Estados Unidos salva el honor por muy poco
El arbitraje perjudicó a Grecia

Ganó Estados Unidos y sus jugadores saltaron de alegría. No era arrogancia, ni siquiera una exhibición rutinaria. Parecía que era más que una victoria, como si en ganar ayer les fuese, por fin, algo importante en este mundo del basket tan inferior al suyo extraterrestre.
Más que disfrutar por la victoria lo de los estadounidenses era un alivio. Durante muchos minutos, muchos, lo vieron todo negro, y volver a perder más que humillante significaba comprar un billete de avión a un exilio obligado porque a la vuelta a la NBA a ver quién les iba a volver a mirar a la cara con una pizca de respeto sincero.
Se escapaba Estados Unidos, pero no sentenciaba. Grecia estaba allí, y volvía a la carga, y les pisaba los talones a los americanos con sus triples, con un Fotsis inconmensurable. No, estos profesionales ya no impresionan. En otros tiempos cuando cogían carrerilla el rival se entregaba, y acababan endosándole palizas de escándalo.
Eran otros tiempos, como en Barcelona, que los rivales del Dream Team salían a la cancha con cámaras de fotos para retratarse con sus ídolos aquel día rivales, o como en Atlanta, que se tonteaba en el uno contra uno, con sonrisitas complacientes de colegas y buen rollo.
Ahora no hay paz para los americanos. Y ayer lo sintieron con horror. Notaban una doble presión, la que les metía Grecia y la que les inflingen desde casa sus paisanos.
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Brown sudaba en el banquillo. Para un viejo del basket como él, lo que le está ocurriendo es una afrenta a su currículum. Mandó a lo suyos a pelear como posesos en el rebote ofensivo, a dejarse la vida saltando. Le hicieron caso. No puede pedirles más a chicos como LeBron James o Carmelo Anthony que algún día serán auténticas estrellas, pero que por ahora son proyectos que sufren lejos de casa y con responsabilidad que no pensaban.
Con Duncan eliminado, y pese a tener ocho puntos de renta, en un momento todo estaba otra vez por decidir. Para entonces Grecia sufría en sus carnes el arbitraje. Lo nunca visto, que el equipo anfitrión, ¡los griegos!, no tuviesen el favor arbitral. Por una vez los dos colegiados cerraron los ojos, y no quisieron ver más allá de lo obvio en la lucha por el balón.




