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Pablo Laso y Georgios Bartzokas: duelo de pizarras en la gran final

La final desde los banquillos

Pablo Laso y Georgios Bartzokas: duelo de pizarras en la gran final

Pablo Laso y Georgios Bartzokas: duelo de pizarras en la gran final

Los entrenadores del Real Madrid y del Olympiacos se enfrentan hoy en Londrés a su primera gran final europea. Analizamos el estilo y personalidad de los dos técnicos.

Pablo Laso

Madridista hasta la médula desde que su padre lo llevaba al Bernabéu, discutido antes de empezar y admirado ahora -muchos han pedido en Twitter que sustituya a Mourinho-, Pablo Laso ha tenido la suficiente audacia para conseguir algo que pocos entrenadores habían logrado antes en el equipo blanco: dotarle de un estilo propio, reconocible y del gusto de los aficionados. Además, su Madrid galopante, vistoso y alegre en ataque ha adquirido esta temporada una notable consistencia defensiva, con la que ha dado el paso definitivo hacia el éxito.

Como jugador era todo generosidad y casta, base eléctrico al que se le había quedado una espinita clavada en su paso por el Madrid. En 1996 jugó la Final Four cayendo en semifinales contra el Barça. El viernes vengó esa afrenta y hoy puede rematar la faena. "El que sepa imponer sus situaciones de equipo se llevará el triunfo. Lo importante es el conjunto, no las individualidades", dice Laso.

Georgios Bartzokas

La escuela griega de entrenadores, por cercanía y por la sombra alargada de Obradovic, se parece a la yugoslava. Y de esas fuentes ha bebido Georgios Bartzokas (47 años), un tipo duro, pero sociable, insistente en lo táctico. Baloncesto de ajedrecista visto por los ojos de su líder, Spanoulis, aunque no se casa ni con él. Hoy intentará que el título se quede en Grecia por tercer año seguido y quizá le parezca más fácil que relevar al maestro Dusan Ivkovic. La prensa de Atenas le criticó, pero aquí está, al final del camino, el que no recorrió como jugador porque una lesión le retiró con 22 años. Su progresión ha sido meteórica: empezó en la sexta división y creció arropado por Giannakis. Hizo historia en el modesto Larissa y se coló en el Top-16 con el Maroussi. Ahora sabe lo que le espera: "Le diría a mis jugadores que no lean los periódicos, porque en mi país se pasa de la gloria al fracaso rápidamente. Carácter mediterráneo".

 

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