Baloncesto | Eurobasket 2007

El 'verano mochilero' no pasa factura a Nowitzki

Viajó por albergues de Oriente para desconectar

<b>ENTRA EN JUEGO. </b>Nowitzki ha mejorado respecto a los amistosos.
Enrique Ojeda
Actualizado a

Una pareja de edad intentaba comprar dos entradas en el Palma Arena: "Nos hemos enterado de que juega Nowitzki. Somos de Wurzburg como él, y queremos verle". No querían ver a Alemania, querían ver al de los Mavericks. Tampoco se interesaron por sus otros vecinos de la selección, Greene y Garrett, de padres americanos pero criados y crecidos con Dirk en los mismos parques. En realidad, esta pareja que vive su retiro en Palma opina, quizá sin saberlo, que Alemania es un hombre, como el resto del mundo.

Lo dijo Barton, el checo: "Alemania es Nowitzki". Y lo dice el lituano Siskaukas: "Nosotros tenemos un bloque, los alemanes a Nowitzki. Es la diferencia. Un hombre solo, aunque sea Nowitzki, es muy difícil que gane un campeonato". Ayer lo repitió Bauermann, el seleccionador alemán: "Les he dicho a mis hombres que pierdan el miedo, que no se intimiden por tener a un jugador de la NBA. He pedido que no se discrimine a la hora de pasar, que envíen el balón al mejor situado".

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Dirk desea ser uno más. Es un tipo afable y campechano aunque sea el deportista alemán de más caché. Su único privilegio, que se sepa, es retrasar en unos días su llegada a la concentración. Se lo pidió al seleccionador, que necesitaba descanso tras un año duro en la NBA aunque en los playoff acabase pronto la temporada. Se tomó cinco semanas de reposo para purificarse de baloncesto, y le dio por marcharse al Extremo Oriente, pero no como un turista en primera clase y en hoteles de lujo. Dirk, de la mano de su mentor, el viejo Holger Geschwindner, al que hace un par de años sufragó una multa de varios millones de euros con el fisco para que no fuese a la cárcel, visitó Nueva Zelanda, Australia y Taití, con mochila y durmiendo en albergues de estudiantes. Nada de lujo asiático, todo muy espartano.

El problema es que a la vuelta Dirk ha tardado en rendir, quizá agotado físicamente por sus andanzas de mochilero. Sin embargo, en el primer partido del Europeo, despejó todas las dudas de un plumazo: 35 puntos del ala, el único de todo el Europeo en superar la treintena. "Mentalmente está formidable; pero en cada partido mantiene una guerra. Le cosen a golpes", dice Femerling de su colega, con el que comparte una manía: irse juntos al vestuario un minuto antes del salto inicial, para descargar la vejiga.

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