Los Lakers vuelven a las andadas
Los Pelicans cierran una racha de ocho derrotas en el Staples ante unos Lakers incapaces de sumar tres triunfos seguidos. Ya 21-40. Gasol, 29 puntos y 12 rebotes.


Entre el 17 y el 24 de noviembre, algo ha llovido, los Lakers ganaron a los Pistons, los Warriors y los Kings. Tres triunfos en casa y tres triunfos seguidos, un hito que no se ha vuelto a repetir y que parece una montaña inalcanzable para este equipo que tenía ahora a tiro escalar su particular ochomil después de ganar otra vez a los Kings, esta vez sin Cousins, y a los Blazers en Oregon y en una de las victorias más improbables de una de las temporadas más improbables de toda la historia laker.
Repetían los Pelicans en el Staples, donde perdieron el sábado de 32 ante los Clippers, con ocho derrotas seguidas en el zurrón. El escenario era tan dócil para los Lakers… que perdieron, porque así es este equipo en los últimos meses después de, recuerdo, empezar la temporada 13-13. A la vista de las circunstancias, un milagro. Ahora están 21-40 con sólo diez victorias en casa y 27 derrotas en los últimos 35 partidos. Total, en el cierre de la Conferencia Oeste (Sacramento y Utah están en 21-39). Para los que apartan la mirada del presente y piensan en el próximo draft, una buena noticia que se tuerce cuando se mira al Este: inalcanzables en lo malo Sixers y Bucks, también están en las 40 o más derrotas Magic, Celtics y ahora los Knicks de las siete derrotas seguidas. Así que ni ser uno de los peores va a resultarse fácil a estos Lakers. El premio, ya se sabe, es Wiggins, Parker y Embiid. Y Exum, Smart, Randle, Voleh…
La derrota llegó en el partido 1.001 de Pau Gasol, que ya no se enreda demasiado en discusiones sobre quintetos altos y pequeños: “¿Lo ideal? Ahora mismo la palabra ideal no entra en nuestro vocabulario. Estamos probando, mezclando, jugando lo más duro que podemos”. Lo más duro que pudieron esta vez, después de un brillante partido en Portland, fue encajar 67 puntos en el primer tiempo ante un equipo arrasado por las lesiones y que ya piensa también en el año que viene, y verse 54-73 recién estrenado el tercer cuarto. Al menos se las apañaron para meterse en el partido y llegar hasta un 125-128 a 18 segundos del final y tras un tiro libre anotado por Gasol, que empezó el partido con los 13 primeros puntos de su equipo y 15 en total para terminar con 29 (y 12 rebotes) y ascender al puesto 90 en la lista de anotadores históricos. Detrás deja ahora a Joe Dumars y Jerry Stackhouse.
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Anthony Davis, que ya tronchó a los Lakers el 8 de noviembre con 32 puntos, llevaba 19 en el descanso y acabó con 28 y 15 rebotes. A los Pelicans se les daban mal los Lakers (9 derrotas seguidas como visitantes) pero eso está cambiando ahora. Porque no hay racha o tendencia que no se invierta cuando se cruza este equipo de D’Antoni, otra vez descosido en defensa y fiado a rachas de metralla exterior que en muy pocos días resultan lo suficientemente estables. Las facilidades angelinas las aprovecharon Eric Gordon (28 puntos), un Tyreke Evans otra vez en crecida en una temporada de apariciones y desapariciones y hasta un Brian Roberts que firmó 19 puntos porque anotó 10 en un espasmo de menos de dos minutos en el último cuarto.
Para los Lakers queda el valor de futuro de las derrotas, es lo que hay, y conclusiones sobre algunos de los que podrían tener un rol en un equipo que promete ser muy distinto la próxima temporada y absolutamente irreconocible dentro de dos. Más les vale a Kupchak y Jimmy Buss, el hijísimo. En ese sentido la mejor noticia es Kent Bazemore, 23 puntos y 17 de media desde que llegó a L.A., un alero fuerte que los propios Lakers han señalado como un interesante proyecto de futuro. Y la que se va viniendo abajo es Kendall Marshall, 0 puntos y 10 asistencias, que parece a punto de perder su puesto en el quinteto en beneficio de Jordan Farmar. Nada más, sólo que ya restan apenas 21 partidos para que comience el futuro en los Lakers. La venganza será “rápida y dulce” dice Kobe Bryant. Y es probable, porque los Lakers siempre vuelven y casi siempre saltándose los plazos a zancadas de talonario. Pero hay mucha, tanta tela que cortar…



