Mundobasket 2006 | Selección

¡¡A por ellos, oé!!

España sigue firme en su particular ruta del oro. Los hijos de Sabonis fueron aplastados por una España que parecía los mágicos Lakers de Johnson y Abdul Jabbar de los años 80. Argentina será la próxima víctima.

La afición española
Tomás Roncero
Nació en Villarrubia de los Ojos en 1965. Subdirector de AS, colaborador del Carrusel y El Larguero y tertuliano de El Chiringuito. Cubrió los Juegos de Barcelona 92 y Atlanta 96, y los Mundiales de Italia 90, EE UU 94 y Francia 98. Autor de cuatro libros: Quinta del Buitre, El Gran Partido, Hala Madrid y Eso no estaba en mi libro del Real Madrid.
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Madrugón. Dice el sabio refranero español que "A quién madruga Dios le ayuda". Por eso tuve buenas vibraciones desde que me despertó la alarma de mi móvil, que suena como si hubiese una amenaza nuclear. Legaña en mano, pasé revista telefónica a mi primo el Jaro, a mi hermana Amparo, a Pipo, al Chato, a Polín y al resto de la pandilla de locos del basket que nos criamos en los felices 80 con las machadas del Mundial de Colombia (¡inolvidable aquella victoria sobre Estados Unidos transmitida por la radio!), el Europeo de Francia o los Juegos Olímpicos de Los Angeles (con medalla de plata incluida). Todos estaban pegados al televisor y abducidos por esta España que sí ha sabido responder a las expectativas del pueblo.

Espíritu Montes. Tengo que romper una lanza a favor de Andrés Montes. Ya sé que tiene muchos detractores por su peculiar estilo para narrar los partidos por la pequeña pantalla, pero a mí me arranca una sonrisa tras otra. A medida que me entusiasmaba con las genialidades de Zipi y Zape (Sergio y Rudy), o de la pareja del año (Gasol & Navarro), se engrandecía la máxima existencial del locutor de La Sexta: "Amigos, la vida puede ser maravillosa". De hecho, lo es

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Hijos de Sabonis. Hubo un tiempo en el que Arvydas Sabonis nos recordó que en la extinta Unión Soviética existía un país llamado Lituania. Hizo famoso al campeón de esta república báltica, Zalguiris Kaunas, y así conocimos a jugadores de leyenda como Kurtinaitis, Homicius o Iovaisha. Sus hijos nos apartaron del oro del Eurobasket 2003 y con el artillero Macijauskas enfrente los más escépticos podían imaginar que la famosa maldición de los cuartos nos iba a dejar otra vez con la cara de lelos que siempre le queda a los derrotados. Pero cuando tu Selección es capaz de hacer un primer cuarto como si fuese una exhibición de los Harlem Globetrotters es mejor sonreír, asumir que España es un país de altura y que los tiempos de los complejos históricos y los victimismos han pasado a mejor vida. De hecho, Macijauskas se llevó un cero patatero que jamás olvidará. ¡Tiembla Argentina!

Olé Saitama. Cuando ya había engullido dos rebanadas bañadas en mantequilla y mermelada (¡vivan los gorditos!), miré a Pepu Hernández, que desde la banda del Saitama Arena animaba a Garbajosa para felicitarle por su buena defensa sobre los gemelos Lavrinovic. Dos años en la cárcel y su mirada de malotes de las películas de James Bond, el agente 007, hubieran acomplejado a cualquiera, pero Jorge necesitaba ese apoyo de su coach después de errar tropecientos triples. Así se hace piña y equipo. Pepu, usted sí que sabe. Y no me olvido de su tocayo Pepe (Sáez), que ha sabido conjugar su sangre extremeña (tierra de conquistadores) con su salero andaluz para entrar en el Comité Central de la FIBA. O sea, que manda, influye y se hace oír. Como España, que ya huele a final histórica con el LeBron Team. El domingo todos pasaremos por el aro. ¡A por ellos, oé!

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