Pau Gasol acomplejó al sparring brasileño
España no tuvo piedad ante un rival luchador pero vulgar

Cuarto partido, cuarta victoria. Esto marcha viento en popa, y hasta en un encuentro discreto y sin mayores complicaciones se avasalla a los rivales, como ayer. Eso sí, el Brasil que se presentó al partido no pinta nada en el concierto internacional ni siquiera aporta figuras que retener en la memoria, porque ni todos sus futboleros meten goles como Ronaldo o se se inventan regates como Romario, ni todos sus canasteros las enchufan como lo hiciese desde cualquier distancia el gran Óscar de los buenos tiempos.
Con todo, Brasil fue técnicamente en un buen sparring para trabajar el ataque, porque si bien se mostró ofensivamente limitado, puso interés en defensa: individual, variedad de zonas (con 1-3-1 incluida) y una tímida presión. Eso sí, acabó entregado, y cuando recibió seis triples consecutivos en el último tramo, tiró la toalla definitivamente pidiendo un final en paz lo más honroso posible.
¿Pero qué puede hacer un grupo discreto cuando Gasol está entonado? Poco, casi nada. El catalán intimidó en defensa y voló en ataque. Qué barbaridad. Y nunca dio la sensación de esforzarse, siempre con la sonrisa en la boca, al tran tran, sumando tapones, puntos, rebotes.
Para Mario Pesquera, el seleccionador, seguro que ayer, sin embargo, hubo momentos de turbación, porque en un partido tan decantado como éste es imperdonable que los que se van perfilando como suplentes no se aprovechen de sus minutos en la pista para reivindicar su calidad y un hueco en los partidos importantes.
Quizá por eso el propio entrenador prefirió tirarles de las orejas a los suyos, y con el choque decidido recuperase para los minutos finales del último cuarto a Gasol y a Navarro, que ya tenían la cabeza en la ducha.
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¿Qué ofrece de positivo el encuentro? Pues que España ya tiene ese ritmo con el que se gana sin necesidad de exhibiciones, quizá porque dispone de un Gasol que se eleva por encima de la normalidad y desde ahí mejora a los que le rodean. Todos juegan con él, y saben que es su ángel de la guardia cuando los exteriores no pueden con una penetración.
También sirvió el choque para que el quinteto titular y sus rotaciones se vayan aclarando, para que Cabezas tuviese su oportunidad de ganarse la confianza como segundo base en su pugna con Jaume Comas, que ayer, en el día de su treinta cumpleaños, fue el descarte para el compromiso.




