Jaworski hace buena la inmortalidad del Bilbao Basket
Su triple a falta de tres segundos le da la victoria a un equipo que forzó la prórroga tras ir perdiendo 46-24 en el primer tiempo. El Gran Canaria sigue sin reaccionar.


Ni que la victoria en Granada fueran simplemente fuegos de artificio, el Gran Canaria continúa hecho un manojo de nervios que le tienen como alma en pena en la cancha, al menos en la ACB. Y eso que, tras un primoroso primer tiempo, tenía al Bilbao Basket contras las cuerdas. Sin embargo, el equipo de Jaume Ponsarnau reaccionó de manera colosal primero para forzar la prórroga, después para tener el tiro ganador antes de esos cinco minutos extra y, más tarde, tumbar definitivamente a los locales tras aquel sopapo de Jaworski. Tantas veces tuvo el duelo perdido, tantas veces volvió al mismo. Hasta que no lo ganó no paró. Un equipo inmortal.
El Granca empezó el partido como un cohete. Parecía que el grupo de Jaka Lakovic, de tan mal como anda en liga en las últimas semanas por mucho que ganara en Granada, quería saldar bien pronto las deudas con su afición y los jugadores consigo mismos, desde luego el primer punto a tratar para que salga de su crisis. En cualquier caso, la voracidad de los locales apenas se vio alterada por aquel mate inicial de Hlinason, acaso la única vez que el Bilbao Basket estuvo por delante en el marcador hasta el último cuarto. La respuesta local era automática. Si Brussino prendía la mecha desde la periferia, Pelos percutía con su estupendo tiro de media distancia y Robertson se cascaba un triple muy lejano para el 19-10.
El partido transcurría vibrante en la canasta bilbaína, donde el Gran Canaria metía prisa anotando canastas de todos los colores. También por parte de Maniema y Samar, gracias a los cuales llegó aquel 23-12 que obligó a Ponsarnau a parar el duelo cuando quedaban 3:29 para el final del primer cuarto. Lejos de reaccionar, la formación vizcaína parecía embelesada viendo jugar un rival que se disparó cuando primero Kuath cortando vigorosamente su zona, después Vila ajusticiando desde más allá de la frontera y al final Maniema haciendo lo que quería dejaron un esclarecedor 30-14 al cabo de esos 10 minutos iniciales. El gigante sursudanés tuvo que abandonar el partido un rato después por problemas en su tobillo derecho.
Nada cambiaba al alba del segundo cuarto por más empeño que le pusiera Normantas. Así, una estupenda asistencia por la espalda de Albicy a Pelos, 14 puntos con un solo fallo al descanso, acabó en un bingo limpio del interior francés y con el 37-20, una tunda en toda regla, luciendo en el cielo del Gran Canaria Arena. La diferencia a favor de los hombres de amarillo llegó a ser +22, 46-24, apenas pudiendo el Bilbao recortar la desventaja al descanso con un par de tiros libres: 48-31.
Poco a poco, picando piedra cada vez con menos sigilo, el Bilbao Basket empezaba a recortar la desventaja nada más reanudarse el duelo tras el descanso. Adormilado, el Gran Canaria se confió hasta el exceso y cuando se quiso dar cuenta ya tenía a su rival en el cogote. Primero Petrasek, después Jaworski y al final Pantzar alicataron aquel 60-48 que, desde luego, obligaba a Lakovic a pedir tiempo muerto. Después, la flojera defensiva de Robertson le costó carísima al Granca. Resulta que, de manera consecutiva, Frey le sacó tres tiros libres y Jaworski un 2+1, dando otras dos dentelladas que desde luego horadaban la débil coraza del equipo insular, que vio como el impecable trabajo previo al descanso no valía prácticamente de nada 10 minutos después del mismo: 68-61.
El Granca, entonces sí, yacía moribundo sobre la cancha, dejando otra vez aquellas señales tan preocupantes que ya le dejaron fuera de la Copa. La empanada mental del equipo insular le allanó sobremanera el camino a los muchachos de Ponsarnau, que desde luego no desperdiciaron semejante regalo. Tanto fue así que iniciaron el último cuarto con un 0-10, coronado por aquella bandeja solitaria de Jaworski, el héroe del partido, con el que Lakovic se desesperaba parando el duelo. Y es que entre el inicio del tercer cuarto y los dos primeros minutos del siguiente el parcial a favor del Bilbao Basket era de 20-40.
Tuvo que ser Tobey quien acudiera al botiquín para empezar a coser la herida de un equipo que se desinflaba por momentos, tan nervioso de repente, lamentando sobremanera aquella inexplicable bajada de persiana que, de pronto, le podía costar un partido que no podía tener más de cara. Y le costó. Acto seguido, los tiros libres de Vila y Wong le dieron algo de aire al Gran Canaria: 74-71. El escolta norteamericano se había puesto el partido por montera y comenzó a sacar faltas como churros. De hecho, apiló 12 puntos del tirón llegando 10 de ellos desde la línea de tiros libres, lo que permitió a su equipo ponerse 84-77 con apenas un par de minutos de partido por delante. La esperanza de victoria local se multiplicaba y sin embargo, cuando parecía que la victoria se quedaba en la isla, un último arreón del Bilbao acabó con un triple de Petrasek para empatar a 86. Su equipo tuvo incluso un ataque más para ganar el partido pero la mandarina final de Jaworski no iba a ningún lado, así que tocaba quemar las naves en la prórroga. Vaya si se resarció después.
Tensos ambos equipos como hilo de cometa, la apertura del marcador en el tiempo extra tardó más de dos minutos en llegar. Fue por medio de Petrasek, que después participó en una magnífico intercambio triplista con Robertson que mantenía todo como estaba: 91-91. Desde ahí ajustició Pelos, 96-91, ya entrado el último minuto antes de que Robertson, fallando un tiro libre pero encestando el segundo, pareciera sellar una victoria que volvió a ponerse en peligro, otra vez, con aquellos dos tiros libres errados por Tobey, tres fallados del Granca solo en el último minuto. Desde el 4,60 se dejó el partido. Es que, justo después, Jaworski se cascó un triple descomunal para empaquetar el triunfo hacia Bilbao gracias a la creencia de un equipo que, ni que fuera inmortal, se levantó tantas veces como cayó para llevarse el duelo en un acto de fe, y además con todos los honores. Con aquel 97-98 erró queriendo el tiro libre que también le sacó a Pelos, quien se le cayó encima, y el agónico tiro posterior de Robertson no tocó ni aro. Así se abrochó la victoria de un equipo que se sintió inmortal por mucho que le hubieran pasado varias veces por encima.
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