Barcelona

Un Barça en blanco

Desde la liga lograda con Jasikevicius en la 22-23 el Barça ha perdido los diez siguientes títulos.

VALENCIA, 20/02/2026.- El entrenador del Barça Xavi Pascual en el partido de cuartos de final de la Copa del Rey de baloncesto que Barça y UCAM Murcia disputan este viernes en el Roig Arena, en Valencia. EFE/Manuel Bruque
Manuel Bruque
Álex Biescas
Redactor
Redactor en la delegación de Cataluña. Centrado en el baloncesto, también escribe sobre los equipos catalanes en el fútbol profesional y sobre cualquier evento deportivo que se realice en Cataluña. En el Diario AS desde 2011. Licenciado en Periodismo.
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“En el Barça no existen los años de transición”. Esta frase, pronunciada durante la presentación de Xavi Pascual como nuevo entrenador del Barça, resume a la perfección el cambio de rumbo que el técnico pretende imprimir a la sección. El discurso es radicalmente distinto al que gobernaba el ambiente hasta su llegada, pero de momento los resultados son los mismos. La eliminación en Copa supone el décimo título consecutivo que no gana el Barça. El mejor ejemplo de los tiempos convulsos que atraviesa la sección.

Xavi Pascual es, de todos los protagonistas, quien menos culpa tiene de la situación del Barça de básquet. Ha sido el último en llegar, ha aceptado los condicionantes económicos y sin duda ha mejorado los resultados y la competitividad del equipo. De eso no cabe ninguna duda. La realidad, sin embargo, ha sido tozuda. El Barça llegaba justísimo a la Copa y ha pagado con creces el competir cada 24 horas. Un partido que tenían relativamente controlado ante Baskonia se escapó en un último cuarto paupérrimo de los azulgranas. Como dijo el propio Pascual tras caer ante el París en Euroliga, “está todo destrozado desde hace tiempo”.

Ese tiempo al que se refirió Pascual, si tomamos una acepción menos literal y más generosa, son las últimas dos temporadas y media. Es el tiempo que hay que retrasarse para encontrar el último título logrado por el club, la Liga Endesa de la temporada 22-23. Con Jasikevicius en el banquillo y Mirotic en la pista, de aquel roster sólo continúan en el equipo Satoransky, Vesely y Laprovittola. Un equipo que fue el último gran proyecto de la sección azulgrana: en tres temporadas ganaron dos Ligas, dos copas y disputaron tres Final Four consecutivas. Desde entonces, el desierto.

La enorme reducción presupuestaria que llegó al baloncesto, también a varias áreas del club fruto de la delicadísima situación económica de la entidad, impactó de lleno en el Barça de Grimau, el primero que hizo un cero de cuatro: no ganaron ni Supercopa, ni Copa, ni Liga ni Euroliga. Eso sí, no estuvieron tan lejos. A un partido de la Final Four y disputaron la final de la ACB. El año siguiente, el pasado, Peñarroya tuvo que sortear una plaga de lesiones con una plantilla todavía más justa (y más envejecida) que acabó con el mismo resultado. Tras ni siquiera disputar la Supercopa esta temporada y ver peligrar seriamente su participación en la Copa llegó Xavi Pascual para poner orden. Llegó el último entrenador que levantó una Euroliga en can Barça.

Sin embargo el gran problema, cómo ha detectado buena parte de la grada del Palau, no está ni en la pista ni en el banquillo. Está en los despachos. De hecho todas las protestas, que realmente han sido pocas y tímidas, se han dirigido siempre hacia el palco. La sequía de títulos no es sino la consecuencia directa de una desinversión intencionada (forzada evidentemente por las restricciones económicas) y una planificación deportiva deficiente. Se vio la temporada pasada y se ha vuelto a reflejar en esta. El Barça va muy justo de efectivos y la plantilla está claramente descompensada.

Una radiografía superficial de la plantilla detecta rápidamente un problema estructural: la edad de los jugadores. El Barça cuenta con un sólo jugador del primer equipo por debajo de los 25 años (Núñez) mientras que hay hasta nueve por encima de los 30. Laprovittola, Vesely y Clyburn superan los 35. Algo que no es intrínsecamente malo, por supuesto, pero que expone al equipo a un mayor riesgo de lesiones musculares o de diferentes molestias que mermen la plantilla. Además, como es evidente, un jugador veterano se recupera peor de los esfuerzos que uno joven. Y el calendario al que se enfrentan los azulgranas es asfixiante.

Además hay otras decisiones cuestionables en el diseño de la plantilla. El primero, el número de jugadores. 14 del primer equipo con un lesionado de larga duración (Núñez) y dos que contaban poco para Peñarroya y seguramente menos para Pascual (Fall y Marcos). Para colmo el equipo cuenta con tres americanos (Cale, Norris y Clyburn) por lo que en ACB uno se ha de quedar fuera obligatoriamente. Si a estos condicionantes le sumas cualquier lesión, que las hay como en cualquier otro equipo, el panorama es más que complicado para el entrenador.

Otra de las deficiencias de la plantilla es la composición en sí misma. Es evidente que el equipo tiene problemas con el juego interior, algo que arrastra ya desde la temporada pasada. Y ahí la dirección deportiva decidió en verano no reforzarse. Siguieron Vesely y Willy y se decidió no renovar a Fall… para después volverlo a fichar. Un ejemplo que denota cierta improvisación en la confección de la plantilla y, sobre todo, las enormes limitaciones económicas a las que se enfrenta la dirección deportiva para pelear fichajes con los grandes de Europa.

Este verano, de hecho, llegaron jugadores con dos perfiles claramente diferenciados. Por un lado veteranos consagrados (Shengelia o Clyburn) y por otro jugadores sin experiencia en Euroliga (Marcos, Cale o Norris). Ningún gran fichaje, ninguna gran estrella y ninguna capacidad para reforzar el equipo una vez empezada la temporada. Se lo dejaron claro a Pascual al llegar y lo han explicado en público y privado: la plantilla es la que es y no va a cambiar hasta verano.

El gran reto de Pascual, en realidad, es doble. El primero, que la racha de los 10 títulos sin ganar no siga agrandándose. Una empresa difícil de lograr, pues para evitar que la cuenta suba a 12 deberían ganar o la Liga Endesa o la Euroliga. Pascual es el primero que se exige a sí mismo no solo ser competitivos sino ganar títulos, pero es también absolutamente consciente de las limitaciones del equipo. El segundo, seguramente el más viable de conseguir, que la mala dinámica no se extienda más allá de esta temporada. El Barça tiene el reto de reconstruir el equipo este verano, rejuvenecerlo (alguno de los grandes contratos como el de Willy o Satoransky finalizan en junio) y sobre todo adaptarlo a los gustos y las necesidades del entrenador. En este sentido en el Palau gusta mucho Luwawu-Cabarrot, que acaba contrato en junio, y al que pretenden no solo los azulgranas…

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