SUNS 104-WARRIORS 112

Los Warriors de Curry (26+9+9) destrozan otro récord histórico

Los Warriors (48-4) son el equipo que llega a un All Star con el porcentaje de triunfos más alto de la historia: 92,3%. Curry rozó el triple-doble en 30 minutos y lleva 245 triples.

A la deriva (14-40) en un año marcado por las lesiones y la falta de rumbo definido, Phoenix Suns (quince derrotas en los últimos dieciséis partidos) era cualquier cosa menos un rival que pudiera poner en aprieto a los Warriors. A estos Warriors que llegan al parón del All Star como nadie había llegado jamás: son uno de los cinco equipos que aterriza en el partido de las estrellas con al menos un 87% de victorias pero son el equipo que lo hace con un mejor porcentaje gracias a su sobrenatural 48-4: 92,3% de victorias por el 90,7% de los Sixers de 1967… y el 89,4% de los Bulls del 72-10 (95-96), que siguen un partido por detrás en esa carrera virtual que está siendo la gran noticia de esta Regular Season: marchaban 47-5 en 52 partidos y estaban a punto de sumar su sexta derrota (48-6).

Es decir: a los Warriors les basta con firmar un 25-5 en los 30 partidos restantes para alcanzar el hasta hace poco innombrable 73-9. El año pasado viajaron después del All Star en... 25-6. En sus últimos 82 partidos de Temporada Regular, desde el pasado 22 de febrero, han firmado un milimétrico 72-10. Ahí lo tienen. Tras el paso de su big-three por Toronto, les toca una gira muy exigente: seis partidos en nueve días con visitas a Clippers, Hawks, Heat y Thunder. Si salen de ahí sin grandes daños, el resto será cuesta abajo. Les quedarán entonces 24 partidos y 17 de ellos en su pista, donde están 24-0. Así que las cuentas para la mejor temporada de la historia empiezan a ser simples, más o menos normales. Y eso resulta aterrador.

Los Warriors, además, miden sus esfuerzos y saben que no necesitan subir marchas para ganar partidos como este en Arizona metiendo muchos puntos (104-112), amasando ventajas mullidas (56-76 ya en el ecuador del tercer cuarto) y dosificando energías: ningún titular jugó más de 33 minutos (Klay Thompson: 24 puntos… y 5 robos de balón). Draymond Green se quedó en 28 (9 puntos, 6 rebotes, 3 asistencias) en claro ahorro de combustible y Stephen Curry casi hace un triple-doble silbando… y en tres cuartos: 30 minutos en pista, 26 puntos, 9 rebotes y 9 asistencias. Y 5 triples (5/10) para un total en la temporada de 245. Ya (11 de febrero…) es la séptima mejor marca de la historia, cada vez más cerca de rebasar como un obús su propio récord del curso pasado (286) e ir más allá de los 300, terreno desconocido para el hombre. Además, lleva 123 partidos de Regular Season anotando al menos un triple, ya a solo cuatro del récord absoluto (127) de Kyle Korver. Sin acelerar y casi sin rival enfrente, Curry correteó por la pista anotando a su antojo y dando un par de pases de fantasía en la undécima victoria consecutiva de su equipo, que mete más de 115 puntos por partido (lo dicho: sin pisar el acelerador salvo cuando es estrictamente necesario) y que también amenaza (ahora mismo 113,1) el mejor rating ofensivo de una temporada completa: 115,6 de los Lakers del showtime en la 1986-87.

Los Suns, con su propia plaga de lesiones y sus decisiones desconcertantes, lanzaron una rotación de ocho jugadores que fue ajusticiada sin demasiada literatura y maquilló el marcador en el último cuarto, con una aproximación de fogueo (81-91) ante un rival que mantenía a Klay Thompson en pista junto a la segunda unidad. A los Warriors no les hizo falta más. Ahora llega el All Star, los focos y el merecido baño de multitudes para sus representantes… y a partir de ahí, la hora de la verdad. La carretera hacia el 72-10 y, sobre todo, el ascenso hacia el segundo anillo consecutivo. Y después del All Star, siempre es así, todo sucede muy deprisa. Habrá que abrocharse los cinturones.