modelos de negocio de los pabellones en Europa. En el lado de la Euroliga, Bueno habló en AS de abrir líneas de crédito en esa dirección: “Hemos ido al mercado a por 1.000 millones para mejorar los pabellones, creo que seis o siete, y ya hay gente que nos los da. Si el Barça, por ejemplo, quiere construir el nuevo Palau, aquí los va a tener”.
Por ahora, aparecen varios niveles en esa nueva estructura que se presume para la NBA europea: desde luego, los grandes inversores de Estados Unidos y Oriente Medio son el objetivo principal de este proyecto, si bien en los segundos hay cierta zozobra vinculada a los conflictos bélicos que se extienden por la región. En principio, el dinero de los fondos de inversión saudíes (PIF, Public Investment Fund) apunta a Londres, mientras que se ha dado por hecho que la baza de Qatar (QSI, Qatar Sports Investments, el conglomerado que controla el Paris Saint Germain) se haría con el equipo de París. Sin embargo, Sportico aseguró ayer que todavía no ha habido ninguna oferta por parte de QSI, aunque esta podría llegar en el futuro y la NBA no le cerraría en ningún caso la puerta. La vía americana, Gerry Cardinale RedBird Capital, dueña del AC Milan, podría ir dirigida hacia las grandes ciudades italianas, Milán y Roma.
Son casos que, en principio y salvo que compren otros con estructuras ya creadas en otras escalas, requerirán crear equipos de cero; con un nivel altísimo de trabajo, ya con mucha prisa, y de inversión (cuerpos técnicos, jugadores...) más allá de esa cuota de entrada para ser parte de la nueva competición. Se entiende, a partir de ahí, que otros equipos que quieren formar parte, y o bien han dejado ya la Euroliga (Alba Berlín) o parece que lo harán (ASVEL Lyon), se articularán en un híbrido entre lo que ya son y lo que deberían aportar inversores externos.
La duda principal, a continuación, está en las ciudades que ya tienen equipos de primer rango en la Euroliga. De hecho, ese es ahora mismo uno de los principales caballos de batalla. En principio, ningún equipo de la máxima competición continental (incluidos Real Madrid y Barça) ha entrado en la puja por las franquicias de la NBA en Europa en ese primer plazo que se cerró el martes. Algunos medios europeos sí hablaron ayer de una propuesta en firme desde Atenas, pero no por parte de Panathinaikos u Olympiacos sino de un AEK que disputa esta temporada la Basketball Champions League.
Estos son los doce mercados que quiere la NBA para sus franquicias: Londres, París, Roma, Milán, Barcelona, Madrid, Atenas, Estambul, Berlín, Múnich, Lyon y Manchester. En el planteamiento de hace unos meses, el objetivo era captar a algunos nombres ya muy establecidos y de un peso monumental en el baloncesto europeo. En pocas palabras, llevarse a Real Madrid, FC Barcelona y algunos más de la Euroliga al nuevo proyecto. Pero la renovación de casi todos, serán todos los importantes si finalmente firman Madrid y Fenerbahçe por la Euroliga, y la nueva vía de negociación que se aproxima, plantea otros escenarios que todavía son confusos.
Según The Athletic, la NBA quiere que los que podrían sumarse en un proyecto común con la Euroliga abonen su cuota, como el resto de inversores, para convertirse en franquicias fijas. Una cantidad que, recordemos, se mueve, según la liga estadounidense y sus pretensiones iniciales, entre 500 y 1.000 millones. Pero equipos como Barça o Madrid pueden acceder a la condición de franquicia en la Euroliga sin pagar nada, y tienen de su lado su fuerza como marcas en el deporte europeo y global dentro de una negociación que ahora parece más equilibrada. Sportico, además, asegura que “múltiples posibles inversores” han expresado a ese medio su preocupación por la estructura económica de esta nueva Liga que les obligaría a hacer una inversión inicial muy significativa, para abonar la cuota de entrada y poner el equipo en marcha con la infraestructura adecuada, solo para que el 50% de todo lo que se genere se vaya directamente a Estados Unidos, a los bolsillos de la NBA y sus franquicias estadounidenses.
Así que parece que hay mucho por pulir si realmente se quiere llegar a un punto de encuentro que desde luego ayudaría a todos y recibiría el aplauso de los aficionados. La NBA también quiere respetar los dos puntos trascendentales para FIBA: una estructura que permita de forma viable las Ventanas de partidos de selecciones durante las temporadas y el flujo de llegada de equipos a través de unas competiciones nacionales que no deberían quedar aparcadas en un rincón. Estos no serían franquicias y no pagarían canon, pero entrarían en el reparto económico en mejores condiciones que los equipos sin licencia fija en la Euroliga de los últimos años.
Vardon deja claro que, en unas conversaciones que se retomarán este mes, la NBA partirá de esas premisas recién citadas: “Incluso si las dos partes dan con puntos de encuentro, la NBA quiere mantener el control de la nueva competición. Además, varias fuentes dejan claro que los equipos que ya están en la Euroliga que se quieran garantizar una plaza en el nuevo proyecto tendrán que pagar su cuota de ingreso igual que el resto de inversores que quieren formar parte. Eso mete presión en algunos de los equipos más importantes de Europa, los de Madrid, Barcelona, Atenas y Estambul”. El periodista también adelanta, otro asunto recurrente de los últimos meses, un escenario en el que los equipos de París y Milán no estarían vinculados a los actuales de la Euroliga, Paris Basketball y un histórico como el Olimpia, sobre todo este segundo otro caso complejo en el que seguramente habrá todavía mucha tela que cortar.
Desde Grecia se ha hablado ya de la posibilidad, a partir de 2027, de una competición conjunta con 24 equipos. Pero es pronto para fijar un escenario así. Ni siquiera está decidido como será, dentro de unos meses, la Euroliga de la próxima temporada. La NBA, además, tiene que ordenar, filtrar y elegir las ofertas por sus nuevas franquicias en Europa, ver hasta dónde puede llegar y cómo de lejos se queda (o no, si la inversión va más allá de lo que ahora mismo parece) de los 5.000 millones que quiere trasladar a sus propietarios en Estados Unidos. Y podría apostar, según la prensa financiera británica, por un modelo de pujas que arranque por los mercados más importantes (el primero, Londres) y vaya distribuyendo luego los de sedes menores.
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Con este sistema, según City A.M., Raine Group (que esta detrás del proyecto NBA) consiguió sacar más de 500 millones de euros en la puesta en marcha de The Hundrer, la liga de cricket profesional que arrancó en 2021 y, por lo que parece, un caso a tener en cuenta para interpretar lo que viene en las próximas semanas en la cimentación del proyecto NBA. En paralelo, la Euroliga trabaja para aumentar sus ingresos y el reparto de beneficios entre sus equipos y ganar así, de paso, más fuerza negociadora mientras decide un sistema de competición peliagudo: la ampliación a 22 puede no ser la mejor opción y con 20 equipos y dos Conferencias se perderían demasiados partidos y un buen chorro de ingresos al que no se va a renunciar. Y mientras cada uno avanza por su lado, durante este mes de abril volverán a sentarse juntos para buscar lo que pareció imposible y ahora es, otra vez y por fin, una opción real: un proyecto común y único que sume y no divida en el ecosistema del baloncesto europeo. Que esta otra vez, sí, antes semanas de una enorme trascendencia histórica.
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