El Tau vuelve a llorar
Tampoco pudo ser en Madrid. El Tau Vitoria cayó en su cuarto asalto a la Final Four ante el CSKA y mañana luchará por el tercer y cuarto puesto con un Montespachi que se desinfló en la segunda parte frente al Maccabi.


Tenía Neven Spahija una maldición encima con nombre y apellidos: Ettore Messina. Doce veces se habían enfrentado y sólo en una el croata le había ganado la partida al italiano, que además aterrizaba en Madrid con una credencial de peso: 6-0 de balance en semifinales de la Euroliga, récord no igualado por nadie. Pues sumen una derrota más en el haber de Spahija. No se quitó la espina y queda raspa por delante. Su revés fue idéntico al que sufrió todo el Tau, a quien de nuevo la Final Four maltrata. Y de qué manera. Cuatro años seguidos sin premio ni consuelo. Duro.
Fue tan igualado el partido que para encontrarle la llave hay que plantarse en el minuto 34. Una falta pitada a Rakocevic en un lanzamiento de Langdon (el serbio juraba haber tocado balón) permitió al CSKA coger aire (61-65). Cuatro puntos que pueden parecer poco, pero no en el duelo de ayer. Suponían aire limpio, a pleno pulmón. Acto seguido, dos canastas de Papalukas dibujaron el 61-69 y un parcial de 0-10 del que el Tau ya no se recuperó. Diez puntos y, lo que es más grave, el efecto de convertir lo que quedaba de encuentro en un baile de reproches de los jugadores baskonistas al trío arbitral. De ahí que Planinic celebrara la canasta que rompía la sequía del 0-10 con el puño cerrado y la rabia contenida, pues reclamaba una falta. La hubo, pero
Esos minutos de permisividad arbitral echaron por tierra lo que el Tau había construido hasta entonces. Por ejemplo, gracias a un buen Planinic, a quien en defensa Messina situaba a Langdon en lugar de a Holden. Y al buen trabajo del tándem McDonald-Splitter, que mantuvieron frío a Andersen. Enfrente eran Siskauskas y Smodis, lo mejor, así que las cosas se cerraban 20-20 tras el primer cuarto, 39-33 al descanso gracias al punch de los pívots vitorianos y 56-57 al término del tercer cuarto.
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Money.
Luego llegó el tirón moscovita de la mano de Papalukas, cuya entrada situó a Holden (el que en el Palacio nos birló el oro en el último Eurobasket) de escolta, y el quiero y no puedo final del Tau, a quien un triple de Prigioni dejó al borde del milagro. Pero no. El CSKA estaba en la final, donde aguardaba el Maccabi Tel Aviv. De nuevo la final del presupuesto. El 'money, money' sí que mete canastas.



