Granger-Rubio, duelo con acné entre colista y líder
Bautismo del charrúa por las lesiones de Gonzalo y Sergio abren la puerta al


De un país de fútbol llega Jayson Antoine Granger para sacar de apuros al MMT Estudiantes. Ha querido el destino -y las lesiones- que el base uruguayo tenga su bautismo de fuego en la ACB (los 28 segundos del pasado fin de semana ante Cajasol son testimoniales) con el equipo colista y la visita del líder, el Joventut, que llega a Madrid con el ex presidiario Baxter y Rudy recuperado. "No creo que sea cuestión de ver si la oportunidad llega en un buen o en un mal momento. Simplemente puede que llegue. Yo siempre entreno y trabajo para cuando sea necesario jugar", afirma el canterano.
Nació en tierra de fútbol (Montevideo, Uruguay, 15-9-1989) y llegó hace tres años al Estudiantes, tierra de bases. Azofra ya no está, o sí está, pero en el banquillo, y Gonzalo Martínez y Sergio Sánchez están como están: el primero intervenido por una calcificación en su rodilla izquierda que le tendrá de baja en torno a un mes y el segundo con un pinchazo en el gemelo izquierdo. Problemas extra para un equipo que suma seis derrotas seguidas y que ocupa la última posición de la ACB. Histórico. Peligroso, aunque el club respalda a Mariano de Pablos. Y ayer era Jasen quien lo hacía: "El grupo está muy unido y confiamos ciegamente en Mariano como él en nosotros".
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Hacen piña con Gonzalo vestido de largo y Sergio duda-dudosísima. El doctor Soriano cifra en "un 10%" las probabilidades de que el base gaditano juegue, así que hay que idear algo. Dos son las balas en la recámara: una, utilizar a Lorbek en ese puesto, la otra dar minutos (muchos) a Granger. Para eso llegó al Estu y recibió el pasado fin de semana el tránsfer FIBA para poder jugar en la ACB.
Granger tiene el semáforo verde y en el carril de al lado acelera Ricky Rubio, otro baloncestista con acné. "No le conozco mucho, si soy sincero. Pero es una oportunidad de demostrar lo que soy capaz de hacer ante jugadores de mi generación", apunta Jayson, hijo de un estadounidense que jugó en Uruguay, nieto de italianos (de ahí su pasaporte) y un alumno más de ese Ramiro edificado sobre tierra de bases. De ese Instituto-Club-Familia que hoy entrega la insignia de oro y brillantes a Alejandro Gonzalo Varona, bajo cuya presidencia llegó el último título, la Copa del Rey de 2000. Cómo pasa el tiempo, ¡si hasta Reyes está en el Real Madrid!



