Vuelve el Madrid
Entre el black power (Smith and Bullock) y la fuerza nacional del tridente Reyes-Mumbrú-López, el Madrid diseño una nueva gesta europea en Charleroi. Diez años después, el Madrid volvió a su sitio natural: la cumbre.


El imperio. El Rey ha vuelto. El Madrid rescató en Charleroi su orgullo herido en Europa después de diez años de sequía. Se llama Copa ULEB, pero podrían denominarla la Copa del Orgullo Vikingo. Mis ojos enrojecidos por la falta de sueño y el humo del Spiroudome vieron cómo más de 2.000 fieles gozaron del éxito con un entusiasmo que ni siquiera atisbé en la recordada Liga del triple de Herreros. Madridistas ilustres de la Peña los Ye-Yés de Bruselas, fieles irreductibles, llegados por tierra y aire desde Jaén (Peña Iberis), Móstoles (Peña los Corbatos), Navacerrada (Peña Espinosa), Córdoba (Peña Posada), Plasencia, Los Hermanos de Carabanchel, Fanáticos de Tunceri, Peña Cinco Estrellas, 7 Cobeña, ¡Grande Forchi!, Moratalaz y los infatigables adolescentes de la Peña Bersekers, que cautivaron con sus cánticos hasta emocionar a esa vieja guardia formada por Antúnez, los Llorente, Iturriaga, Corbalán y Ferrándiz. Don Pedro fue el artífice que escribió el primer capítulo de la historia más grande jamás contada: 8 Copas de Europa, 2 Intercontinentales, 1 Mundial de Clubes, 4 Recopas, 1 Korac y 1 ULEB. Échale guindas al pavo...
Primer título. Ramón Calderón es un presidente que no necesita pasar por el aro porque siempre fue un loco del basket. Le conocí en 1993 en la Final Four de Atenas y desde entonces no se ha perdido una. Anoche pasó del goloso palco VIP y disfrutó de la gesta a un metro del banquillo de Joan Plaza, un técnico llamado Milagro. El presidente recibió dos llamadas de felicitación sincera de Esperanza Aguirre y de Jaime Lissavetzky nada más acabar la fiesta, pero del alcalde Gallardón no hubo noticias. Esperamos que esta tarde sea capaz de pedirle disculpas al presidente del club deportivo que más prestigio da a la capital.
Viva Lituania y olé. Rytas, lo que se da no se quita. Los hijos de Sabonis acabaron aplaudiendo la exhibición del gigante blanco. Señorío digno de un pueblo entendido en esta materia y rendido a ese baloncesto emergente que sólo nos da buenas noticias desde el oro Made in Japan del pasado verano.
Sentimientos. A media tarde, entendí lo cultivada que es esta rejuvenecida y entusiasta afición blanca. En la Plaza Charles II de Charleroi un grupo fanático del equipo lituano intentó provocar al grito de "¡Barcelona, Barcelona!". Indiferencia absoluta. Esta gente vino a disfrutar de una fiesta y dejaron claro que los victimismos pertenecen a otra época. Sonrieron, les invitaron a una cerveza fría y brindaron por el Zar Sabonis. Una lección que engrandece aún más un triunfo tan justo y merecido.
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Made in Spain. También me llevo en el corazón las lágrimas de dos niños de 14 años nacidos en España pero que viven en Bélgica desde que usaban chupete. No tenían entrada, pero una rápida gestión del directivo Enrique Riquelme les permitió ver cumplido su sueño. Al consumarse la victoria les vi abrazados cantando el We are the Champions. Me miraron y me dijeron entre lágrimas: "Tomás, el Madrid es muy grande. Para los que vivimos aquí es impagable".
Feliz regreso. Bien entrada la madrugada, los autobuses en los que iban los héroes de Charleroi y los directivos se dieron un par de vueltas alrededor de Cibeles. El aperitivo que alimentará el gran alirón liguero del 17 de junio. Fútbol y baloncesto de la mano. Ha vuelto el Madrid.



