Drama del Granada, éxtasis del Bilbao
El colista acaricia la victoria casi tres meses después pero se topa con el dulce momento del Surne.


El Granada estuvo a un centímetro de volver a la vida, de respirar el perfume de una victoria diez partidos después. Desde el 11 de noviembre no saben lo que es ganar, allí se encuentra su único éxito, ante el Valencia Basket, que tiene guasa. Pero le devolvió a su cruda realidad este Bilbao Basket al que hay que tirotear veinte veces, dinamitar sus entrañas y lanzar mil puñales para rematarlo. Puede con todo y contra todos, vive instalado en la cresta de la ola. Tras la debacle ante el Valencia, se propuso recuperar la autoestima y se ha pasado de frenada en este aspecto, se ha convertido en una fiera indomable. Ni con las bajas, especialmente importante la de Pantzar por molestias en una rodilla, y destacadas las de Sylla y Lazarevic, le sacan de la idea de no darse nunca por perdido. Porque aunque estos dos últimos son jugadores secundarios, hay detalles que no se ven en las estadísticas, por ejemplo lo importante que podría haber sido Lazarevic para amarrar a Bozic, referencia del colista, que resultan capitales.
La clasificación pesa toneladas. Al Granada se le vino el mundo encima en el tramo decisivo y al Bilbao Basket le impulsó este carácter rocoso que va adquiriendo victoria a victoria. Estaba condenado por su horrible estadística en el tiro libre (14/26) y metió los seis del último tramo, mientras que los andaluces llevaron una travesía inversa: lo bordaron desde la línea fatídica durante más de tres cuartas partes del pulso y encontraron ración de hierro cuando la soga apretaba (4/8).
El rebote también fue iluminando a los locales, pero los argumentos fueron superiores en el lado vasco: Jaworski empezó con su furia anotadora y luego tomaron el relevo Hlinason, Hilliard y Frey. Ahora les espera una semana limpia, un receso en tanta actividad, que lo están pidiendo a gritos. Una primera cerrada con 9-8 es para ponerles un monumento. Y se les escaparon los partidos de Lleida y Lugo que iban bien enfilados. Hasta hay una opción, que es tan inviable como que Trump se olvide de Groenlandia, de ir a la Copa: con derrota del Tenerife ante el Barcelona por 66 o más.

Tras siete prórrogas perdidas, fin de la maldición. El partido se puede entender por lo que pasó al final del tiempo reglamentario y su prolongación posterior. El Bilbao Basket venía de hacer un cuarto para olvidar y pocos apostaban un euro por su pellejo. Jaworski, capaz de lo mejor y lo peor, hizo lo primero hasta el descanso y dejó lo más chungo para ese tramo donde imperan los nervios. Bozic le robó la cartera bajo el aro propio y cometió una falta sobre el croata, que anotó los dos tiros libres y puso a su equipo con 78-76 a falta de 1:17. Frey neutralizó esa ventaja desde la línea de un punto. Y el escolta norteamericano falló el lanzamiento del triunfo.
El partido se fue espesando hasta convertirse en una competición de corazones desbocados. Hlinason, que no estaba atravesando una buena noche, tomó la responsabilidad en la prórroga y los tiros libres bendijeron a los bilbaínos. Fue un partido duro, de esos que exigen tener mucha personalidad. El Bilbao Basket estaba obligado a jugar a otra cosa, a moverse con más cautela, porque las pilas van muy justas, y el rival le invitaba a un pulso a cara de perro. Pero se veían lujos como un pase por la espalda de Bagayoko, que firmó una acción made in la Universidad de Sabonis. Los bilbaínos querían arrancar dominadores (0-5), para que les asaltaran las dudas a los nazaríes, pero estos reaccionaron: 14-12. La picaresca a veces también juega un papel destacado y Brimah hizo ver que estaba tocado tras una falta y se retiró para asegurar los tiros libres con Costa, mucho más fiable.
Bozic anotaba todo lo que le llegaba, y Jaworski le daba réplica, como un triple al final del primer tiempo ante la defensa inicial de Howard y con el cambio en la marca de Olomuyiwua cuando Hlinason subió a amargar el bloqueo. Hilliard iba aportando intangibles, aunque también errores con cierto individualismo, como tiros sin movimientos de los hombres sin balón y ni un bloqueo para liberarle. Pero firmó el 38-45 tras una buena canasta de dos.
El dominio en las dos zonas del ghanés Brimah permitió al Coviran mantenerse en el partido. Las técnicas se asomaron por el Palacio, por protestas suaves de Krampelj y Howard y luego al joven técnico Arturo Ruiz, que ha cogido una patata caliente de cuidado. Veía impotente que se le escapaba la última oportunidad para agarrarse a la esperanza de la permanencia. Normantas nunca se esconde. Tomaba la responsabilidad para meter su tercer triple en el tramo final del tercer cuarto: 54-60. Ponsarnau tenía que jugar sin bases puros en algunas fases y eso provocaba la falta de consistencia en el criterio del juego. No es lo mismo dirigir la orquesta con Pantzar que con Normantas y Jaworski. Y Frey, el pobre, va justísimo de energía.
Los nervios atenazaron a ambos durante una larga fase. Las luces se apagaron para los bilbaínos en el último cuarto, con cuatro minutos casi sin anotar una canasta en juego, cuando el Granada endureció mucho la defensa. El Surne probó a recuperar el ritmo con una zona presionante 1-2-2. Howard cometió una falta antideportiva. Jassel Pérez, con un rectificado en el aire espectacular, se puso el mundo por montera y empató a 70 con un 2+1. “Vamos a jugar a lo nuestro”, pedía Ponsarnau. Pero no le obedecían. Brimah puso el 72-71 a 4:02 para acabar con dos tiros libres. Luego llegó un 76-71. El esfuerzo hacía mella en los bilbaínos: 0/4 en tiros de dos, 0/6 en triples y 6/11 en tiros libres. Parecía que ninguno tenía capacidad para ganar, porque fallaban las acciones definitivas.
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Entonces llegó el clic, como en Girona. Se sobrepusieron a su falta de inspiración. Hilliard empató a 76 a falta de 1:42. Un triple, la única canasta en juego de los diez minutos finales. Y lo demás fue otro ejercicio de resistencia y solvencia de los ‘hombres de negro’ en medio de la tensión y la agonía. Una amargura como la del Valencia con un par de buenas actuaciones se cura, pero es que esta gente se ha empeñado en meter otras cuatro en el saco de la redención, y quién sabe cuántas más pueden venir. No van a estar en la Copa, pero su adiós es algo más que digno, es para tildarles de titanes. Drama granadino, éxtasis vizcaíno. Se anuncia un temporal por Bizkaia estos días. La borrasca se llama Surne Bilbao.
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