NBA | LAKERS 119 - THUNDER 112

El Rey tirano: LeBron aniquila a los Thunder con un triple-doble

LeBron, con 36 años, fue el líder de los Lakers en una victoria que, otra vez y ante un rival menor, necesitó prórroga. Triple-doble histórico del Rey.

Lo mejor de LeBron James es que, siendo un personaje del que se han dicho tantas cosas, siempre queda algo por decir. Ni siquiera podemos hacernos los sorprendidos con sus grandes gestas a estas alturas, con 36 años y en su 18ª temporada en la NBA, allá cuando las principales estrellas, ya venidas a menos, luchan por no caer presos de la vejez y conseguir algún que otro récord más  antes de poner rumbo a la clandestinidad. O, incluso, ganar un último anillo como veterano de lujo y poner el broche de oro a una carrera meteórica... o no tanto. LeBron no necesita nada de eso: es el mejor jugador del mejor equipo de la Liga, al que lidera con puño de hierro, provocando un reinado en la competición norteamericana que ha transformado en una auténtica tiranía, haciendo honor a ese apodo que siempre le ha acompañado (El Rey) y estirando su espectacular nivel deportivo dentro de una carrera que no parece tener fin. LeBon corre, anota, machaca, rebotea o asiste mejor que la inmensa mayoria de los jóvenes de la Liga, consigue monopolizar el juego cuando es necesario o incluir a sus compañeros si eso es lo que toca, el ejemplo es su bandera, el discurso su poder y el cuidado de su cuerpo una de las principales razones por las que puede seguir jugando a este nivel más, más y más tiempo.

Ante los Thunder, consiguió su enésima gesta: en otro mal partido de los Lakers y en otra prórroga no deseada, LeBron consiguió un triple-doble, el tercero de la temporada, de 28 puntos, 14 rebotes y 12 asistencias. El alero, reconvertido estos dos últimos años en base, logra así su noveno triple-doble con 35 o más años, una cifra en la que ha superado a Jason Kidd, que se quedó en ocho. Y es el primero en llegar a los tres en su 18ª temporada como profesional, adelantando a un Kobe Bryant que logró uno menos. LeBron lanzó con un 50% en tiros de campo (11 de 22), consiguió 2 robos y 2 tapones, y redondeó su espectacular actuación anotando 8 puntos en el último cuarto y 2 más en la prórroga, que ayudaron a los Lakers a remontar un partido que se complicaron en demasía, y al propio James a esconder los pocos errores que tuvo durante la noche: 2 de 10 en triples y 5 pérdidas. Un mal menor si tenemos en cuenta que los angelinos ganaron (otra vez) y que LeBron se coloca con 96 triples-dobles en la clasificación histórica, a sólo cuatro de esa centena a la que sólo han llegado Oscar Robertson, Russell Westbrook, Magic Johnson y Jason Kidd.

Los Lakers volvieron a jugar mal. Ya les pasó ante los Pistons y han repetido contra OKC, sin Anthony Davis y a medio gas, algo que les puede suponer algún susto que llegó precisamente en Detroit, en la gira por el Este, pero que han solventado en dos encuentros seguidos (otra vez Pistons y ahora Thunder) en los que han jugado con fuego sin quemarse. El equipo de Frank Vogel empezó aletargado (26-33 en el cuarto inicial) e intentó apretar al descanso (56-60), pero no encontró soluciones en el tercer periodo, en el que estuvo absolutamente ahogado por la defensa rival. En ese periodo, se quedaron en apenas 20 puntos y un 1 de 8 en triples. A inicios del último periodo, los visitantes mandaban: 76-84. Y ahí, emergió un LeBron que puso la directa a un partido que no quería que se le escapase, siendo el líder en un cuarto en el que Frank Vogel utilizó hasta a 8 jugadores, bien para frenar el brío visitante o para encontrar más soluciones en ataque. Los Lakers forzaron la prórroga con 8 puntos de LeBron y 7 de Schröder, que acabó con 19 (7 rebotes y 5 asistencias).

En el tiempo extra, los Thunder se quedaron sin fuelle y apenas anotaron 2 lanzamientos. A Shai Gilgeous-Alexander (29 puntos y 10 asistencias) se le acabó la magia y los Lakers prevalecieron, de nuevo con demasiado esfuerzo y no mucho brillo. Kuzma estuvo mal en el tiro (1 de 9 en triples), pero aportó un doble-doble (11+10), y Harrell se fue a 21 puntos y 8 rebotes, con buenas acciones defensivas en los últimos minutos, en los que suplió a un Marc discreto (2+4+3) y que sólo disputó 9 minutos en toda la segunda mitad, nada entre el último cuarto y la prórroga. Markieff y Caldwell-Pope no tuvieron su mejor día en ataque, y sí un Wesley Matthews que anotó 4 de sus 5 intentos de triple para 16 puntos, y fue el único que estuvo fino desde el exterior, completamente apocado en el caso de los Lakers: 9 de 38, apenas un 23,7. En los Thunder Horford anotó 14 tantos, pero tiró mal (6 de 20), mientras que Bazley aportó un espectacular doble-doble de 21 puntos y 16 rebotes. Por su parte, Justin Jackson se fue a los 14 tantos, todos a la sombra de un Gilgeous-Alexander que está en más de 22 puntos, 5 rebotes y 6 asistencias esta temporada. Ojito con este jugador.

En Oklahoma se empieza a imponer la lógica tras un inicio brillante en el que han estado en puestos de playoffs: sin Chris Paul, con un nuevo entrenador como Mark Daigneault, una plantilla joven y una cantidad ingente de rondas del draft, el año es de transición por mucho que tiren de coraje y ganen partidos. Se hunden pues, al penúltimo puesto del Oeste, aunque siguen teniendo a apenas una victoria a cuatro equipos y llevan un meritorio récord de 10-13, por encima de las expectativas y muy alejado de ese último puesto que ocupan los Wolves (6-18) con, todo hay que decirlo, mucho merecimiento. Los Lakers avanzan y se colocan segundos del Oeste, a sólo media victoria de unos Jazz en racha y con sensaciones encontradas: porque sí, han estado en el alambre contra rivales completa y netamente inferiores en los dos últimos partidos... pero los han ganado. Tras las derrotas en Philadelphia y Detroit, llevan cuatro victorias consecutivas y se acomodan en el pódium con vistas a encontrar el puesto perfecto que les permita evitar a los Clippers hasta las finales de Conferencia. Y todo, con LeBron promediando 25,5 puntos, 7,7 rebotes y 7,8 asistencias en su 18ª temporada como profesional. Un auténtico tirano.