Euroliga | Brose Baskets 49 - Real Madrid 59

Felipe Reyes también encesta contra el sopor

Fue el mejor del Madrid ante un flojísimo Bamberg

<b>MÁS REBOTE. </b>El Real Madrid dominó bajo los tableros.
Héctor Martínez
Subdirector de AS
Nació en Madrid en 1969. Licenciado en Ciencias de la Información (Periodismo) por la Universidad San Pablo CEU. Entró en el Diario AS en 1991. Hasta 2017 ejerció como redactor en las secciones de Baloncesto, Cierre, Más Deporte, Fútbol y Motor. En 2016 es nombrado redactor jefe de la sección de Motor. Desde 2017 es subdirector del diario.
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El partido más aburrido de la temporada, el resultado más discreto (49-59), la victoria como mejor -quizá única- lectura del tercer capítulo de la Euroliga. Así zanjamos el Brose Baskets-Real Madrid, en el que a los blancos les bastó apretar en el último cuarto para volverse de Nuremberg con buena cara. Fue Reyes la mejor noticia madridista. Demostró que se ha recuperado plenamente de la lumbalgia que le tuvo KO un par de semanas. Con olfato reboteador -ése no lo pierde ni aunque deje de jugar un año- y de nuevo el tirito a cuatro metros, incluso en suspensión, lideró la sentencia blanca.

Mientras el partido anduvo igualado, el Brose se sintió a gusto, con Hamann acertado y Okulaja demostrando que los años no cambian ni un ápice su percha de jugador. La mejor noticia de que Bullock sea baja es que de ese modo Charles Smith disfruta de más minutos para demostrar que él también es letal. Su gran virtud es ésa, llegar a nuestra ACB siendo un killer en Scavolini y haberse adaptado a lo que Plaza quiere de él. Un profesional con todas las letras. Smith sumaba (15 puntos al final) y Plaza alternaba con Raúl y Tunçeri en la dirección. El primero anduvo despistado, el segundo firmó dos triples. Otros dos de Smith lanzaron al Madrid (21-27) y uno de Okulaja cerró el partido al descanso con ventaja local (31-30). Fue a partir de ahí cuando los pívots alemanes claudicaron ante Reyes y el Madrid sorprendió con jugadas en las que el cordobés y Papadopulos eran quienes asistían al poste a Mumbrú. Acelerón final y victoria en un partido que resultó casi tan oscuro como el traje negro-negrísimo de Bauermann, técnico local. Tres de tres, postal blanca desde Nuremberg.

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