"El Barça cerró su sección por las palizas que le dábamos"
Pedro Ferrándiz (Alicante, 1928) es la persona más indicada para hablar sobre tres cuartos de siglo de canastas madridistas, que ahora se celebran: lo ganó todo.

Usted, que tanto tuvo que ver con los momentos gloriosos, ¿cómo define estos tres cuartos de siglo de la canasta blanca?
Como un acertado invento que le ha supuesto al Madrid tanta gloria como el fútbol, naturalmente que en sus límites.
¿Y el momento cumbre?
Cuando salimos a Europa y la televisión, entonces única en España, empezó a ocuparse del equipo y del baloncesto por extensión. Ahí dio nuestro deporte su primer gran salto.
¿Quién ha sido el Di Stéfano de la canasta?
Emiliano. Por su clase como jugador, por su calidad personal y por su amor al Madrid.
¿Tuvo pasta NBA?
Por talento, sin duda. Aquellos eran otros tiempos. Hoy, un Emiliano de 25 años estaría en la NBA, pues tendría lo que el original no tuvo: un físico acorde con las exigencias actuales. Talento le sobraba.
¿Cómo sería el cinco ideal de 75 años del Madrid?
Corbalán, Emiliano, Brabender, Fernando Martín y Luyk.
Tres españoles de nacimiento. Esto supone que Gasol y compañía tuvieron abuelos.
Sin duda. El problema del jugador español es que han debido pelearse con el aluvión de extranjeros, mediocres en elevadísimo porcentaje, que los clubes han ido fichando so pretexto de abaratar el mercado.
¿El mejor entrenador de la historia blanca ha sido usted?
Diría lo que dice la mayoría
Que sí.
Que sí.
¿Y después 'naide'?
Después Lolo Sáinz y Sergio Scariolo hasta llegar al caos Maljkovic, que ha sido un desastre.
A usted, un chaval alicantino, ¿cómo le picó el mosquito del baloncesto?
Fue en un cine de Alicante. Yo ya había fundado un equipo de fútbol, del que era entrenador, presidente, tesorero, ¡todo!
¿Ferrándiz jugó al fútbol?
De defensa leñero.
Volvamos al cine aquel...
Se jugaba un partido entre el Glut y el Montgó, dos equipos alicantinos, y me paré por pura curiosidad deportiva. Me pasó como a San Pablo: me caí del caballo, viví una revelación y cambié de deporte. Me saqué el título de entrenador por correspondencia con el famoso profesor Freddy Borrás, el portorriqueño, que me dio el número uno de mi promoción. Pronto estrené banquillo, en el equipo del Frente de Juventudes de Alicante. Un día decidí marcharme a Madrid, sin oficio ni beneficio.
¿Y eso?
Trabajaba en Sindicatos, pero no me dieron el traslado. Ya en Madrid, Manolo Martínez, que era director de Deportes, me dio trabajo en Educación y Descanso y allí conocí a Saporta, que me ofreció trabajar en la organización de los torneos sociales del baloncesto madridista. A los siete meses se marchó Pepito Garrido, entrenador de juveniles e infantiles, y Saporta me propuso para el cargo. Fuimos campeones de Castilla y de España. Entonces trabajaba también en el Colegio Maravillas y, bueno, por primera y única vez en su historia ganamos los campeonatos escolares.
Con Saporta, cuenta la historia, una vez casi se pegan.
Tanto como eso no, pero sí es verdad que un día me quiso echar del Madrid y se lo dijo a Bernabéu: "Echale si lo ves tan claro", le propuso éste. Saporta le contestó: "Échele usted que es el presidente". Y no lo hizo, claro.
Usted ganó doce ligas, once Copas, cuatro Copas de Europa. ¿Por qué el Madrid pegó tal bajón?
La época de oro acabó con la marcha de Lolo Sáinz por agotamiento, cosa que antes me pasó a mí. Desde entonces caímos en un gran bache que dura ya diez o doce años con la conquista de alguna Liga, pero en plan chispazo aislado. Espero que por fin haya dado el club con la tecla buena.
Florentino recelaba de un deporte cuyas figuras se van a la NBA y lo que queda sale caro.
La NBA es para Europa lo que el Madrid y el Barça para el Terrassa, del que se llevan a los mejores. Y es natural. Que la integración de Europa en la NBA sea la solución está por ver. Una competición integrada entre ambos sólo sería posible en igualdad de condiciones. Pero, aún y así, los poderosos se llevarían a los mejores. Es el capitalismo puro y la propia ambición de los deportistas, que pretenden ganar más partidos y más dinero. Si la NBA viene a colonizarnos, si los Lakers desembarcan para ganar al Madrid por 200 puntos porque se sigue llevando a los buenos, eso no vale.
El arranque de esta temporada ilusiona en blanco.
Ramón Calderón va a ser un presidente decisivo para la sección porque le gusta el baloncesto. Pero le va a costar mucho pues el agujero de estos años ha permitido armarse a la competencia hasta los dientes. Hay clubes puros de baloncesto, como el TAU y Unicaja, que tienen ventaja y va a costar remontarla. Eso sólo se logra a base de mucho trabajo.
¿La cantera blanca existe?
Sí existe, pero ha estado mal aprovechada.
¿Contempló alguna vez la posibilidad de lanzar una opa contra Estudiantes?
¡Ja, ja! No, vamos a ver: una cosa es que la cantera dé resultados y otra que sirva para ganar títulos. En Estudiantes eso ha sucedido pocas veces. Hay que poner en solfa pues el sentido milagroso de la cantera, que sirve para lo que sirve y para dar esporádicamente grandes figuras.
Usted obligó a cambiar el Reglamento. Recuerde a los jóvenes aquello de la autocanasta.
Sucedió en una eliminatoria en Varese, con el Ignis. Empatábamos a 80 a falta de tres segundos, con casi todos los titulares eliminados por personales, y la amenaza de una prórroga de diez minutos. Le dije a Lorenzo Alocén que anotara en nuestra canasta, pues una derrota 82-80 era una bendición para nosotros. Y no fue una trampa, ¡eh! El Reglamento no decía nada sobre esta jugada; lo dijo después, cuando efectivamente se prohibió.
¿Y lo de los rusos y Franco?
¡Ja, ja! Rusia dominaba el baloncesto de clubes y de selección y el Madrid fue el primero que ganó en Moscú a aquel terrible TSSKA que tuvo jugadores tan imponentes como Alachachan o Sergei Belov. Lo de Franco fue que coincidimos con ellos en un grupo de clasificación y perdimos en Madrid por dos, 67-69. Días antes del partido de vuelta, Castiella, el ministro de Exteriores, nos llamó a Bernabéu, a Saporta y a mí: "El caudillo teme que nos peguen una paliza en Moscú", se arrancó. Antes de que don Santiago pudiera reaccionar, me adelanté: "Dígale usted al caudillo que ganaremos". Y así fue: 78-89 nada menos.
¿Quién ha sido el rival por excelencia del Madrid?
El Joventut que es mi segundo club a pesar de todas las broncas que vivimos en mi época. Un club y un rival ejemplar. El baloncesto español le debe muchísimo al Joventut de Badalona.
¿Y el Barça?
En mi época le dábamos tales palizas que su presidente Llaudet clausuró por unos años la sección para ahorrarse el bochorno.
Para salir de aquella crisis, el Barça llegó a hacerle una oferta.
Sí, su directivo de entonces, Ciurana. Le pregunté qué dinero me ofrecía, me dio una cifra y le dije si eso era al año o al mes. Me colgó el teléfono.
¡Qué poco sentido del humor!
¡Ja, ja!
¿Qué jugador quiso fichar y no pudo?
A Buscató, y lo intenté muchísimas veces. Cada vez que me acercaba a él, su club, el Joventut, le mejoraba el contrato. Ahora ficharía a Gasol, claro. Éste es lo más grande que ha dado el baloncesto español, el mejor sin comparación posible con ningún otro. Además tiene una personalidad exquisita y una forma de ser ejemplar. Es uno de los grandes ídolos españoles.
Usted conoció a todos los presidentes del Madrid desde Bernabéu. ¿Nos los fotografía?
Don Santiago fue el De Gaulle del fútbol. Creyó fanáticamente en la grandeur del Madrid y de un club normalito forjó la institución más prestigiosa del mundo. Y como ojeador de jugadores fue único. Y también tuvo ojo creando la sección de baloncesto que, ya digo, obtuvo tanta gloria como el fútbol. Bernabéu fue el artífice de este colosal monumento que es hoy el Madrid.
Raimundo Saporta.
El gran hallazgo de Bernabéu. Inteligente, sagaz, intuitivo y el hombre mejor informado en aquellos tiempos, le abrió camino a Bernabéu para la progresión internacional del club. Fue un habilísimo negociador, simpático hasta la seducción el baloncesto se lo debe todo. Nunca quiso ser presidente de nada pues, como decía, "la presidencia está donde yo esté". Y la única vez que aceptó la presidencia le costó la vida.
Luis de Carlos.
Lo traté poco pero fue un señor. Quizá demasiado señor. Tuvo que cubrir el enorme vacío que dejaron Bernabéu y Saporta y lo hizo con enorme dignidad.
Ramón Mendoza.
Un gourmet de la vida, el que mejor la entendió gozándola hasta la última gota. Fue el primero en tener la convicción de que era bueno intimar con los jugadores, especialmente con las figuras, y creer en ellos más que en cualquier colaborador. Nunca llamó a un amigo a través de su secretaria. "Soy Ramón", te anunciaba personalmente.
Lorenzo Sanz.
El presidente más humano que he conocido. La pérdida de las elecciones, voluntariamente anticipadas siendo campeón de Europa, es uno de los hechos más extraños en la historia del club.
Florentino Pérez.
Después de la gran revolución económica que supuso el reflote del club, éste y especialmente el equipo, se le fue de las manos, creó y adoró a unos monstruitos que le devoraron.
Ramón Calderón.
Para diferenciarse de otros ha depositado su confianza en sus colaboradores. Es el actual presidente y los socios debemos darle nuestra confianza, seguro que lo hará bien.
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Y usted, que también fue seleccionador nacional, ¿qué le parece esta polémica sobre selecciones españolas y autonómicas?
¡Por favor! No comento memeces.



