Desde 1968 no se premiaba a una promoción sin jugadores

Héctor Martínez
Subdirector de AS
Nació en Madrid en 1969. Licenciado en Ciencias de la Información (Periodismo) por la Universidad San Pablo CEU. Entró en el Diario AS en 1991. Hasta 2017 ejerció como redactor en las secciones de Baloncesto, Cierre, Más Deporte, Fútbol y Motor. En 2016 es nombrado redactor jefe de la sección de Motor. Desde 2017 es subdirector del diario.
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La primera cosecha de hall of famers data de 1959. Excelente año aquel, con James Naismith, el inventor de baloncesto, como cabeza de cartel. Figuraban también en aquella lista los Boston Celtics, entonces intratables en la NBA.

La promoción de 2007 es especial, pues es la primera desde 1968 que no cuenta con un jugador en su nómina. Un equipo, Texas Western (1966), un árbitro, Marvin Rudolph, y cinco entrenadores, Van Chancellor, Pedro Ferrándiz, Phil Jackson, Mirko Novosel y Roy Williams, forman la relación de premiados. Todas las leyendas del baloncesto (Abdul-Jabbar, Bird, Magic, Russell, Jordan, Chamberlain...) están en el selecto club del Hall of Fame, en el que algunos figuran por partida doble, como los casos de Lenny Wilkens o John R. Wooden, en los apartados de jugador y entrenador.

El béisbol abrió el camino y el del hockey está en Canadá

Si algo tiene el deporte estadounidense, un denominador común entre sus especialidades, es el reconocimiento que rinde a sus grandes leyendas. Ésa es la razón de ser del Hall of Fame. El béisbol fue el primero de los grandes deportes en rendir tributo a sus estrellas. Fue en 1936, con mitos como Ty Cobb y Babe Ruth liderando la votación de aquel año. Su lema lo dice todo: "Preservar la historia, honrar la excelencia, unir generaciones". El único que no está en territorio estadounidense es el de hockey -en casa de nuestros Calderón y Garbajosa- y en el caso del boxeo, el World Hall of Fame está en la Costa Oeste (Riverside, California), aunque también se reconoce el International Hall of Fame de Canastota (Nueva York).

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Ferrándiz y su legado

Algunos objetos cedidos por Pedro Ferrándiz quedarán para siempre en el Hall of Fame, como esta placa del COE o el trofeo que le acredita como mejor entrenador español de la 74-75.

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