Anabel Moreno, trabajadora de hostelería: “Normalicemos que no siempre podemos dar un buen servicio”
Esta mujer utiliza su cuenta en TikTok para hacer una profunda reflexión sobre la la otra cara de la hostelería que no se ve desde la mesa.

En la hostelería basta con que un servicio falle para que todo se descontrole. Una realidad que ha querido exponer Anabel Moreno, trabajadora del sector, a través de su perfil en TikTok, haciendo una profunda reflexión sobre la cara menos visible de los bares y restaurantes: esa que no siempre sale bien, a pesar de que la intención sea impecable. “Normalicemos que siempre no podemos dar un buen servicio, aunque siempre sea esa la intención”, comienza diciendo.
En su relato, Anabel pone palabras a una experiencia que miles de camareros y cocineros conocen de sobra. El detonante de su vídeo no fue otro que lo sucedido el sábado en el local donde trabaja, una jornada de lo más complicada pese a estar preparados para el servicio ya que el engranaje dejó de funcionar como debía.
Ni falta de organización ni de ganas
Y es que el problema no fue la falta de organización ni de ganas, sino algo mucho más difícil de controlar: el tiempo. “Entre las mesas que se atrasaron y las que se adelantaron, vino todo el mundo al mismo tiempo”, explica. Un escenario que, en hostelería, suele marcar la diferencia entre una jornada fluida y una auténtica tormenta perfecta.
Cuando el ritmo se rompe, todo se acumula. Las comandas, los platos, los nervios. “Por más preparado que estés, hay veces que la situación se va de las manos”, reconoce Anabel. A partir de ahí, la cadena de pequeños incidentes se vuelve imparable: una bandeja que se vuelca en la cocina, un plato que se rompe en la barra, tickets colgando “hasta el suelo” y una sensación constante de no llegar a todo. “Aquello es que no paraba”, resume.
Desde fuera, el cliente ve una espera más larga de lo habitual. Desde dentro, el equipo vive una carrera contrarreloj en la que cada segundo cuenta. “Como todo en la vida, hay gente que lo entiende y gente que no”, señala Anabel. Para muchos trabajadores del sector, esa diferencia es determinante.
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El domingo, con “muchísima más gente”, el servicio funcionó. ¿La diferencia? La llegada escalonada de los clientes. “La gente empezó a venir poco a poco”, cuenta Anabel, demostrando que no siempre es una cuestión de volumen, sino de tiempos y de cómo estos impactan en la dinámica interna del local. “La intención es hacerlo siempre bien, que el cliente vuelva (...) No me vale hacer mucha caja para que luego el cliente, por tener un mal servicio, diga que no vuelve nunca“, concluye.
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