El Madrid se levanta de la tumba en Badalona
Perdía por 18 puntos y ganó por 11 tras un parcial final de 0-20


Noche de hechizos en Badalona. El que embelesó a los de Plaza para volver de la tumba y el maléfico, el que enterró a los locales bajo el parqué. A ocho minutos de la bocina el DKV Joventut vencía por nueve puntos: 68-59. Mallet firmaba 24 puntos, era el martillo que claveteaba el ataúd del Madrid. Entonces sobrevino el embrujo, el que maniató de manera inconcebible a cada jugador de la Penya, el que lanzó al Madrid hacia un triunfo imposible. Plaza tiró de los veteranos en el club (Raúl, Bullock, Mumbrú, Hervelle y Reyes), como en otros descalabros previos; o ellos, o nadie. Su intensidad y su garra obraron el milagro al encadenar un parcial final de 0-20 que reventó el choque. El Joventut no volvió a sumar un punto en lo que restaba de duelo. Cero. Mallet desapareció y su equipo murió en medio de un carrusel de tiros sin sentido. Enfrente, el Madrid peleaba por cada balón, sus pívots atrapaban todos los rebotes, y Raúl y Bullock se agigantaban en ataque, asumiendo protagonismo con eficacia. También Mumbrú, valiente, encarando siempre en el poste bajo.
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El Madrid impuso por primera vez esta campaña su poderío físico. Y lo hizo ante un Joventut dañado en la línea de flotación, sin Ricky y sin Mensah-Bonsu. Mientras los verdinegros robaban balones y añadían algún triple, su ataque se mantuvo fluido. Sin embargo, cuando el Real taponó la herida (19 pérdidas), las torres Norel, Sonseca y compañía se diluyeron como un azucarillo, incapaces de definir en uno contra uno. Aprovecharon de inicio los malos ajustes defensivos del rival; luego, Reyes, Hervelle y Massey se los comieron.
El arreón final fue espectacular, pero hubo más antes. Porque en el minuto 22 la Penya bailaba a su enemigo por 18 puntos: 53-35. La angustia inundaba al Madrid, atenazado como un juvenil en su estreno. Pintaba derrota con consecuencias, hasta Reyes naufragaba desquiciado. En cambio, con la presión a toda cancha llegó la fe blanca. A campo abierto, por fin Massey se destapó. Fue clave en esta primera reacción. Siete minutos después había encuentro: 59-57. Mallet pegó un tirón, insuficiente para escapar del derrumbe. El Madrid golpeó con tal fuerza, 0-20, que temblaron los cimientos del Olímpic.



