De la supervivencia al sueño

euroliga | pe valencia 66 - real madrid 75

De la supervivencia al sueño

De la supervivencia al sueño

Un último cuarto excelente con un Fischer estratosférico pone al Real Madrid a un paso de la Final Four de Barcelona. El equipo blanco sobrevivió durante tres cuartos y sentenció al final.

He visto al Real Madrid de Molin divertirse. Por fin y en el escenario y las circunstancias más difíciles. Y la diversión, porque el baloncesto es un juego aunque en ocasiones sea el juego de la guerra, tiene premio y el premio es un pie en la Final Four de Barcelona. La tiene en la mano, nunca tan cerca tras tanto años de decepciones. Tiene dos billetes, uno en Valencia y otro en su pista. Parece imposible, parece tan cerca que hará bien en no confiarse y aguardar al último baile. Porque cuando más cerca se está es cuando tantas veces desaparece el suelo bajo los pies. Y el Madrid tiene un buen ejemplo en este partido: hubo dos momentos, dos instantes críticos con la eliminatoria en el precipicio, en los que parecía improbable que el Real Madrid ganara en una Fuente de San Luis que escupía llamaradas de fuego.

Pero el Real Madrid, si se purgan la atmósfera asfixiante, las escaramuzas épicas y los minutos electrificados por la tensión, ganó imponiendo la lógica, imponiendo sus armas. Era más fuerte en la zona y ahí se llevó un partido en el que además supo, como otras veces o todavía más, sufrir y sobrevivir. Durante muchos minutos le sostuvo Tomic y en la hora final apareció (pívots, pívots, pívots...) un Fischer imperial que dinamitó el último cuarto. El partido se ventiló en el 15-27 de ese último parcial con el gigante norteamericano sumando desde todas las distancias y gobernando los dos aros. Su exhibición, antológica, explica cómo un jugador hasta entonces intrascendente se convirtió en héroe de una noche heroica: 19 puntos, 8 rebotes, 2 tapones, 27 de valoración. Power Electronics, que lo tuvo muy cerca, se desfondó y se desquilibró, y vivió de triples estériles de Savanovic, una sombra del equipo que muy poco antes parecía embalado hacia la victoria.

Porque el equipo de Pesic lo tuvo, lo rozó y dejó vivo a un Real Madrid que salió a flote con litros de sudor cuando estuvo contra las cuerdas: a un 30-19 en el segundo cuarto le siguió un 2-10 y una canasta sobre la bocina de Mirotic (la única) para el 34-31 al descanso. En el tercer cuarto se llegó a un 51-43 con colapso de un Real Madrid que amenazaba quiebra. Un par de zarpazos, un triple de Llull y 51-48, listo para el último cuarto y el directo final a la mandíbula. Por circunstancias del juego o por lectura de Molin, un recital en el que no participaron los que habían sostenido hasta entonces al equipo: Prigioni y Tomic. A base de una defensa extenuante con Llull absorbiendo a Rafa Martínez, Fischer y Felipe cerrando el aro y Suárez creando juego y tiros de sus compañeros a golpe de extra pass. Una lección de diez minutos que vale medio billete para el Sant Jordi.

A Power Electronics le faltó vuelo cuando mandó y aliento y temple cuando el Real Madrid jugó cuesta abajo. Fue mejor mientras el partido salió de la cabeza de Pesic, cuando Cook agotó posesiones y encontró pases en el pick and roll (8 asistencias y 10 puntos para el base) y fue mejor cuando Rafa Martínez pudo tirar (sólo en el arranque) y Javtokas y Lishchuk controlaron a un Tomic ingobernable en el primer tiempo. Tuvo el partido bajo llave contra unos Reyes, Llull, Suárez y Mirotic irreconocibles durante muchos minutos. Pero perdió en el último cuarto, seguramente el determinante de la serie. Ahora al equipo valenciano, al que el sueño se le escurre entre los dedos, le quedan 48 horas para hacer terapia intensiva, recuperar el ánimo y el músculo y llevar la serie a la batalla histérica y brutal del quinto partido. Puede hacerlo, pero ahora mismo las apuestas apuntan claramente al blanco.