Ros Casares: la obsesión por ganar la Euroliga, su fin
La apuesta por el título que les faltaba costó tres millones

Hace 13 años la empresa acerera Ros Casares tenía la necesidad de crecer y por eso decidió trasladar a su equipo de baloncesto femenino de Godella a Valencia. Los peces son más grandes en la capital, y mientras todo era crecimiento, el talento familiar estaba centrado en el deporte. Francisco Ros García ejercía de presidente y el equipo ganaba y la empresa también. La crisis le exigió dejar el deporte y centrarse en su empresa. Entró a la presidencia del equipo Germán Ros y éste dio mando en plaza a Carmen Lluveras.
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Con ella llegaron los títulos y la época más dominante de un equipo español en su deporte. Lo ganaron todo, pero las armas de la directora general empezaron a ganarse también enemistades dentro del club. Siete entrenadores, tres de ellos despedidos a mitad de temporada por no permitir que les diera órdenes en los entrenamientos. Y, mínimo, tres cambios de jugadoras en los últimos tres años con la temporada iniciada. Y ahí ha venido el problema. Con Francisco Ros Casares centrado en la empresa, el equipo tenía viabilidad unos años más, pero los constantes gastos provocados por la gestión de Lluveras han hecho que los recursos se agoten antes, y la empresa no ha podido sobrevivir a la crisis y deja el baloncesto de élite.
Las prácticas de Lluveras, con amenazas incluidas a periodistas que no acataban sus directrices, han sido, entre otras, multas excesivas a jugadoras e incluso despedir a una de ellas a las 10 de la noche diciéndole que a las 8 de la mañana del día siguiente el piso tenía que estar vacío. Cegada por conseguir una Euroliga, que consiguió hace un par de meses, exigió al presidente que pusiera este año más de tres millones de euros y eso ha supuesto la muerte del club.



