El infierno de la presentadora Sol Villanueva por su enfermedad: “Estuve cinco meses sin hablar”
La que fuera presentadora de informativos en Mediaset ha contado en ‘Fiesta’ cómo ha hecho frente al síndrome de Guillain-Barré.


Por la televisión han pasado multitud de celebridades que han adquirido gran relevancia en el mundillo gracias a su buen hacer, como lo hizo Sol Villanueva, que fue una de las presentadoras más famosas de los informativos de Mediaset.
Una celebridad que, por desgracia, tuvo que dejar atrás la pequeña pantalla hace ya seis años por el síndrome de Guillain-Barré. Una enfermedad que cambió sus planes de vida, y es que estuvo 16 meses ingresada en el Hospital de Parapléjicos de Toledo, donde se fue recuperando poco a poco.
Después, escribió un libro para contar cómo vivió su proceso, y este fin de semana ha vuelto a hablar de este episodio de su vida en ‘Fiesta’, señalando que su enfermedad es un trastorno neurológico raro y grave que provoca debilidad muscular progresiva, y que puede llegar a la parálisis.
“Es una enfermedad rara porque le ocurre a poca gente, aunque sí que ha aumentado desde la pandemia. Por los síntomas es difícil de detectar”, comenzaba explicando en su entrevista en Telecinco.
Y es que llegó el momento en el que no podía moverse: “Una mañana no me podía ni levantar. Ahí ya sabes que no se puede parar y te ataca. No podía moverme y me ingresaron en la UCI. Mi movilidad era el dedo gordo del pie. A mí me afectó a la cara y completamente a todo el cuerpo”
Sol estuvo en la UCI de un centro hospitalario en Riad durante un mes y medio, hasta que al fin le trasladaron a Toledo. Un cambio que ella denominaba como “muerte y resurrección”: “Pedí que me quitaran la televisión, porque yo estaba con mi guerra. En Riad pensaba que si me dejaban allí no salía, sentía esa cama de la UCI como mi tumba, pero, tras el traslado, siempre tuve la seguridad de que me curaba”.
Aunque después matizaba sus propias palabras: “Cura no sé si es la palabra correcta, porque el único tratamiento que hay es el de estimular el sistema inmunitario para que tu cuerpo se recupere. La suerte es que no te dé en todo el cuerpo”.
“Suena a tópico, pero si pierdes la actitud positiva y la esperanza, no hay nada que hacer. Pasé cinco meses sin hablar. La rehabilitación fue muy dura”, ha añadido.
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Por último, ha querido recordar el día en el que pudo caminar: “Estuve desde febrero en Toledo. Cuando llega el verano, me levanta un celador de la siesta y me pone de pie, con mi silla de ruedas detrás, y no me lo creía. Cuando me di cuenta de eso, estuvo llorando minutos y minutos”.
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