Psicología

Teresa Herrero, coach: “La soltería no duele por sí misma”

La experta en desarrollo personal y gestión emocional explica cómo vivir el mes de febrero sin dramas ni presión social por San Valentín.

Teresa Herrero, coach: “La soltería no duele por sí misma”
Marta Rodríguez Peleteiro
Su trayectoria en Prisa comenzó en AS, en 2006, en la sección de Cierre. Posteriormente asumió la coordinación de la revista AS Color y la redacción de los blogs Match Point y Erratas de Campo. En 2017 pasó a formar parte de PrisaNoticias, en el control de producción de El País y AS, y volvió a AS a finales de 2022, como redactora de Tikitakas.
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Cada febrero, mientras el mundo se llena de corazones, cenas románticas y mensajes de “feliz San Valentín”, muchas personas solteras viven una mezcla incómoda de humor forzado, presión social y comparaciones silenciosas. Lo que empezó como una celebración alternativa —San Solterínse ha convertido, en algunos casos, en una forma de reírse…, pero sin pararse a mirar del todo lo que duele.

Porque no, el malestar no viene de estar soltero. Viene de cómo se nos ha enseñado a vivirlo. Según la coach de desarrollo personal y gestión emocional Teresa Herrero, “la soltería no duele por sí misma. Lo que pesa es todo lo que decimos y pensamos: la idea de que es una etapa incompleta, provisional o que hay algo que arreglar”. Y añade: “San Solterín puede ser una oportunidad estupenda para revisar cómo nos tratamos cuando no encajamos en el guion esperado”.

Detonantes emocionales

Antes de hablar de celebración, conviene entender qué es lo que realmente se activa estos días. Porque muchas veces no es tristeza, es comparación, expectativa y autoexigencia. “Durante estos días, la narrativa dominante es muy clara: estar en pareja equivale a estar mejor. El problema no es ver parejas. El problema es compararte sin contexto. Comparas tu realidad completa (con tus dudas, tus procesos y tus silencios) con escenas editadas y momentos puntuales de otros. Y desde ahí, es fácil concluir que vas tarde, que algo falla o que te falta algo, aunque no sea así”, explica la experta, quien apunta que hay que recordar que no se están comparando realidades, sino escenas editadas.

Asimismo, el humor puede ser un gran aliado, o una forma muy eficaz de no mirar lo que duele. “Muchas personas utilizan la ironía para protegerse del juicio externo y, a veces, del propio. El problema aparece cuando el humor se convierte en una armadura permanente que no deja espacio a la ambivalencia. Porque se puede estar bien y a ratos echar algo de menos. Y eso no te hace incoherente. El humor suma cuando es elección, no cuando es obligación. Permitirte sentir matices —sin dramatizar— también es madurez emocional”, añade.

Además, muchas personas acaban interiorizando la presión externa y preguntándose si realmente están donde deberían. Teresa Herrero lo resume así: “No todo comentario merece respuesta. A veces, el límite más sano es no explicar nada. Hay que diferenciar entre lo que otros proyectan sobre ti y lo que tú deseas de verdad. No todo lo que incomoda necesita ser debatido”.

Por otro lado, recomienda no vivir la soltería como una sala de espera: “Como si la vida empezara cuando llega alguien. Como si este momento fuera un mientras tanto. Como si todo lo importante estuviera en pausa. Esta mirada genera una sensación constante de provisionalidad: planes que no se hacen, decisiones que se postergan, disfrutes que se minimizan por si acaso. Tu vida no está en pausa. Está ocurriendo ahora. Y lo que no se vive hoy no se recupera mañana por estar en pareja”.

Y no confundir deseo con carencia: “Querer compartir la vida con alguien no significa estar incompleto. Pero muchas personas viven ese deseo con culpa o con una sensación de déficit personal. El mensaje implícito suele ser: ‘Si lo deseas es porque te falta algo’. Y no es así. Desear vínculo no invalida tu valor ni tu momento actual. El deseo habla de apertura, no de insuficiencia. La carencia aparece cuando te dices que no eres suficiente tal y como estás”.

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“Más allá del sarcasmo y las copas improvisadas, San Solterín puede convertirse en una fecha para revisar algo importante: ¿desde dónde estoy viviendo mi soltería? Desde la carencia, la comparación o la prisa…, o desde la elección, el cuidado y la coherencia con quién soy ahora. La soltería no es un problema que resolver, sino un estado vital que también merece respeto. Cuando dejamos de vivirla como una falta, empezamos a vivirla con más libertad”, concluye Herrero.

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