Mets de Nueva York: El desastre de los 370 millones que avergüenza a la MLB
Con la segunda nómina más robusta del beisbol, los Mets firman su peor abril en décadas y su temporada prende de un hilo


Nueva York es una ciudad que factura el aire antes de permitir que se respire. El privilegio de habitar sus calles tiene un costo que roza lo absurdo, desde los 150 dólares necesarios para un trayecto mundialista en tren hacia el MetLife Stadium hasta la paciencia inagotable de una afición que observa a los Knicks encender ilusiones tras medio siglo de escombros. Sin embargo, en el ecosistema de la decepción, nadie ostenta una corona tan pesada como los Mets.
La franquicia de Queens ha perfeccionado el ejercicio de la autodestrucción. Mientras los Yankees lidian con sus propios fantasmas, el equipo de Steve Cohen se hunde en una fosa que ni siquiera sus 371.7 millones de dólares de presupuesto en 2026, la segunda nómina de impuestos de lujo más alta del sistema, han podido rellenar. Poseer el récord de 7-15 tras 22 juegos sitúa a este grupo no sólo en el sótano de la Liga Nacional, sino en una categoría de humillación que desafía la lógica de los mercados. El dinero en Flushing es un combustible que, en lugar de propulsar el éxito, parece alimentar una fábrica de fracasos.
Mets con una ofensiva inofensiva
Abril suele ser el mes de las promesas, el tiempo donde el césped recién cortado sugiere que todo es posible. Para los Mets, es el escenario de una pesadilla estadística. Acumular once derrotas consecutivas es una marca que remite a los fantasmas de 2004, una época donde la abundancia de hoy era un sueño febril. La ineficacia es absoluta: un promedio de apenas 1.7 carreras por encuentro durante esta racha. Es el registro de un equipo que ha olvidado la mecánica fundamental del avance, situándose en el último peldaño de porcentaje de embasamiento y slugging.
Giants y Dodgers reavivan su intensa rivalidad
La cifra de 62 carreras recibidas contra 19 anotadas en este lapso es la radiografía de un colapso sistémico. Ni siquiera la inversión en nombres propios como Bo Bichette, cuyo promedio de .217 es un pálido reflejo de su salario de 42 millones de dólares anuales, ha logrado estabilizar el barco. El campocorto Francisco Lindor, atrapado en un promedio .205 que lastima la vista, personifica la paradoja de Steve Cohen. Se puede comprar el talento, pero es imposible adquirir el instinto de supervivencia cuando la presión de la Gran Manzana se vuelve asfixiante.
Un invierno de inversiones estériles
La directiva apostó por una reingeniería que prometía solidez. Adquirieron a Freddy Peralta, blindaron el bullpen y confiaron en que el núcleo existente, potenciado por la llegada de Juan Soto, sería suficiente para dominar el Este. La realidad es una bofetada de realidad médica y deportiva: Soto permanece en la congeladora desde el 3 de abril por una distensión en la pantorrilla, dejando un vacío que mil millones de dólares en contratos combinados no pueden llenar.
Mets are in the midst of their longest losing streak in 22 years pic.twitter.com/Lo14aBKnr8
— Talkin' Baseball (@TalkinBaseball_) April 19, 2026
David Stearns, presidente de operaciones, intenta sostener la narrativa de un Carlos Mendoza que “pone a los jugadores en posición de triunfar”, pero los resultados son la única métrica válida en un vestuario que presume ser uno de los más talentosos de la Gran Carpa. El problema es que el talento sin ejecución es solo una lista de compras cara. Desde junio de 2025, sólo equipos en reconstrucción total como los Twins y los Rockies han tenido un desempeño inferior al de los Mets, con la diferencia de que la nómina de Queens supera a la de ambos combinados por 120 millones de dólares. Es la inflación del error elevada a potencia máxima.
El silencio de los brotes verdes
Steve Cohen, usualmente vocal, se limita ahora a buscar “brotes verdes” en redes sociales tras derrotas que se sienten como precios de 150 dólares por un viaje en tren. Las estadísticas están en contra de los Mets ya que ningún equipo en la era moderna ha alcanzado la postemporada tras perder 12 juegos seguidos. El martes, ante Minnesota, los Mets jugarán contra sus propios demonios y contra una estadística que amenaza con clausurar la campaña antes de que llegue mayo.
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La crisis trasciende el diamante; se convertirá en el argumento perfecto para quienes sostienen que el gasto desenfrenado no es garantía de gloria. Los nuevos Mets, envueltos en sedas de lujo y contratos diferidos, guardan un parecido aterrador con las versiones más grises de su pasado. El equipo es, hoy por hoy, un recordatorio de que en Nueva York todo tiene un precio exorbitante, incluso la derrota más absoluta.
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