Acude a un restaurante con Estrella Michelin y se lleva una agradable sorpresa con el precio: “Podría perfectamente valer el doble”
El creador de contenido gastronómico ‘Cocituber’ ha visitado un restaurante madrileño con un menú de ocho pases que le ha dejado sin palabras.


La experiencia gastronómica de visitar un restaurante se realiza en dos tiempos: primero se encuentra la fase puramente culinaria en la que el cliente degusta los platos y, si quiere, el maridaje seleccionado; y, posteriormente, el instante en el que observa la factura. Bien es cierto que la calidad de una elaboración es la que uno prueba y percibe, pero nadie niega que el precio ayuda a redondear la opinión que uno tiene sobre el lugar. Y esto puede hacer que al levantarse de la mesa uno tenga una sonrisa de oreja a oreja o, por el contrario, un rebote de campeonato.
Fue el primer caso el de 'Cocituber’, creador de contenido gastronómico que, en un reciente vídeo, ha visitado SISAPO, un local ubicado en el céntrico barrio madrileño de Chamberí. Y, aunque el restaurante cuenta con una estrella Michelin —garantía de que es bueno—, su experiencia ha sido una de las mejores que recuerda en lo que a relación calidad-precio respeta.
“Como muchos días por 150 euros y bastante peor”
Se sentó en la mesa. “Menú degustación de estrella Michelin para todos los bolsillos. Ocho pases con el postre. Es que es muy barato. Esto se le va a poner... Madre mía, chaval”, dijo. Y ante él fueron desfilando los platos. “Me mola mucho porque el menú puedes ir viendo desde el móvil cómo lo preparan, que mola un montón”, indicó. Tras probar el aperitivo de pan con aceite, que fue “una alegría”, se puso manos a la obra.
Empezó con una viera flambeada con mango, jalapeño y salsa de miso yuzu, que tenía un “toquecillo tropical” y estaba “de locos, una maravilla”. Luego ser rindió en halagos ante la alcachofa de Tudela, coliflor y gambón al ajillo, acto que repitió con las croquetas tanto de wagyu con parmesano y membrillo como de choco con alioli y alga nori. Cuando llegó el arroz con salsa de carabinero se quedó sin palabras. “Nos estamos metiendo en otra liga, eh”, valoró.
El quinto pase fue un xiaomai de rabo de toro con huevo frito de codorniz, sinchi y pimienta de Timur. Y quiso ponerse serio. “Me está pareciendo un menú que podría perfectamente valer el doble. No es poco esto. He estado en restaurantes con estrella con un menú bastante más bajo que esto. Puede que sea el plato que más me ha gustado”, valoró, extendiendo su placer al tuétano y steak tartar que siguió. Y lo mismo con el magret de pato con peras al jengibre, crema de coliflor y tirabeques con sésamo. No le defraudó el postre, que fue una tarta de queso deconstruida con frutos del bosque, tomillo, limonero, albahaca y helado de violeta con mantequilla.
“Como muchos días por 100 o 150 euros, y como bastante peor”, sentenció, revelando que la fiesta tenía un precio de 65 euros con bebida aparte y con opción de maridaje por 25 euros más. Al salir enfocó la decoración e hizo de su valoración algo corto y al pie: “El restaurante es precioso, super acogedor y se come de cojones”.
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