Baloncesto | Playoffs NBA

Gasol y los Lakers dan a Durant el primer recado

Artest frenó al 'thunder' y Pau firmó un doble-doble

<b>INTIMIDA. </b>Pau Gasol machaca el aro de los Thunder.
Héctor Martínez
Subdirector de AS
Nació en Madrid en 1969. Licenciado en Ciencias de la Información (Periodismo) por la Universidad San Pablo CEU. Entró en el Diario AS en 1991. Hasta 2017 ejerció como redactor en las secciones de Baloncesto, Cierre, Más Deporte, Fútbol y Motor. En 2016 es nombrado redactor jefe de la sección de Motor. Desde 2017 es subdirector del diario.
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Fue un triunfo con anestesia, un goteo de puntos del que los Thunder sólo despertaron cuando sus rivales, los jugadores de los Lakers, enfilaban ya el camino del vestuario. Tarde. De principio a fin, los campeones dominaron a su antojo y llevaron el 1-0 al casillero de la eliminatoria. El anuncio de Kevin Durant y su veneno fue sólo eso, un anuncio. No era noche de truenos en L. A.

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Sí fue noche para Pau Gasol, que volvió a descubrir bajo el pañuelo un nuevo doble-doble (17 puntos y 13 rebotes). Y van 41 esta temporada. De inicio, él y Andrew Bynum dibujaron el skyline angelino con esas dos torres gemelas que tienen poca respuesta en la Liga. Los dos primeros puntos fueron de Pau; los cuatro siguientes de Bynum. Y poco a poco, desde ahí, desde el poder interior, los Lakers fueron enviando un recadito a los novatos Thunder.

El discurso ganaba fuerza con la voz cruda de Artest, elegido por Phil Jackson perro de presa de Durant, que aterrizaba en los playoffs como máximo anotador de la temporada regular: 30,1 puntos, por delante de pichichis como LeBron James (29,7) o Carmelo Anthony (28,2). Durant anotó menos y el testigo lo tomó Westbrook, quien con un espectacular vuelo acercó a Oklahoma en el tercer cuarto (48-58). Los Thunder se lo creyeron. Apretaron los dientes y exigieron de los Lakers un esfuerzo extra. Más aún cuando se situaron a seis a cuatro minutos del final: 71-77. Pero surgió entonces la magia de Kobe, sus canastas en filigrana, y los talentos de Odom y Gasol. También la bisoñez de unos Thunder a los que el brillo del Staples pasó factura.

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