IBEROSTAR TENERIFE 93 - REAL MADRID 84

El Iberostar Tenerife barre al Real Madrid de la Isla

Richotti, San Miguel y Beirán lideran una fantástica actuación del equipo canario. El Madrid estuvo mal en ataque, peor en defensa y desquiciado por el arbitraje.

Mal el Madrid, muy mal. Si el jueves en el Palau firmó algunos de los peores minutos de la era Laso, este domingo los continuó. Si hiciéramos un ‘collage’ entre los dos partidos y recortáramos unos cuartos de aquí y otros de allá, en tres y medio, menos de lo que dura un encuentro, nos saldría un parcial terrorífico en contra: 91-44 (-47). Mal en ataque, tirando de heroica y de individualismo ante el atasco general, y mucho peor en defensa, superado en el perímetro (recibió 12 triples con un 44% de acierto) y barrido por la movilidad de los ‘cuatros’ rivales. Esa zanja defensiva es ya una constante durante el curso. Esta vez ni siquiera le alcanzó para la reacción final, esa que siempre le devuelve a la pelea. Seguramente andaba con la cabeza en otro sitio, en la Euroliga, igual que el Barça, pero el Barça ganó. Sufrió pero ganó.

Desbarrancó el Madrid (a tres victorias de los azulgrana en la ACB) y lo bordó el Iberostar Tenerife. A la décima fue la vencida. Primera gesta en casa ante el Real tras nueve derrotas seguidas, aunque ya triunfó en el Palacio hace tres años. Ritmo rápido y anotación endemoniada. Marcó la pauta Javier Beirán, fantástico trabajo. Y le secundaron Rodrigo San Miguel y un Nicolás Richotti, el doble de Carroll, que se convirtió en la estrella de la mañana (19 puntos y 4 asistencias). El original, Jaycee, se enfangó en un charco de errores.

Los locales pasaron de la viveza (23-25) al frenesí (56-43 al descanso). En la reanudación, el Madrid intentó reponerse: 58-53. Momento de buena aplicación atrás, pero los de Vidorreta acudieron al quite con dos triples (Richotti y Beirán). Luego, una antideportiva a Llull (la falta era incluso dudosa por la exageración de Davin White) provocó el enfado del menorquín y un gesto con los brazos en alto como si estuviera esposado. Técnica. Tres tiros libres y canasta posterior del propio White. El Iberostar cogía vuelo y ya no lo perdería. Poco después vino otra antideportiva, esta vez de Felipe Reyes, más clara, y el capitán tampoco supo controlarse. Nueva técnica.

El Madrid se desquició, primero con su juego y luego con los árbitros. El corte llegó a los 20 puntos (83-63 a 7:40 de la bocina) y no había quien lo cosiera. La mole Joseph Jones completo una buena labor bajo los aros y Tim Abromaitis (el hijo de Jim), también. Movilidad y tiro de tres del americano (3 de 5 y 13 tantos). Enfrente, Sergio Rodríguez conectó con Lima. Ambos empujaban un carro que no se movía.

El pívot brasileño fue el ninot que se salvó de la quema. Activo atrás en ausencia de Rivers, Maciulis y Ayón. Tres de los jugadores que más equilibrio defensa-ataque dan al juego. Y esa carencia de armonía, que no se puede justificar con tres descartes en una plantilla de quince, trae al Madrid por la calle de la amargura. La Liga sigue viva, con ‘matagigantes’ como este Tenerife. Fiesta grande en ‘La Hamburguesa’, como llaman en San Cristóbal de la Laguna al pabellón Santiago Martín.