La montaña rusa y Lazaros

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El Real Madrid se encuentra como cualquier chiquillo que monta por primera vez en una montaña rusa. Después de la angustia de la última bajada, comienza a subir y a pensar en lo que se encontrará al final de la rampa. En la subida ha hilvanado tres triunfos; sin embargo, no se siente fuerte. No, todavía. Valencia y el Pamesa, con Spahija, su nuevo técnico, le aguardan en el siguiente descenso. Si pasa la prueba, empezará a disfrutar, se le irán los miedos.
Pero para que el Madrid aspire a algún título, además de inercia y confianza, necesita un pívot grande que asegure el rebote defensivo. Básico y difícil a la vez. No le vale sólo con integrar a los nuevos, con que Tomas anote, Massey sume y Hosley supere el hervor que le falta. Precisa de una torre que descargue a Reyes de trabajo, que dé tranquilidad al equipo. Y no, no miren a Lazaros. El griego mantiene una buena actitud, pero no rebotea. En defensa atrapa un rechace cada 13 minutos. Nada más que decir. Muchos bendijimos su fichaje. La realidad demuestra que nos equivocamos. El jugador es culpable; Plaza, también, y el problema sigue ahí. No se solucionará hasta que llegue otro pívot.



