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NBA

Stephen Curry toca fondo en el peor momento para los Warriors

El base jugó uno de los peores partidos de su carrera en el tercero ante los Rockets y preocupa por números... y sobre todo por sensaciones.

Los Warriors todavía tendrán que sudar para volver a dejar en el camino a los Rockets (como en 2015, 2016 y 2018). Pero no están todavía en situación comprometida: Mandan 2-1, les quedan dos partidos en el Oracle y llevan 20 eliminatorias seguidas (toda la era Kerr y más allá) ganando al menos un partido a domicilio. Tienen experiencia y se han visto desde luego en situaciones peores, pero lo cierto es que dejaron escapar una buena oportunidad de dejar sentenciado a su gran rival del Oeste con un 3-0 que nunca ha sido remontada en toda la historia de los playoffs. Después de ir a remolque durante todo el tramo central del encuentro, la combustión de Kevin Durant y unos buenos minutos defensivos dejaron el triunfo a tiro: 110-112 a 46 segundos del final, 119-118 en el ecuador de la prórroga. Mañana lunes sabremos cómo de viva está una eliminatoria que jugaría, si llega a siete, cuatro partidos en siete días entre ese cuarto y el último, que se jugaría el domingo.

Después del tercero, otra guerra entre quintetos grandes y pequeños, secundarios más o menos productivos, y James Harden y Kevin Durant, el nombre propio era Stephen Curry. O la sombra de Stephen Curry, tal y como asumió incluso Marcus Thompson, periodista de The Athletic amigo del dos veces MVP, sobre el que ha escrito un libro (“Golden”):

Curry acabó el partido fallando un mate, una de las escenas virales de la temporada, que consumió el último aliento de vida de unos Warriors que ya ni hicieron falta en los últimos segundos (126-121 final). Fue metáfora de difícil explicación (¿por qué intentar, un jugador como él, un mate precisamente en esa situación?) de un partido realmente horrendo: 17 puntos, 7/23 en tiros de campo, 2/9 en triples, 1/3 en tiros libres, 3 rebotes, 4 asistencias, 3 pérdidas, 5 faltas personales y un -1 en sus más de 45 minutos en pista. Falló hasta seis bandejas, algunas en momentos cruciales, y se quedó en un 3/10 en tiros en la pintura. Entre el último cuarto y la prórroga firmó un 0/6 en tiros con 4 personales y un -6 en pista. No sirvieron para nada los 46 puntos de Kevin Durant ni el triple-doble de Draymond Green u otra actuación quirúrgica de Iguodala. Los Warriors no deberían ser accesibles con Durant a este nivel. Y no habían perdido nunca (27-1 ahora) cuando Green firmaba un triple-doble. Parece fácil: con una buena versión de Curry, los Warriors habrían ganado seguro. Con una regular, también. Con una simplemente mala, posiblemente también. La de este partido fue abismal, desastrosa. La de los playoffs tampoco está siendo buena después de un inicio brillante ante los Clippers.

Curry promedia en 9 partidos 22,6 puntos y 4,9 asistencias con 3,6 triples anotados, mínimos todos de su carrera en playoffs. Su serie de tiro está en 44,6% (de campo: muy bajo para él), 40% en triples y 94% en tiros libres. Contra los Rockets, sus medias se hunden: 18,3 puntos, 4,4 rebotes, 4,3 asistencias, 3 pérdidas, 5 personales, 2,7 triples, un 36% en tiros con un 25% en triples (8/32) y menos de un 78% desde la línea de personal. Lleva siete partidos seguidos con menos de cinco triples, algo muy extraño en él (es, de hecho, la cuarta peor racha de su carrera). Pero no se trata de los tiros fallados, que conviene pensar (a sus rivales, sobre todo) que tarde o temprano entrarán: son las sensaciones, las lagunas y las faltas en defensa, las malas decisiones, los pases romos, las pérdidas, las dudas en tiros francos... Más allá de la línea de tres, Stephen Curry es una sombra del jugador que suele ser también en playoffs (25,8 puntos, 4,1 triples con un 40,7%) y este último partido puede haber sido el peor en la era Kerr, por detrás, por ejemplo, del 3/16 en el tercero de las últimas Finales en Cleveland. O, claro, el séptimo de 2016, cuando se quedó en 17 puntos con un 4/14 en triples y un 6/19 total, incapaz de superar a Kevin Love en la jugada que siguió al ya histórico triple de Kyrie Irving.

Curry se torció el tobillo en el último partido contra los Clippers y tiene dislocado desde el anterior ante los Rockets el dedo corazón de la mano izquierda (no la de tiro), pero eso no debería explicar (no del todo, esto no es como la lesión de rodilla en 2016) unos problemas que parecen en gran medida mentales. Los Warriors han virado hacia un ataque en el que el balón está casi siempre en manos de Durant, lo que desde luego cambia el rol de un Curry por ahora inefectivo, que amenaza (algo que facilita mucho la vida a los Rockets y se la complica a Klay Thompson) menos de lo que debería y que alterna buenas defensas con desconexiones costosas (los Rockets le buscan claramente en el pick and roll) y una propensión a las faltas que arrastra desde la primera ronda: lleva 32 triples y 36 personales en estos nueve partidos. El bache sorprende ya por largo y por profundo (ataque, defensa, tiro, concentración, dirección...). Pero su hermana y su mujer, al menos, tampoco se lo quieren tomar muy a la tremenda: 

Después del partido, Chris Haynes (Yahoo) encontró en el vestuario a un Curry poco comunicativo, en una bicicleta estática mientras consultaba su móvil antes de comparecer ante la prensa para tomarse con filosofía el mate fallado, evitar poner su dedo fastidiado como excusa, asumir alguna responsabilidad y prometer, en un momento de máximo escrutinio hacia su rendimiento, que la vida se les puede complicar de verdad a los Rockets a partir de mañana: “Los tiros... me van a empezar a entrar”. Veremos.

 

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