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Moisés Laguardia: “Una cosa en la que podría mejorar ‘Pasapalabra’ es en la transparencia”

El exconcursante alfareño, que estuvo 245 programas, concede esta entrevista a AS donde habla sin tapujos de cómo vivió la experiencia.

Moisés Laguardia: “Una cosa en la que podría mejorar ‘Pasapalabra’ es en la transparencia”
Antena 3
Daniel Pérez G.
Redactor Tikitakas
Nació en Madrid en 1998. Licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la UC3M. Entró en Diario AS como becario de Actualidad en 2020, aunque también ha pasado por las secciones de Directos y Más Deporte cubriendo algún evento de ajedrez. Desde agosto de 2022 escribe en Tikitakas.
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Cuando Óscar Díaz desveló que Emil Fahrenkamp era el arquitecto que diseñó la villa Wenhold alemana, los focos apenas tardaron unos segundos en iluminarle. El confeti caía sobre su cabeza y, como quien no quiere la cosa, de repente tenía a su alrededor a Roberto Leal y a los invitados felicitándole por la hazaña de conseguir completar el rosco y llevarse un bote de 1.816.000 euros.

Esta es una historia de éxito y dedicación, pero no de Óscar. En la sombra, en un segundo plano, estaba Moisés Laguardia. El alfareño se despedía así de ‘Pasapalabra’ tras 245 programas y con 162.000 euros conseguidos. Horas y horas invertidas de mucho trabajo para conseguir un premio que nunca logró, aunque eso no le impidió convertirse en uno de los concursantes más queridos del programa.

Hace más de un año desde que se acabó tu etapa en ’Pasapalabra’. ¿Cómo te ha tratado la vida desde entonces?

Muy bien. Volví al pueblo, vida tranquila, sigo trabajando de contable y con mis amigos. Retomé el ajedrez, que he vuelto a competir y este año hemos sido campeones de la Primera División de Navarra por equipos con mi club, el Santa Ana Siglo XXI de Tudela. Y, desde julio, soy secretario del Club Deportivo Alfaro de Segunda RFEF. Me llamaron en verano porque necesitaban ayuda en el club y vi que podía aportar, así que estoy llevando las cuentas, entretenido y motivado, aunque deportivamente mal porque vamos últimos. Pero bueno, somos uno de los presupuestos más humildes de la categoría y todavía estamos a tiempo de remontar el vuelo.

Debe ser complicado participar en ‘Pasapalabra’ mientras trabajas.

Soy un caso atípico, sobre todo de lo que se ve desde que el programa volvió a Antena 3. Es muy extraño trabajar por cuenta ajena y a la vez concursar durante tantísimos programas. Creo que solo Luis de Lama (84 entregas) y Nacho Mangut (138 en dos épocas), que eran guardia civil y profesor de universidad. En mi empresa se portaron muy bien y pude compaginarlo.

¿Cómo recuerdas aquel día que Óscar gana el bote?

No fue fácil, te quedas un poco en shock. Me queda en el recuerdo el agradecimiento de la gente del programa por cómo me lo tomé. Entre que se graban las llamadas telefónicas a los familiares y demás pasa bastante tiempo e igual te toca esperar en el plató unas horas que no son cómodas. Ha habido algún concursante que no se lo debió tomar tan bien. Pero bueno, hay que estar y que aplaudir, porque unas veces se gana y otras se pierde. Fue un poco sensación de final de exámenes. Yo estaba satisfecho con lo que había conseguido, estaba por encima de mis expectativas.

¿Qué hiciste después de salir de allí?

Volví a mi vida. Me acuerdo que me compré una Smart TV y me puse a ver los Play-Off de la NHL, que el hockey hielo es uno de mis deportes favoritos. Al terminar vuelves a tus rutinas. Orestes decía, y es verdad, que al salir pudo volver a consumir cultura sin necesidad de enfocarla a ‘Pasapalabra’. Cuando estás preparándote siempre estás alerta y te apuntas cualquier dato por si sale en el rosco.

Óscar me contó que tenías 24 de su rosco. ¿Te pasó alguna vez tener las 25?

Hubo un día que me pasó cuando tenía a Fer de rival. Además, me acuerdo de que se lo comenté, pero hubiese sido casi de chiripa. Le preguntaron por un arquitecto que era el que yo hubiese tirado, pero las otras 24 las tenía seguras. Pero bueno, es suerte pura. Óscar sí hubo una vez que tuvo 24 mías y la 25 la tenía apuntada, pero no sabía si la hubiera recordado en el plató.

¿’El Rosco’ se sortea?

No. Nosotros no vemos nada. Eso sí es una cosa que podría mejorar en ‘Pasapalabra’: la transparencia. Ahora con las tablets es mucho más opaco, porque los concursantes no vemos nada. Yo no digo que se haga, pero una tablet te permite hacer cambios en tiempo real. Yo optaría por volver a lo de antes. Lo ideal sería que los roscos salieran en sobres, con dos copias de cada una, que se sorteara y una copia fuera para el presentador y la otra permaneciera dentro del sobre para, al final del programa, entregársela a cada concursante. También lo haría en ‘La Silla Azul’, para que vieran que se han leído en el orden que aparecen. Creo que todo sería más transparente, más justo y evitaría suspicacias en las redes sociales.

Fue llamativo y dio mucho de qué hablar, antes de que tú concursaras, que Rafa Castaño consiguiera el bote del tirón. Él era mucho más reposado que Orestes, que sí era explosividad pura. ¿Entiendes que hubiera sospechas en las redes sociales?

Eso tiene una explicación. En ‘Pasapalabra’ no hay tongo de chivar respuestas, ni mucho menos. Pero hay concursantes que sabemos normalmente cuándo los roscos están abiertos o cerrados. Los cerrados son los más habituales y aparecen cuando el programa no quiere dar el bote. En esas pruebas, las preguntas de fuera de diccionario son imposibles. En el caso de Rafa y Orestes, cuando su bote ya era el más alto de la historia, los roscos empezaron a ser más abiertos, con las preguntas fuera de diccionario más accesibles teniendo en cuenta su elevadísima preparación, aunque seguían teniendo una complicación enorme. Los dos tenían muy trabajado el ‘Pequeño Larousse Ilustrado’, que es un libro gordo que es fuente del programa, pero que te lo puedes preparar. Si te salen las dos preguntas de ese libro, las otras 23 están en el diccionario, por lo que todo se restringe a una oposición de tres tomos y ya no es tan complicado. Los dos eran conscientes de ello, por lo que Rafa ese día, cuando acertó al rey visigodo Égica, se debió dar cuenta de que era un rosco abierto. Por eso no pasó palabra, porque eso podía implicar que Orestes (que sabía las 25 de Rafa) se llevara el bote. Nunca pudimos escuchar el rosco de Orestes, pero seguramente los dos cerrojos estuvieran también en ese libro. Así lo veo yo desde fuera.

Cuando estaba ya el bote tan alto me daba vértigo ganarlo. No necesitaba tanto dinero, al menos en este momento de mi vida, y me podía traer más preocupaciones que beneficios.

Moisés Laguardia

¿Sentiste algo similar cuando estabas tú con Óscar?

No. Nuestros roscos estaban claramente cerrados. Es cierto que él sacó una que era del mismo Larousse, aunque era la novena vez que preguntaban por una organización territorial de Ecuador, mientras a mí me pusieron una ciudad de Egipto que no estaba en el Larousse. Yo intuí que el programa quería que Óscar llegara a 24 aciertos, porque en 150 programas no lo había hecho nunca y empezaba a haber suspicacias. Creo que el bote estaba cerrado y que fue error de los guionistas, que no se esperaban que acertara el arquitecto.

¿Significa eso que los guionistas con las preguntas intentan acercarte a 23, 24 o 25, según les interese para el programa?

Puede ser. En mi experiencia propia, porque de los roscos de los rivales no me acuerdo, pero de los míos sí, veía que una vez al mes se rebajaba un poco el listón y podía hacer 24. Si ves mi estadística, me sale un rosco de 24 al mes. Había pocas oportunidades, es como un tren que luego ya no pasa. Lo normal es que sea muy difícil pasar de 23. Tanto Óscar como yo le habíamos metido muchas horas y creo que los guionistas nos temían y, por eso, el listón estaba muy alto. Los guionistas, especialmente su jefe que es Borja Pérez, son tan buenos que es casi imposible ganarlos. Él se puso al frente del equipo de guionistas como coordinador en 2018 y empieza a generar un modelo de roscos cada vez más complicado hasta el punto de que genera un punto de inflexión en el concurso, porque consiguen subir el nivel y, encima, que sean pruebas equilibradas. En mi opinión, el verdadero secreto de ‘Pasapalabra’ no somos ni los concursantes ni Roberto Leal, es Borja que es muy bueno.

¿Piensas que os tienen estudiados?

Nos tienen muy estudiados y saben de qué controlamos y de qué no. Sabían que Rafa y Orestes tenían muy trabajado el Pequeño Larousse Ilustrado, en el caso de Pablo Díaz, el primer bote de Antena 3, él era buenísimo en presidentes de países y en geografía sudamericana. Se llevó el bote con un presidente de Estonia y una provincia de Colombia, lo cual no quita que siga teniendo una complejidad enorme porque es imposible saberse todos los presidentes de la historia. Yo demostré que me había estudiado medallistas olímpicos, que solían caer, como poco, una vez cada dos meses. Me preguntaron por una lanzadora de disco medallista en 1956, acerté y no volvieron a caer. La siguiente le cayó a Óscar, que fue el oro de disco en Seúl 1988. Óscar no la supo, pero yo estaba con la mano levantada pidiendo decirla. Ellos ya sabían que yo lo tenía muy trabajado ese tema.

En tu caso, ya habías participado en ‘Pasapalabra’ anteriormente.

Era la tercera, además de un especial contra Pablo Díaz y unas repescas veraniegas. ‘Pasapalabra’ es una carrera de fondo. Cuando me empecé a preparar era más fácil porque no había silla azul, había más rotación de concursantes. Si hacías un buen casting tenías casi garantizado ir, y si encima hacías buen programa entrabas en la familia. Ahora es diferente, la rotación de concursantes es menor y no tienes garantías de que te llamen.

¿Tú pasaste un casting o te llamaron ellos?

La primera vez fui a la FNAC a Madrid en julio y me llamaron en diciembre. Con el cambio de Telecinco a Antena 3 no me acuerdo exactamente como fue. Creo que había un formulario para inscribirse y que a los que destacamos en Telecinco nos hicieron un casting telefónico durante la pandemia. Tanto Pablo Díaz como yo hicimos 24 aciertos y a él le llamaron, pero a mí tardaron años después.

La de gente que tendrán en la cola.

Muchísimos. Ahora creo que ha habido un cambio en la estrategia del programa. La audiencia experimentó algo de rechazo por los rostros conocidos y ahora siento que hay más un plan de concursantes nuevos que se mantengan en el tiempo. Tras el bote de Óscar no se llamó ni a Jero ni a Luis de Lama, que podían haber sido repescables, tal vez por eso. Yo entiendo que a la gente le canse ver siempre a los mismos, porque al final a los concursantes se les selecciona a dedo y eso genera rechazo. Por eso, ahora están apostando por gente nueva y tanto Manu como Rosa son gente joven y que empastan bien. Están dando audiencia. Al final, los que saben de televisión son los que deciden estas cosas.

Lo ideal sería que los roscos salieran en sobres, con dos copias de cada una, que se sorteara y una copia fuera para el presentador y la otra permaneciera dentro del sobre para, al final del programa, entregársela a cada concursante.

Moisés Laguardia

¿Tienes previsto presentarte a algún otro concurso a corto plazo?

Ahora mismo la verdad que no lo sé. ‘Pasapalabra’ por lo que te he dicho tengo pocas esperanzas. Yo seguí preparándome aún después de acabar por si me llamaban para algún especial de campeones, cuando se acercaban Navidades apretaba más porque me hacía ilusión, pero no se ha dado. Me gustaría volver a ‘Cifras y Letras’, que fue mi primer concurso y sin el que no hubiera ido a ‘Pasapalabra’. Siempre me ha hecho mucha gracia desde niño y lo tengo en mente, aunque luego hay que hacer el casting y que te llamen. De momento no me he lanzado, porque después de un año en ‘Pasapalabra’ acabé cansado. Supongo que el gusanillo de concursar volverá, pero ahora mismo no lo echo de menos.

¿Cómo era tu rutina de estudiar?

Yo me empecé a preparar en 2013, entonces he hecho todo de una manera más sana y sin atracones. Cuando me llamaron ya tenía una base muy importante que me permitía no tener que ver roscos antiguos como loco. Dedicaba 2 o 3 horas al día de repaso, miraba posibles preguntas y poco más. Yo iba los domingos por la tarde a Madrid y aprovechaba para estudiar en el tren. Lunes y martes grabábamos, el martes volvía en tren y también estudiaba. El miércoles volvía al trabajo, salía a las 18 y ya no tenía ganas de estudiar y descansaba. Los sábados aprovechaba un poco más. En la pandemia, ‘Pasapalabra’ me vino muy bien para desconectar de todo porque fueron épocas malas. Yo no lo pasé bien, tuve un brote de dermatitis y me vino bien estudiar para desconectar. Esa época fue donde más nivel subí. Luego es mantener y repasar con la aplicación ‘Anki’, donde cada concursante tiene su base de datos.

¿Qué tiene que tener un concursante para estar mucho tiempo en ‘Pasapalabra’?

Creo que ser joven. No me gusta el edadismo, pero es la realidad. Yo no sé de televisión, pero veo patrones. Teniendo en cuenta la edad estimada del público que lo ve, que esté su “nieto favorito” está mejor visto a que esté un señor con malas pulgas. Es importante ser televisivo, tener soltura ante las cámaras y ser natural. Y, evidentemente, creo que es muy complicado optar al bote si empiezas de cero y trabajas. Es una locura planteárselo como si fuera una oposición y, encima, desanima, porque el nivel es altísimo. Con el tiempo, me he dado cuenta de que el listón de dificultad se adecúa a los conocimientos del mejor concursante, porque tanto el Rosco como la Silla Azul son equitativos. Sería interesante que, además de que todo en la Silla Azul fuera por escrito con copia para el concursante, se indicara la puntuación obtenida en el rosco oral del casting por parte del aspirante. Así sabríamos el nivel de las personas que están llamando.

Después de todo este tiempo, ¿sientes que ha merecido la pena todo el estudio y el tiempo invertido?

Sí, claro que ha merecido la pena. Siempre lo he enfocado como un hobby y me he entretenido mucho. No lo interpreto como un trabajo, es como cuando estudio ajedrez. Además, hacer felices a los de a tu alrededor y a mucha gente también recompensa. Y no me he ido con las manos vacías. Es más, te he de confesar que cuando estaba ya el bote tan alto me daba vértigo ganarlo. No necesitaba tanto dinero, al menos en este momento de mi vida, y me podía traer más preocupaciones que beneficios. Y soy de los que piensa que las cosas pasan por algo. De momento no me ha ido mal estos años. En mi anterior participación en 2018 estuve muy cerca de ganar el bote. De haberlo logrado no hubiese tenido esta repesca en 2023 donde tanto he disfrutado. Sé que resulta paradójico y habrá quien me llame iluso, pero a veces se gana más perdiendo.

Tanda de penaltis

¿Sigues viendo ‘Pasapalabra’? De vez en cuando.

¿Quién crees que va a ganar, Manu o Rosa? Creo que Rosa.

Si tuvieras que formar un equipo con los dos famosos que más te han gustado, ¿quiénes serían? Me quedaría con muchos, pero por haber coincido con ellos en más ocasiones, Nerea Garmendia y Luis Larrodera, que encima es de Zaragoza, donde yo nací.

¿Qué letra no elegirías nunca en la Silla Azul? La A.

Una prueba de ‘Pasapalabra’. La Sopa de Letras, aunque la quitaron a mitad de temporada. Se me daba muy bien, espero no haber tenido nada que ver con su adiós.

Tu palabra favorita. Por su significado, conticinio. Por cómo suena, nefelibata.

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Un concursante con el que tengas buena sintonía. Me da pena tener que decir solo uno porque tengo muy buenos compañeros y amigos. Pero, si me tengo que quedar solo con uno, con Fer Castro.

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