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ANÁLISIS

Un Madrid por hacer: complejo dentro y más justo por fuera

Vimos al nuevo Barça frente a la sexta versión del Lasismo, pero etiquetas a un lado, los de Bartzokas fueron un bloque más sólido. Ayón-Randolph, clave para el futuro.

Un Madrid por hacer: complejo dentro y más justo por fuera
PAULINO ORIBE DIARIO AS

Para los entrenadores la Supercopa es plena pretemporada, a unos días del inicio de la Liga y un par de semanas después de que los grandes dispongan de la plantilla al completo. Pero es un título y cuenta y se pelea como tal. Y si hay Clásico, trasciende. Por eso la victoria del Barcelona el viernes respalda a Bartzokas, le da una estabilidad clave para un recién llegado. La derrota del Madrid, en cambio, genera ruido, porque la tranquilidad nunca es permanente en el club blanco. Los éxitos dejan de alimentar al día siguiente.

El duelo de la Supercopa se planteó como el nuevo Barça frente al Madrid de Laso y su núcleo duro. La novedad frente a lo hecho, pero no fue así. Con Koponen convaleciente, los azulgrana presentaron dos altas: el atómico Tyrese Rice y Víctor Claver. Iniciaron antes la preparación (el 22 de agosto con ocho jugadores) y sus internacionales (Navarro y Claver) se incorporaron también mucho antes, el 6 de septiembre, con menos vacaciones. Los últimos en llegar fueron el búlgaro Vezenkov y el kosovar Doellman, inmersos en el Preeuropeo. Aterrizaron tarde, aunque en forma.

Los blancos empezaron a correr el 29 de agosto con Draper, Doncic, Suárez, Randolph y Hunter. Y fueron sumando piezas por goteo. Primero Carroll y Taylor, luego Ayón. Más tarde Thompkins y, finalmente, los internacionales el día 12. Hasta cinco: Llull, Rudy, Maciulis, Nocioni y Reyes. En la campaña anterior les pasó factura la falta de descanso y de vacaciones, un agotamiento físico y mental que rompió al equipo y casi le deja fuera en la primera fase de la Euroliga.

Este año la prioridad era recargar las baterías, la recuperación pos Juegos Olímpicos. “Llegamos con más energía, creo que el inicio de temporada será mejor”, ha dicho Nocioni, que apunta a Liga y Euroliga. El equipo a priori más hecho no lo estaba tanto. Presentó tres altas (Draper, Randolph y Hunter, porque Suárez no jugó) y añoró los mecanismos de un grupo rodado. Hay piezas por encajar y alguna duda. Se ha ido Sergio Rodríguez, factor clave, y su contrato se lo ha llevado Randolph. Enorme talento también, distinto puesto. Formó de titular junto Ayón en el juego interior, una pareja que puede estructurar la sexta versión del Lasismo pero sin ningún lazo todavía que la estreche. La relación está por nacer de principio a fin. Recuerdo a Arlauckas, por ejemplo, recién aterrizado en Madrid hace más de veinte años: “Sabonis y yo nos estorbábamos, no conectábamos”. El mexicano anda aún muy lejos de su mejor forma tras un largo parón veraniego. Thompkins, además, lo vio desde la barrera. Es el tercer extracomunitario cuando solo se permiten dos en la ACB (en la Euroliga no hay límite). Esa situación nunca resultó sencilla, desde Dalipagic a KC Rivers hace un año.

De los fichajes, a Randolph se le vio perdido, forzando alguna acción (aunque ojo: +5 con él en pista), mientras que Draper y Hunter ofrecieron buenos minutos y mucho oficio para paliar el hundimiento del tercer cuarto frente al burbujeante Claver.

Sin el ‘Chacho’, Doncic recibe galones en el puesto de base. Dos metros descalzo y un físico que le permite emparejarse con ala-pívots, pero sin el desplazamiento lateral para frenar a ‘bajitos’ eléctricos. Para eso está Draper, claro. Doncic ha jugado toda la pretemporada de base, pero ante el Barça, con un Llull fantástico en el tiro pero recién aterrizado (solo dos asistencias), fue alero a tiempo completo. Tuvo que suplir el hueco que dejó un Maciulis mermado físicamente y un Taylor que multiplica las dudas. El sueco no pudo con Rice (ni él ni nadie, esa es la verdad) y en ataque se equivoca a menudo y le falta tacto con el balón. Los once triples entre Llull y Rudy suplieron la falta de tino del resto, con Carroll en 1 de 5, Doncic en 0 de 3 y Draper y Taylor en 0 de 2. El juego interior es complejo de ajustar y el exterior, al contrario, viene con las piezas justas. Puede incluso que le falte una manita precisa desde la larga distancia. El Rivers ‘todoterreno’ de hace dos años, currante y a la vez metedor. Lo dicho, plena pretemporada, el reino de la especulación y las conjeturas, de lo que quizá nunca sea.