Estudiantes 102 - Barcelona 96

Un Estudiantes capaz de todo

Como ante el Real Madrid, el Estudiantes remontó: es la primera vez desde hace ocho años que gana en su pista a Madrid y Barça. Los de Xavi Pascual, de mucho a muy poco.

En las dos últimas semanas, el Estudiantes ha vuelto a sentirse importante. Casi de repente, después de cuatro derrotas seguidas. Pero de la nada, o eso ha parecido aunque detrás hay una profunda lección de trabajo y fe, ha sacado dos victorias ante Real Madrid y Barcelona. Y ha firmado un acuerdo con Movistar y ha fichado a un jugón de caché europeo como Pietro Aradori. Para dar un poco de perspectiva a un hecho que es, en los tiempos que corren, una hazaña: desde la temporada 2006/07 no ganaba el Estudiantes a Madrid y Barça en su pista, ese Palacio que también se ha vuelto a sentir importante. Porque su equipo lo es precisamente cuando se acuerda de que lo es. Una paradoja a la altura de otra: cuatro triunfos sólo en ACB, dos ante los cocos.

No jugó Aradori y no jugó Edwin Jackson, fichado por el Barcelona y más necesario tras otra lesión muscular de Navarro, que había vuelto a jugar el viernes en Atenas, en un partido que terminó (después del aviso de bomba) pasadas las once de la noche. Esos breves lapsos entre Euroliga y ACB penalizan a los equipos, por mucho presupuesto gigantesco y plantillas kilométricas que tengan (como es el caso). Eso explica en parte la decadencia final de un equipo maravilloso en el primer cuarto y desquiciado en el último, que pasó de ganar 21-36 en 11 minutos y anotar 50 puntos en menos de 17 a desmantelarse en ataque y deshacerse en defensa. Navarro se lesionó justo cuando entraba en calor, Huertas pasó de pilotar con maestría un bólido a estrellarlo contra un muro y el Barça se ahogó por una tonelada de tiros fallados (sin Navarro, Oleson y Abrines) y una defensa poco inteligente cuando el Estudiantes cerró el partido a base de sacar tiros libres con acciones individuales de jugadores abiertos. Jekyll y Hyde: el Barça tardó más de seis minutos en fallar su primer tiro y sólo perdió un balón en el primer cuarto (21-31). Terminó con un 3/13 en triples y siete pérdidas en el segundo tiempo, la mayoría de un Huertas que terminó descalificado.

El Estudiantes que saldrá en la foto será el que atronó en el segundo tiempo entre mates de Nacho Martín, canastas sobre el límite de la posesión de Salgado (una tortura china para la defensa rival) y tiros de media distancia de Slokar. El que sacó petróleo del rebote de ataque y defendió agrupado. En cuanto se lo creyó: de 56-62 a 89-79 en diez minutos. Pero seguramente el Estudiantes que ganó el partido fue el primero, el que intercambió golpes y salió vivo de un primer tiempo en el que pareció a punto de descarrilar. Otros lo habrían hecho. Quizá él mismo lo habría hecho si no hubiera ganado al Real Madrid sólo unos días antes y con otra remontada. Salgado y Van Lacke fueron las razones por las que encajar 57 puntos al descanso no fuera determinante: el Estudiantes metió 50 a la que jugaba como mejor defensa de la ACB. La supervivencia llevó a la fe y la fe a la remontada. Unos cuantos tiros imposibles ayudaron a dar energía a la defensa y esta asentó el ataque. De repente todo fluía, así es el baloncesto, y el partido parecía suyo a pesar del, todavía, 94-91 a dos minutos del final.

Un día muy feliz del Estudiantes, que anotó 60 puntos entre el segundo y el último cuarto, coincidió con un final lánguido del Barcelona. Cansado, desconectado y sin referentes en cuanto Huertas se nubló. Echó de menos en ese final irrespirable a Oleson y echó de menos el pegamento interior que no puso ninguno de los pívots, mal otra vez un Tomic que lleva un par de semanas en letargo. Así llegó, finalmente muy justa, la tercera derrota, que le envía al mismo balance que hace un año en un momento idéntico y a pesar de que las sensaciones han sido mucho mejores: 9-3 antes de jugar contra el Real Madrid y el peligro de quedar ya a dos partidos con paso pendiente por el Palacio. Madera para el Clásico.