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La dueña de un supermercado intenta denunciar un robo y se encuentra con esta sorpresa: “No me podían atender”

La comerciante cuenta el intento de asalto en su tienda y la odisea que vivió para poder presentar la denuncia.

La dueña de un supermercado intenta denunciar un robo y se encuentra con esta sorpresa: “No me podían atender”
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Un día que parecía normal para la dueña de un supermercado, cambió nada más llegar al abrir la tienda. Justo al llegar, algo le resultó extraño, el perfil metálico de la puerta sobresalía más de lo habitual y esa pequeña señal fue suficiente para ponerla en alerta. Al acercarse, encontró que la cerradura estaba forzada y que la puerta estaba medio abierta.

Por suerte, no habían conseguido entrar, pero la puerta estaba tan dañada que, según explica, habrían necesitado “un par de golpes más” para conseguirlo. No obstante, decidió revisar el interior, asegurarse de que todo estuviera bien y continuar como cada día con la apertura, aunque la sensación que tenía de vulnerabilidad no desapareció en ningún momento.

Preocupada porque esa misma noche pudieran terminar robando, se puso en contacto con su seguro para informar sobre lo ocurrido, pero le comunicaron que sin una denuncia no podía tramitar nada. También llamó a los Mossos d’Esquadra, que fueron hasta el establecimiento, revisaron los daños e hicieron fotografías. Sin embargo, le indicaron que debía acudir a una comisaría para formalizar la denuncia.

Una denuncia que no llegaba

El problema de ir a comisaría para denunciar era que solo atendían con cita previa, y la primera disponible era varios días después. Aun así, decidió acercarse a intentarlo. La respuesta fue la misma, incluso probando en otra dependencia: sin cita no podían atenderla. Tal y como resume en el video, “No me podían atender”, una frase que refleja su desesperación ante la falta de alternativas.

Mientras tanto, el cerrajero al que había acudido, le explicó que el arreglo no podía realizarlo en ese momento ya que necesitaba un carpintero metálico. Teniendo la puerta sin reparar y miedo a un nuevo intento de asalto, pudo reforzar desde dentro y colocar unos muebles que hacían tope.

Ya por la noche, regresó a comisaría y consiguió poner la denuncia, no sin antes pasar por una jornada agotadora tanto física como mentalmente. Más que los daños materiales, la comerciante lamenta la indefensión y se pregunta cómo puede haber personas que están dispuestas a perjudicar al pequeño comercio de barrio que tanto lucha cada día para salir adelante.

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