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ACB | REAL MADRID 98 - ZARAGOZA 96

El Madrid gana en el videoarbitraje un duelo de ritmo NBA

Randolph palmeó en las últimas décimas un tiro de Llull que iba dentro, de haberlo tocado instantes después no habría valido. Partidazo de Ayón: 20+12+3.

Con permiso de la mirada de los entrenadores, siempre exigente, los aficionados se lo pasaron en grande en el WiZink Center, mejor incluso de lo que esperaban. El Tecnyconta Zaragoza vino a ganar y a jugar. Hizo lo segundo de maravilla y rozó lo primero. Planteó un partido descarado y anduvo cerca de tumbar al Madrid con un tanteo casi centenario: 98-96.

Era una etapa de alta montaña para los de Porfirio Fisac y no dejaron de atacar. No rompieron en ningún repecho, pero llegaron muy vivos a los últimos kilómetros. A falta de cuatro minutos, un robo de un fantástico Seibutis ponía el 85-89, el Madrid contestaba con un 8-0 y de nuevo el lituano (19 puntos) lo igualaba todo con un triple: 94-94. Llull anotaba rápido y Okoye le replicaba en cuatro segundos, apenas restaban diez y la prórroga asomaba en el horizonte. Bola otra vez para Llull, que repitió. Optó por la penetración para acabar con un buen tiro dentro de la zona. El balón botó en el aro e iba a caer dentro… entonces saltó Randolph y lo remachó. Palmeo ganador, aunque estuvo a punto de invalidar la canasta porque su acción rozó el fuera de tiempo. Llull le miraba inquisitorial y Randolph parecía disculparse. Para evitar riesgos quizá no debía haber tocado la pelota. El videoarbitraje confirmó pronto la validez de la canasta y del triunfo. Los dos sonrieron. Los blancos siguen la estela del Barça.

La mañana en el Palacio nos regaló uno de esos partidos de los que hablaba Pesic el otro día, de esos que según él “no son baloncesto”, uno de ritmo NBA, muchos puntos y pocas nueces en defensa. Un juego más fino, que diría Rick Pitino, según su reciente comparación entre Estados Unidos y Europa. Mientras, Laso se giraba a menudo hacia sus ayudantes en el banquillo y les ponía cara de incredulidad. Demandaba mayor concentración atrás y con los cambios intentó variar la dinámica, aunque la secuencia de relevos fue parecida a la de otros días.

Un respiro para Campazzo, Taylor y Tavares

Campazzo y Taylor descansaron y Tavares, vestido de corto, finalmente también. El Madrid encadenó pequeñas reacciones que le permitieron compensar desventajas de ocho (13-21) y nueve puntos (39-48), pero lo hizo desde el talento. La inapetencia defensiva se mantuvo, aunque para que las costuras queden al aire alguien debe tirar de la tela. Lo logró un gran Zaragoza, que demostró el porqué anda a estas alturas en plena pelea por la Copa. Al descanso, sus diez jugadores con minutos lucían entre tres y siete puntos. Un reflejo de que Fisac ha transmitido al grupo su idea solidaria de este deporte. Que el colectivo funciona. El pero es que pudieron marcharse al descanso muy arriba y, sin embargo, cerraron los dos primeros cuartos sin mandar. Y luego los dos siguientes. El primero, después de pedir un tiempo muerto para jugar los últimos siete segundos y que Causeur les robara la cartera tras el saque de fondo (31-31). Once puntos del francés en ese primer acto, 14 al final, que igualan su mejor marca de la temporada (en la Euroliga). Y buen entendimiento de la pareja Reyes-Ayón. Enfrente, Seibutis hilaba fino, buscándoles las vueltas a todos sus pares, y Jonathan Barreiro, canterano blanco, campeón de Europa júnior junto a Doncic, mostró que va por el buen camino, madurando a su ritmo.

Lo mejor es que quedaba la segunda parte y el Tecnyconta no iba a ser uno de esos espejismos que tal como vienen se desvanecen. Aguantó y aguantó, y al ritmo le acompañó cada vez más la emoción y la tensión. Seibutis ejercía de hilo conductor de la trama visitante, pura intriga en casa del campeón de Europa. Le secundaban Nacho Martín y Okoye. Y Fran Vázquez. Respondían Ayón, con otro partidazo (20 puntos, 12 rebotes y 3 asistencias), y Llull, muy concentrado en ataque (18 tantos y 4 pases de canasta). Y Randolph, que regaló a la grada muy buenos momentos y la acción triunfal. A un lado queda el suspense forzado del final y un amago de técnica poco antes por una recriminación inoportuna a los árbitros.

La gente dejó la calle Goya con una sonrisa en la cara, se lo pasó muy bien, que es de lo que se trata, un thriller bien resulto. Con videoarbitraje incluido para confirmar al vencedor. El palmeo de Randolph estaba dentro del tiempo, el que se le acaba ahora al Tecnyconta para meterse en la Copa.