LEB ORO

Adiós al baloncesto de Uriz, el mejor compañero posible

Ricardo, un base que dejó huella por donde pasó y que tiene cinco ascensos a sus espaldas, lo deja cerca de los 41 años. Se ha formado como entrenador.

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Adiós al baloncesto de Uriz, el mejor compañero posible

El domingo 16 caía el telón para Ricardo Uriz como jugador profesional de baloncesto. No pudo celebrarlo sobre la pista con su equipo, el Tizona Universidad de Burgos, ya que estaba tocado y no se vistió de corto. El equipo castellano estaba descendido a LEB Plata y la decepción presidió las últimas semanas de la larga temporada. Su adiós no estuvo rodeado de la pompa habitual en una estrella del baloncesto, desde luego, pero los que han disfrutado de los servicios de Ritxi sí saben el enorme legado que deja el base navarro. Su gran virtud ha sido la inteligencia, la experiencia en la pista para controlar el ritmo de partido y la capacidad para encontrar a sus compañeros en ventaja. 

Ha dejado una huella profunda y sus números no resumen lo que ha aportado al juego de la canasta. Ha estado en todas las categorías: EBA, LEB-2, LEB, y ACB. A nivel de LEB, ha disfrutado de cinco ascensos (tres en Donostia, uno en Bilbao y otro en Lugo) y 286 partidos, lejos, eso sí, del Top-10, que encabezan Urko Otegui (542), Mikel Feliu (527) y Jorge García (512). En la ACB suma 357, en sus 14 años repartidos por Baskonia, Valladolid, Bilbao Basket, Gipuzkoa, Tenerife, Fuenlabrada y Breogán. Ha pasado por muchos sitios en sus más de 20 años de carrera, en los que acumula 12 clubes, en algunos con más de una etapa. Nacido en Pamplona, abandonó los Maristas con 17 años para ir a jugar a Murcia e iniciar una vida de nómada. Suma 23 temporadas, la mayoría de ellas con el número 6. El gran momento, siempre lo ha admitido, es su debut en ACB con Baskonia con la familia en las gradas. "Una sensación que no olvidaré nunca. Es difícil explicar eso con palabras. Solo quien lo ha sentido puede entenderlo".

En julio cumple 41 años y tiene claro que seguirá vinculado al baloncesto de alguna manera. Forma parte de la inigualable generación de los 80. "Nunca pude estar en esa Selección pero no supuso ningún freno, yo recorrí mi camino, de trabajo y de sacrificio y estoy orgulloso de lo conseguido y de todas las decisiones que he ido tomando a lo largo de mi carrera deportiva", repite. El año pasado ya maduró la idea de colgar las botas, cuando estaba en Cáceres, pero llegó el frenazo por el coronavirus y le dejaba un regusto amargo un adiós tan triste. “He cumplido mis objetivos de disfrutar. La mente sigue funcionando, pero el cuerpo ya no va igual que antes, te dice basta. Hay que aceptar que esto se acaba y he tomado la decisión en el momento adecuado después de haberlo meditado mucho tiempo. Es un orgullo haber estado tanto tiempo y me siento un privilegiado”, resume.

En la época de confinamiento aprovechó para formarse como entrenador. Fue uno de los 195 técnicos inscritos en el Curso Superior de Bilbao 2020. Ricardo coincidió con Saúl Blanco a la hora de sacarse el título, un gran amigo tras coincidir ambos en el Canarias. Sus largos años sobre una pista le ayudan. “La experiencia a lo largo de todos los años en activo te da una visión diferente, no es lo mismo que sentarte en un ordenador, la puedes trasladar a otros jugadores. Quiero seguir unido a este deporte, que ha sido un estilo de vida para mí. me gustaría echar una mano y ayudar a los más jóvenes”, detalla.

En ACB hay muchos exjugadores, el último Mumbrú, y se fija mucho en Laso para orientar una posible carrera como técnico. Pedro Rivero, Rafa Monclova, Javi Salgado… El puesto de director de orquesta está regalando a buenos entrenadores durante los últimos años. “El base siempre ha sido la mano derecha del entrenador, la figura sobre la que recae la responsabilidad de llevar al equipo y aquel que tiene que comprender qué está sucediendo en el partido en todo momento. La responsabilidad es muy grande y eso te lleva a mantenerte activo durante todo el partido, a que tu cabeza se mantenga en alerta en todo momento para intentar anticiparte a todo lo que sucede. Esto hace que, cuando das el salto a los banquillos, todo sea un poco más sencillo ya que llegas con una cierta experiencia previa que quizá los jugadores de otras posiciones no hayan podido tener", justifica el jugador navarro.

Hablar con Uriz es algo diferente, por su cercanía y formación. Ha estudiado Administración y Dirección de Empresa. "Ha llegado el momento. Ha sido un viaje alucinante. Gracias, baloncesto", refrendó en su despedida a través de las redes sociales. Ni en los mejores sueños esperaba jugar tanto tiempo. Empezó porque me gustaba, sin mucho afán por llegar a la élite, ya que se lo inculcaron sus padres. "Lo hacía porque me lo pasaba bien y ya está. Ni mucho menos pensaba que seguiría jugando a nivel profesional hasta los 40 años". Ricardo pertenece a una grandísima saga navarra del baloncesto español, con cinco hermanos Uriz (hijos de baloncestistas también) que han llegado a jugar en categorías federativas. Mikel, que debutó en la Liga Endesa con el Bilbao Basket, es el otro gran conocido. De todas las vivencias de Ricardo, una de las que recuerda con más cariño es el primer ascenso del GBC a la élite, que se produjo el 26 de mayo de 2006. "Marcó un poco el futuro del Gipuzkoa Basket". No en vano, pasó ocho temporadas en Donostia. Pero cada escalada hacia la ACB "ha tenido algo especial". Otra ciudad que le ha marcado es Tenerife, con tres cursos allí. Tras anunciar su adiós, se ha visto desbordado por los mensajes de cariño recibidos. "Al final piensas: algo bueno habré hecho para toda esta corriente de agradecimiento". Si pudiera volver atrás en el tiempo, le hubiese encantado vivir la experiencia universitaria americana.

Su quinteto ideal de grandes compañeros ha sido el formado por Jon Santamaría, Richotti, Andrade, Miralles y Doblas. Echando una mirada atrás, sabe que no ha sido un dechado de talento o físico, pero su "cabezonería" navarra le ha llevado a lograr casi todo lo que se ha propuesto y triunfar en todos los sitios en los que ha estado. Nadie tiene una mala palabra sobre él. "Dicen que he sido un buen compañero y eso me hace sentirme satisfecho, irme con la conciencia tranquila. Me hace muy feliz el poder decir que he intentado ser buen compañero". Desde luego los valores que le ha transmitido su pasión de sacrificio, generosidad, compañerismo y superación los ha trasladado a las siguientes generaciones. Y gracias a la canasta conoció a su mujer y han formado una familia, con sus tres hijos, Aimar, Izan y Julen, aunque ha sido duro no poder trasladarlos esta vez a Burgos. "Lo que me hace feliz es que me hayan podido ver jugar y que tengan recuerdo de su padre compitiendo", finaliza. Tiene muy claro lo que va a extrañar: "Por una parte, echaré de menos las sensaciones que te da la competición, los nervios previos, los momentos con el corazón a 200 pulsaciones, con público y la toma de decisiones en momentos calientes. Pero también los ratos de vestuario con los compañeros, los viajes que es donde se crea el grupo". La batuta sabia se retira.

Mi debut en ACB con Baskonia con la familia en las gradas. Una sensación que no olvidare nunca. Es difícil explicar eso con palabras. Solo quien lo ha sentido puede entenderlo.