Estados Unidos toma aire contra el anfitrión
La selección NBA consiguió resarcirse de su derrota contra Puerto Rico pero sigue sin convencer. Esta vez los fallos del equipo griego facilitaron la tarea a Estados Unidos.

Los Estados Unidos parecen haber entendido el mensaje que les envió Puerto Rico, al menos lo bastante como para sortear un envenenado partido ante Grecia, el equipo anfitrión de los Juegos, al que rebasaron de manera muy apurada en un final apretado que, en estos instantes, sólo les vale para tomarse un respiro.
Enfrentarse a Grecia como equipo local nunca ha sido tarea fácil. Los griegos, en su casa y con su público, siempre constituyen un temible adversario. Juegan duro, disponen de hombres con calidad y de experiencia. Si a eso se le suma que ofician de anfitriones, son ambiciosos y los Estados Unidos han transformado a todas las selecciones olímpicas en hienas potenciales, cualquier puede imaginar lo que los norteamericanos van a tener que sudar cada noche si quieren poner los pies en el podio.
Los helenos temían pagar las consecuencias de lo sucedido frente a la selección puertorriqueña. Encontrarse al combinado de las barras y las estrellas dispuesto a triturarlos. Pues no, no les trituró. No supo o no pudo. A pesar de reflejar un deseo mucho mayor de jugar en equipo, y de que Allen Iverson, con un pulgar roto y todo, hizo nueve puntos en el primer cuarto, Grecia cerró el corte sin ningún hombre especialmente destacado, pero fuerte como bloque (18-17).
Esa misma tónica continuó hasta el descanso (37-31) y, al cabo de unos cuantos minutos de juego en el tercer cuarto, estalló por fin en lo que la grada esperaba: la remontada helena y la presión sobre los norteamericanos. Un parcial de 2-9 culminado por Demos Dikudis completó el escenario soñado por los de casa (39-40 m.23).
Los Estados Unidos, conforme a lo que han mostrado en su recorrido hasta Atenas, trataba de amedrentar con mates llenos de fuerza y plasticidad en los contraataques como señal de poderío físico. Sin embargo, el baloncesto es físico y muchas más cosas que, de momento, brillan por su ausencia en el vestuario estadounidense.
Tim Duncan, la reserva espiritual del 'equipo' dirigido por Larry Brown, salió a la arena para comandar un parcial de 12-0 (de 43-44 a 55-44 m.27) en un intento por devolver la tranquilidad a los suyos. El hizo su parte. Grecia la suya, que era seguir en la brecha, y ahí permaneció (57-53 m.30).
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Los norteamericanos entendieron la trascendencia del momento. Salieron al último cuarto mentalizados para ahuyentar fantasmas y contener el torrente griego. Iverson, Richard Jefferson, Amare Stoudamire, Lamar Odom y Carmelo Anthony creyeron en sus fuerzas. Los griegos, nuevamente, también.
La historia ya se ha escrito antes. La selección mediterránea iba a por todas. La estadounidense ya no sabe lo que quiere ni donde va a terminar todo esto (62-60 m.34). Entretanto, el jugador del Real Madrid Antonis Fotsis desplegaba el talento que lleva dentro (22 puntos en total). Pero Grecia flaqueó a la hora de la verdad. Mejor dicho, abrió huecos defensivos y tuvo mala fortuna en algunos lanzamientos y penetraciones. Justo la medicina que le hacía falta a los norteamericanos.



