OESTE 155 - ESTE 163

Irving y Carmelo dan el triunfo al Este pese al show de Griffin

El base de Cleveland fue el MVP con 31 puntos y 14 asistencias; el alero de los Knicks le acompañó con 30 puntos. En el Oeste, 38 puntos de Griffin y Durant.

Nueva Orleans
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NBA

Sobre Nueva Orleans, ciudad de tempestades, ciénagas y carnavales, el All-Star Game número 63 descargó una erupción de puntos y récords con la potencia de un volcán. Y todo, con primer balón oficial de la NBA que, desde 1984, no lleva la firma de David Stern, sino la de Adam Silver, el nuevo Comisionado. Un parcial de 60-35 en los últimos minutos rescató a la Conferencia Este de una racha de tres derrotas en los Partidos de Estrellas: el 155-163 que selló el triunfo del Este impone una nueva plusmarca total de puntos, al desbancar los 303 de 1987, en Seattle (154-129 para el Oeste). Además, Melo Anthony también facturó un nuevo récord de triples conseguidos en la noche de las estrellas: ocho aciertos sobre 13 intentos, de paso para 30 puntos. El octavo triple de Melo, a 1:04 de la sirena final, impuso un 159-155 que, a esas alturas, sonó como una losa que cayera sobre el desfondado Oeste.

Al descanso (89-76 para el Oeste) ya se había establecido una nueva plusmarca para los dos primeros cuartos, con 74 aciertos entre los 132 tiros de los dos equipos… y con Blake Griffin imponiéndose a base de brutales hachazos que iban asestados con manazas como ‘tomahakwks’. Chris Paul concretaba con Griffin la conexión aérea que produce la ‘Lob City’ de los Clippers en L. A. Pero entre los minutos 32 y 36, el Oeste se atascó: y anotó cero puntos en ese tramo, justo el único en el que un equipo, el Este, defendió con cierta honestidad. Con 31 puntos y 14 asistencias, Kyrie Irving, el base-centella de los Cavs, clave en la reacción del Este, alzó el Trofeo al Jugador Más Valioso, MVP. Griffin y Kevin Durant coincidieron en 38 puntos finales, a sólo cuatro tantos, cada uno ellos, de la plusmarca individual de 42 puntos de Wilt Chamberlain, en 1962. Pero Durant y Griffin sí saltaron una curiosa barrera del All-Star Game: la de más puntos combinados por dos compañeros de equipo…

Dentro de este ardiente río de lava concentrada en ataques constantes, que sólo se remansó para festejar en la pista el 80 cumpleaños del gran Bill Russell (con Kobe Bryant de invitado especial), un tal LeBron ‘King’ James, ya diez veces ‘allstar’, ofreció ejemplo de… sensatez. “No voy a buscar ser MVP. Jugaré en busca del triunfo del equipo y para facilitar oportunidades a los compañeros: los del Este hemos perdido los tres últimos partidos y quiero acabar con esto”, había anunciado ‘King’ James en el pasillo de salida a la pista del Arena de Nueva Orleáns. LeBron cumplió su palabra: se fue del Arena con unos ‘modestos’ 22 puntos (tras un comienzo arrollador) más un olvidable 0/7 en triples: pero en el último cuarto, James irrumpió en el corazón del partido y apareció como un profeta demoledor en la caótica cima de este Vesubio de puntos.

Y Nueva Orleans, la ciudad que olvidó las preocupaciones, 'The Big Easy', volvió a sumirse en la noche calmada de Louisiana. Desaparecieron los raperos, la ‘Lob City’ de los Clippers, los ‘tomahawks’ de Griffin, la seda de Paul, la mano de Durant, el instinto ganador de LeBron y los triples de Carmelo Anthony. Pasó el volcán de la NBA, como también pasó el ‘Katrina’. Y en el Delta del Mississippi, en vísperas de Mardi Gras, ‘Proud Mary’ brilla y escupe humo con cachaza, con su calma y encanto de siglos.