El Gran Canaria, una piñata para el San Pablo Burgos
Los de Jaka Lakovic fueron un pelele en manos de un rival directo en la lucha por evitar el descenso. Corbalán, 27 puntos, y Samuels, 19, destrozan a un equipo sin alma.


El actual Gran Canaria es una piñata a la que cualquiera zarandea y golpea para sacarle lo que quiera y más. Resulta que, este sábado, el equipo amarillo fue otro pelele, ahora en manos de un San Pablo Burgos que sacó músculo y colmillo a costa de un equipo desastroso que, en tiempos de Semana Santa, solo puede agarrarse a la fe para no descender. Porque, lo que es baloncesto, nada y menos.
Lo visto en el segundo cuarto, cuando se puso a cinco puntos de su rival, no fue sino la sombra de una ilusión. De hecho, durante 30 minutos fue equipo sin alma, en el que nada funciona, desde luego sin soluciones ni en el banquillo ni en la cancha, una desgracia para cualquiera que sienta al equipo como suyo. Al menos, un cachito. Ahora mismo es una ganga para cualquiera, desde luego también para el San Pablo Burgos, que le dio una paliza, la segunda de la temporada, para quedarse con el average particular.
El primer tiempo del Gran Canaria fue un compendio perfecto de todos los males que le atenazan en una temporada para el olvido, de tan mala como es, por mucho que mejore de aquí en adelante. Que no parece que lo vaya a hacer. Y eso que empezó ganando 5-0, pero a partir de ahí empezó a ir para atrás. De hecho, casi sin darse cuenta, con Corbalán haciendo de todo y todo bueno, el San Pablo Burgos empezó a doblarle en el marcador y un gancho del examarillo Fischer, que puso el 12-25, obligó a Lakovic a pedir tiempo muerto.
Su equipo estaba por completo a la deriva, y ni siquiera este pequeño receso le permitió enderezar el rumbo. Los tiros libres eran un lastre, no había soluciones en ataque y en defensa era un coladero. Tan mal estaba el equipo insular que, pese a juntar los triples de Samar y Robertson en el epílogo del tercer cuarto, Samuels hurgó en la herida desde más allá de la periferia para clavar un rotundo 18-34 antes de que empezara al segundo cuarto.
La tunda que le estaba dando al Granca la hueste de Porfirio Fisac, su entrenador anterior a Lakovic, era de órdago. Además, Shackelford se estrenó desde la frontera, su primera canasta con la camiseta burgalesa, para aquel 19-37, la máxima diferencia a favor de su equipo. Otra tortura amenazaba con cebarse sobre los atormentados jugadores locales hasta que levantó el ánimo por obra y gracia de Alocén, un jugador vitamina, y Robertson, un escolta cuyos chispazos prendieron la mecha de un equipo helado y que, por momentos, rozó la remontada. Tras el poster que le hizo Happ a Metu, el propio Alocén se cascó un triple poco antes de que Tobey sacara a pasear su ortodoxo toque de muñeca para apretar el marcador hasta el 42-48, todavía más pequeña la distancia tras otro triple de Robertson antes de que se llegara al descanso con un ajustado 48-53. El pan de ese momento fue el hambre de lo que venía después.
Por la dinámica reciente de uno y otro equipo, el paso por los vestuarios le vino de perlas al Burgos por mucho que un triple de Albicy al alba del tercer cuarto aminorara el efecto de Corbalán. Se las prometía felices el Gran Canaria con aquel 53-58, mas no conseguía pasar de ahí. Y es que lo mismo daba que fuera el propio Corbalán que Samuel o Meindl, que le sacó un 3+1 a Metu, los visitantes comenzaron de nuevo a torturar la psique de un equipo que, además, se encontró con los dos triples que apiló Heidegger para poner a los suyos en órbita, 64-80, mientras se consumía un tercer cuarto en el que, otra vez, el equipo de Jaka Lakovic volvía a sumergirse en su propio llanto y estado de desesperación, clamando por un final de temporada que no termina de llegar y que puede acabar en la absoluta desgracia del cambio de categoría.
Al Gran Canaria entero le pasó con al personaje del cuento: cuando se despertó, el descenso ya estaba ahí. Ahora mismo es un equipo perdido, sin alma y a expensas, como mucho, de la compasión del rival. No la tuvo el San Pablo Burgos, que al empezar el último cuarto le hizo una avería, cortesía de Fischer, con una jugada básica, vergonzosamente tantas veces mal defendida por el Granca, en la que al grande bloquea al que tiene el balón para cortar hacia la canasta rival. Los locales tardaron tres minutos en anotar, y cuando lo hicieron ya perdían de 24: 70-94. Así las cosas, el último cuarto se tiñó de suplicio para los locales, a quienes ahora mismo solo un milagro libra de un descenso del que sí que se puede escapar el San Pablo Burgos, que empata su balance con el Gran Canaria y, además, le gana el average particular.
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