Azofra se corta la coleta
El Magariños se llenó en el homenaje al base madrileño


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Vestido de torero. Así fue como Nacho Azofra se despidió de su afición, de su gente, de la familia del Ramiro de Maeztu. Nadie faltó. Lleno en el Magariños, la que fue y será su casa. Y en boca de todos el lema que marca al Estudiantes: formar jugadores. Así lo reconocían Juan Francisco Moneo, quien fuera presidente cuando Nacho llegó al primer equipo (temporada 88-89), o Pepu Hernández, el entrenador que más minutos ha tenido a Nacho sobre el parquet. "Es un momento para disfrutar. Nacho está respaldado por los datos, por su baloncesto, pero por mucho más: por su comportamiento personal y humano". Por eso nadie le falló. Gil, Montes, Pedro Rodríguez, Rementería, Antúnez, Orenga, Vandiver, Thompson...
Baloncesto de fantasía y de recuerdos en un Magariños en el que la Demencia, cómo no, puso el humor. "Pesetero, pesetero", le cantaron a Nacho cuando, tras el descanso, cambió la camiseta amarilla por la azul del otro equipo. Era el partido de viejas glorias, el aperitivo del Estudiantes-Iurbentia Bilbao (83-81) de después, en el que Nacho era segundo entrenador. "He sido muy feliz aquí y esto no lo olvidaré, por más que este tipo de actos no vayan con mi carácter", nos confesaba Nacho. Lo suyo es jugar. Eso mismo, jugar, es lo que la Demencia pidió a Pepu, ("¡Que salga Pepu!") quien se lo pasó en grande en el banquillo. "Aquí se forman personas a través de los jugadores. Nacho es un buen ejemplo", decía Orenga. Lo es. Por eso toda la familia del Estudiantes, del Ramiro de Maeztu, quiso estar junto a Nacho. Mitad jugador, mitad torero. Olé.



